Londres, 15/06/24 (Más / IA).- Casi 30 años después de que las naciones acordaran eliminar gradualmente los hidroclorofluorocarbonos (HCFC), gases nocivos que agotan la capa de ozono y contribuyen al calentamiento global, los investigadores detectaron una caída significativa en los niveles atmosféricos.
Esta disminución de estos químicos que se usaban ampliamente en sistemas de aire acondicionado y refrigeración representa un hito importante en la lucha por preservar la capa de ozono.
Los científicos observaron las concentraciones globales de HCFC alcanzaron su punto máximo en 2021.
Desde entonces, el potencial de agotamiento del ozono de los HCFC en la atmósfera ha disminuido aproximadamente tres cuartos de punto porcentual, según un estudio publicado en la revista Nature Climate Change.
A pesar de que el declive es pequeño llega antes de lo esperado y constituye un avance significativo en los esfuerzos internacionales por proteger la estratosfera de la Tierra, que bloquea la peligrosa radiación ultravioleta.
“Esta es una historia de éxito notable que muestra cómo las políticas globales están protegiendo el planeta”, afirmó Veerabhadran Ramanathan, científico climático de la Universidad de California en San Diego y la Universidad de Cornell.
Hace poco más de 50 años, los investigadores descubrieron un agujero en la capa de ozono sobre la Antártida, que permitía la entrada de radiación ultravioleta dañina a la superficie terrestre.
Los principales responsables fueron los clorofluorocarbonos (CFC), que podían destruir miles de moléculas de ozono con un solo átomo de cloro y permanecer en la atmósfera durante siglos.
Este hallazgo llevó a la firma del Protocolo de Montreal en 1987, donde los países se comprometieron a eliminar gradualmente la producción de CFC. Desde 2010, la producción de CFC está prohibida a nivel mundial.
Sin embargo, los HCFC, que sustituyeron a los CFC, también tienen efectos perjudiciales, aunque en menor medida. El HCFC más común tiene aproximadamente 2 mil veces el potencial de captura de calor del dióxido de carbono en un periodo de 100 años. En 1992, las naciones acordaron abandonar también estos químicos.
“La transición ha sido bastante exitosa”, señaló Luke Western, investigador de la Universidad de Bristol y autor principal del estudio en Nature Climate Change.
Las Naciones Unidas estiman que el mundo ha reducido el 98 por ciento de las sustancias que agotan la capa de ozono producidas en 1990.
Las prohibiciones de fabricación tardan décadas en reflejarse en menores cantidades de HCFC en la atmósfera, pero la investigación de Western muestra que finalmente se ha alcanzado un punto de inflexión.
La contribución de los HCFC al cambio climático alcanzó un máximo de aproximadamente 0.05 grados Celsius, y se espera que su abundancia en la atmósfera regrese a los niveles de 1980 para el año 2080.
“Este hito es un testimonio del poder de la cooperación internacional”, expresó Avipsa Mahapatra, directora de la campaña climática de la Agencia de Investigación Ambiental.
El éxito del Protocolo de Montreal podría inspirar nuevos esfuerzos para frenar la contaminación que calienta el planeta. Mahapatra resaltó que el tratado es el único firmado por todos los países del mundo y ha ayudado a evitar millones de casos de cáncer de piel y hasta un grado Celsius de calentamiento.
No obstante, el trabajo no ha terminado. Los HCFC han sido reemplazados por los hidrofluorocarbonos (HFC), considerados “supercontaminantes climáticos”.
Aunque el Protocolo de Montreal se modificó en 2016 para reducir el uso de HFC, estos todavía se emplean en acondicionadores de aire, refrigeradores y aislamiento.
“En última instancia, la transición de los combustibles fósiles será mucho más compleja que frenar la producción de sustancias que agotan el ozono”, concluyó Western.

