La sal ha sido durante décadas una de las principales preocupaciones en materia de salud pública. Aunque las autoridades sanitarias recomiendan reducir su consumo, nuevas investigaciones sugieren que una dieta demasiado baja en sodio también podría ser perjudicial para la salud. De acuerdo con un artículo publicado por BBC Mundo, científicos han encontrado que un consumo moderado de sal —entre 3 y 6 gramos de sodio al día— podría ser más beneficioso que una ingesta baja o excesiva, al disminuir el riesgo de enfermedades cardíacas.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda un límite máximo de 2 g de sodio diarios, equivalente a 5 g de sal, mientras que en EE.UU. se sugiere un máximo de 2.3 g de sodio, alrededor de una cucharadita. Sin embargo, la población mundial consume casi el doble de lo recomendado. Y peor aún: la mayoría de esa sal no proviene del salero, sino de productos industrializados como panes, salsas, sopas, cereales, pizza y embutidos.
Esta complejidad se agrava porque las etiquetas nutricionales indican “sodio”, no “sal”, lo que confunde al consumidor promedio. Para ilustrar: 2,5 g de sal contienen aproximadamente 1 g de sodio, pero pocos lo saben.
Lo que sí sabemos: el exceso de sal eleva la presión arterial
La evidencia en contra del consumo elevado de sal es amplia y clara. El exceso de sodio provoca retención de agua, lo que eleva la presión arterial y, con el tiempo, puede causar hipertensión crónica, accidentes cerebrovasculares y enfermedades del corazón. Según la OMS, el 62% de los infartos cerebrales y el 49% de los eventos coronarios están relacionados con la presión arterial alta. Se estima que 1.89 millones de muertes al año se deben al exceso de sodio.
Un metaanálisis de 35 años reveló que añadir 5 g de sal al día eleva un 17% el riesgo cardiovascular total y un 23% el de accidente cerebrovascular.
Reducir sal sí mejora la salud… en la mayoría
Estudios epidemiológicos han mostrado que disminuir el consumo de sal tiene efectos positivos: en Inglaterra, una reducción de 1,4 g diarios se asoció a una caída del 42% en muertes por infarto cerebral y del 40% en muertes por enfermedades cardíacas. En Finlandia, la ingesta bajó de 12 g a 9 g entre 1970 y 2002, lo que coincidió con una reducción del 75-80% en muertes cardiovasculares.
Un estudio clínico de 2023 reveló que una dieta baja en sal por solo una semana redujo la presión arterial tanto como un fármaco antihipertensivo común.
¿Y si muy poca sal también es riesgosa?
Nuevos estudios sugieren que tanto el exceso como la deficiencia de sal podrían ser dañinos, formando una curva en forma de J o U. Un metaanálisis identificó riesgos aumentados en quienes consumen menos de 5.6 g o más de 12.5 g de sal por día.
Una investigación de 2020 encontró que restricciones estrictas de sodio empeoran la salud en pacientes con insuficiencia cardíaca, sobre todo en jóvenes y personas no blancas. Otro estudio con más de 170,000 personas halló que consumir menos de 7.5 g de sal al día se asocia con más riesgo cardiovascular, incluso en personas sin hipertensión.
Cada cuerpo reacciona distinto: genética, edad y estilo de vida importan
La sensibilidad individual a la sal varía por factores como etnia, edad, índice de masa corporal, salud general y antecedentes familiares. Algunas personas pueden experimentar hipertensión con pequeñas cantidades, mientras otras toleran más sin impacto.
Además, es difícil aislar los efectos del sodio, ya que quienes consumen menos sal tienden a tener hábitos más saludables en general. Esto complica los análisis de causalidad en estudios observacionales.
¿Qué hacemos mientras tanto? Conciencia y moderación
Expertos coinciden en que no se trata de eliminar la sal, sino de ser conscientes de su presencia oculta. Según Sara Stanner, de la Fundación Británica de Nutrición, la reformulación de alimentos procesados es la estrategia más efectiva, ya que gran parte de la sal proviene de productos industrializados.
Otros especialistas señalan que una dieta rica en potasio —frutas, verduras, lácteos y nueces— puede contrarrestar los efectos del sodio. El profesor Ceu Mateus, de la Universidad de Lancaster, aconseja enfocarse en educar al consumidor: “Debemos ser conscientes de que el exceso de sal es perjudicial, pero no debemos eliminarla por completo”.
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En México a la sal se le añadió yodo (hace años), para evitar un tipo de padecimiento; pero ahora hay tanta variedad de sales en el supermercado que ya no sabes cual elegir, pero ninguna contiene yodo.
Ya no es obligatorio agregar el yodo a la sal o la población en mexico ya no padece por la deficiencia de yodo??