CRISIS HUMANITARIA 

Por Horacio Cárdenas Zardoni

La semana pasada sucedieron muchas cosas importantes, aunque se podría alegar que lo mismo ocurre cada una de las semanas del año, pues los eventos humanos, salvo marcadas excepciones intencionales, no suelen esperar para acumularse en determinados momentos, en detrimento de otros, en los que aparentemente no sucede nada.

Llámele casualidad, aunque muchas personas opinan que estas no existen, ni por casualidad, el caso es que comenzamos a ver cómo se iba perfilando una avalancha de información, toda ella relacionada parcial o totalmente con el asunto, con el problema si prefiere decirlo así, de los migrantes. Una nota que nos pareció importante sobre el tema fue la aparecida en medios coahuilenses, según la cual la delegación en el estado de la Fiscalía General de la República habría logrado la condena a ocho años de prisión de dos sujetos por el delito de tráfico de personas, específicamente de migrantes.

El asunto es particularmente importante por varias razones, primero porque los hechos se sucedieron originalmente en Arteaga, municipio muy distante de la frontera, donde policías municipales detuvieron a los dos sentenciados, quienes transportaban a varias decenas de personas de origen centroamericano con rumbo a la frontera con los Estados Unidos. La detención ocurrió en agosto del año 2021, con lo que se puede decir que la justicia, si no fue pronta y expedita, no de durmió demasiado, dos años después, cumplidos, más un cachito, y está la sentencia, sobre la que pueden alegar y seguramente lo harán, que ya llevan una cuarta parte cumplida. Lo que llama la atención es que se procediera contra ellos, por lo general son pocos los casos de traficantes de personas que llegan a una condena, a lo mejor porque los detuvieron en flagrancia y ni modo, había que tramitar su caso. Esa fue una nota optimista.

Otra nota que fue más bien lo contrario, fue la aparecida en periódicos de la región norte, en la que se reseñaba que habían sido localizados los cuerpos de tres personas ejecutadas, sobre las márgenes del Río Bravo, aparentemente se trataba de polleros, gente dedicada al tráfico de personas, aunque la información preliminar no detallaba la causa de la muerte, sí se hablaba de huellas notorias de violencia, siendo la hipótesis  que se podría tratar de ajuste de cuentas entre bandas rivales de polleros, y es aquí donde nos quedamos, los que no andamos normalmente en ese medio, sorprendidos ¿ah, existen bandas, más de una, de gente dedicada al tráfico de personas, y además son rivales unas de otras?, las cosas de las que se va uno enterando.

Eso fue acompañado de la noticia de que en un solo día habían cruzado el Río Bravo cerca de dos mil personas… entre Piedras Negras, Coahuila, e Eagle Pass, Texas, situación que tenía prácticamente colapsada a esta última población. Bueno, eso fue el primer día…

Para el segundo ya se hablaba de cinco mil los migrantes con intención de cruzar la barrera natural que es el cauce del Bravo, que afortunadamente en esta época está muy bajo, pero que en otras ha ocasionado multitud de fallecimientos de mujeres, hombres y niños.

Luego de este último dato vinieron dos notas provenientes del otro lado de la frontera. La primera que el gobierno del estado de Texas estaba analizando las medidas que podía tomar para enfrentar lo que ya calificaban como una situación crítica, por lo pronto se hablaba de declarar un estado de emergencia. Y la otra, mucho más operativa y con bastante más impacto inmediato en la región, fue la orden de cerrar el Puente Internacional número 1 de Piedras Negras. Así de entrada, el primer día tras la medida se hablaba de una fila de diez kilómetros de vehículos esperando para poder cruzar, y se especulaba que el gobernador Greg Abbott pudiera revivir el decreto de revisar exhaustivamente todo vehículo de carga que ingresara al territorio norteamericano por el estado de Texas lo cual puede considerarse una medida más de presión que efectiva, pues los últimos aseguramientos de migrantes se han dado no en tráileres, de los que había varios por año hasta hace poco, sino nomás tocando suelo estadounidense, pues están cruzando a pie por el lecho semiseco del río.

Por si no fuera suficientemente compleja la situación. La empresa Ferromex, perteneciente a Grupo México, tomó la medida de suspender temporalmente el movimiento de sesenta de sus trenes, pues miles de migrantes los estaban abordando ilegalmente, con tal de que los acercara a la frontera. Esto, que recordemos, nunca había ocurrido. Migrantes siempre ha habido, que viajen de “mosca”, también, que algunos de ellos caigan a las vías donde son lesionados o muertos por las ruedas de acero, igual, ¿pero suspender el servicio alegando razones humanitarias?, eso jamás.

Desde luego las empresas que reciben mercancía del ferrocarril pusieron el grito en el cielo, y hasta el presidente de la república criticó a FERROMEX  y a su dueño, por pretender utilizar a los pobrecitos migrantes, esos que él festejó en su arenga del 15 de septiembre en el mismísimo grito de independencia.

Los viajes se reanudaron casi de inmediato, solo fue un paro momentáneo de actividades, que sin embargo dejó importantes gráficas, como las recogidas por los colegas de Monclova y la región centro, en las que mostraban un convoy detenido a la altura de Frontera, en cuyos techos viajaban cientos de personas, y muchas otras habían bajado a las vías, en espera que se reanudara el viaje. Por supuesto, ellos no sabían ni las decisiones de la empresa, ni el regaño presidencial, ni su protección pactada, que no es otra cosa más que dejarlos que sigan sin detenerlos, y que al llegar a la frontera, busquen y encuentren su destino, bueno o malo.

No puede decirse que sea la temporada, aunque quizá sí. El flujo de migrantes ilegales se da durante todo el año, aunque parece que estos meses ha crecido por sobre los promedios que se tenían.

A nadie le escala que el tema de migración es uno de responsabilidad federal, pero también es un hecho que la federación poco se ocupa de este tema, ni en lo económico, lo operacional, hasta los refugios temporales cerró, de seguridad, de sanidad, dejándolos a sus propios medios o a que los estados por donde pasan, se hagan cargo, claro, con sus propios medios.

Coahuila está en una situación crítica. Las ciudades de paso, ven pasar a miles de personas, quedarse a algunas decenas, pero el problema más apremiante se vive en la frontera, a donde llegan, desde donde quieren cruzar, y a donde son regresados por la autoridad norteamericana, sea que les de esperanza, o simplemente los repatría sin volverse a ocupar de ellos. Solo como referencia, Eagle Pass, con 30 mil habitantes, corre el riesgo, real por lo demás, de ver a más migrantes en sus calles, que los que en el pueblo habitan, al menos hasta que llegue el ejército norteamericano a poner algo de orden, medida que nadie desea, pero a la que están orillando, de ese momento a que los echen para acá, y el problema sea nuestro, no hay más que un paso.


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