Culiacán, Sinaloa, 11/06/2025 (Más) — Desde septiembre del 2024, Sinaloa vive una de las peores oleadas de violencia contra las corporaciones policiales de los últimos años. La escalada, detonada por una pugna interna del Cártel de Sinaloa, ha dejado al menos 37 policías asesinados, entre agentes municipales, estatales y federales, de acuerdo con datos de la Fiscalía General del Estado.
Los ataques se han perpetrado en diversas circunstancias: algunos agentes fueron asesinados mientras estaban en servicio, otros cuando se encontraban fuera de labores o incluso retirados. Esta violencia no distingue grados ni jurisdicciones; ha alcanzado tanto a mandos altos como a patrulleros de base.
La violencia comenzó en Culiacán
El primer caso se registró el 11 de septiembre de 2024, cuando Raúl Demetrio Herrera, alias El Brujo, exsubdirector de la Policía Municipal de Culiacán, fue asesinado en Las Tapias. Desde entonces, 36 uniformados más han sido ejecutados, excluyendo a elementos militares y de la Guardia Nacional.
En Mazatlán, entre septiembre y noviembre, cinco policías fueron asesinados, incluyendo a dos exsecretarios de Seguridad Pública y Tránsito. El 19 de septiembre, un comandante fue ejecutado dentro de su camioneta con más de 30 disparos.
Los exfuncionarios Simón Malpica Hernández y Juan Ramón Alfaro Gaxiola fueron asesinados el 9 y 24 de noviembre, respectivamente.
En Culiacán, el 22 de noviembre, hombres armados irrumpieron en una cafetería y asesinaron a Benjamín Villarreal Guerrero, exsubdirector municipal. Seis días después, Francisco Javier “N”, comandante de la Policía Estatal Preventiva, fue encontrado sin vida en La Costerita.
Navolato también sangra
El 28 de abril, Marco Antonio “N”, comandante de la Policía Municipal de Navolato, fue asesinado frente a su casa. En octubre, los oficiales Carmen e Iván Orlando fueron emboscados y asesinados mientras vigilaban un plantel educativo.
Entre septiembre de 2024 y junio de 2025, la Fiscalía registra 17 desapariciones de policías. De ellos, tres han sido localizados con vida, seis sin vida y ocho continúan desaparecidos. En varios casos, las desapariciones fueron violentas, como el del 21 de noviembre, cuando sujetos armados irrumpieron en una fiesta familiar y, tras asesinar al padre del oficial, se llevaron al agente y a su hermano.
El más reciente caso es el de Urías Hernández Pardiñas, policía municipal y exmando de San Ignacio, visto por última vez el 8 de junio en la colonia Labastida Ochoa.
El terror entra a casa
Numerosos ataques han ocurrido en los propios domicilios de los agentes. En Mazatlán, el 12 de noviembre, un policía fue ejecutado al llegar a su casa. En Navolato, el 8 de junio, un grupo armado asesinó a un oficial estatal y a su hermano dentro de su vivienda.
El 6 de diciembre, un convoy de policías estatales fue atacado cerca del aeropuerto de Culiacán; un agente murió y otros cuatro resultaron heridos. El 28 de febrero, tres policías municipales fueron reportados como desaparecidos en el sur de Culiacán y sus cuerpos fueron hallados días después con huellas de tortura en una brecha de Costa Rica.La violencia desatada desde la fractura interna del crimen organizado ha puesto a prueba la operatividad, moral y capacidad de respuesta de las corporaciones de seguridad en Sinaloa. Los asesinatos no sólo evidencian la brutalidad de los grupos armados, sino también la fragilidad del Estado frente al crimen.
Y mientras los números crecen, el miedo se infiltra en cada cuartel, cada patrulla y cada casa de un oficial que, en Sinaloa, también se convierte en objetivo.
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