Por Enrique Abasolo
No hay semana en que el acontecer nacional (y mundial, aunque en mucho menor medida) no me haga evocar al muy echado en falta Carlos Monsiváis.
“O ya no entiendo lo que estaba pasando, o ya pasó lo que estaba entendiendo”, parafraseo cada vez que la realidad me supera, sin importar de cuántas herramientas cognitivas o referenciales pueda yo echar mano.
Cuando el titular de la Sedena, Luis Crescencio Sandoval, se excusó de comparecer ante la Cámara de Diputados, pese a que la Ley lo obliga a presentarse tantas veces como se le solicite, la verdad es que no me sorprendí.
Tenía el General Sandoval que responder por el hackeo informático masivo perpetrado en agravio de la institución que encabeza y en perjuicio de la Seguridad Nacional.
Se suponía que no hay manera de excusarse de esta responsabilidad, sin embargo, el militar le pintó un “dedulce” a los “diputetos” y les dijo que si tenían alguna inquietud, con mucho gusto los recibía en su oficina para platicar con un cafecito.
Pese a que ello contraviene los reglamentos y protocolos (los secretarios de Estado deben presentarse en la Cámara Baja para solventar las dudas por su desempeño ante los que se supone son nuestros representantes), los legisladores le tomaron la palabra al militar y le dijeron: “¡Va! ¡Allá nos vemos, mi General! ¡Ponga el café que nosotros llevamos en una caja de Surtido Rico de Gamesa!”.
Pero creo que no pasaron 24 horas antes de que el General Sandoval reconsiderara y retirándoles la cortesía les canceló la “atenta invitación”, aduciendo que los diputados fueron muy groseros en las formas y que además estaba muy ocupado con todas las encomiendas que el Ejecutivo le ha delegado a las Fuerzas Armadas. Así que “¡A la vuelta, joven! ¡Ahí pa’la otra, lo vemos con más calma!”.
No hubo poder en el mundo capaz de hacer que el Secretario de la Sedena cumpliera con lo que marca la Ley, ni quien lo increpara por esto.
Y ya bajo tal antecedente, un mes después, la Presidenta de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, Rosario Piedra Ibarra, hizo lo propio con el requerimiento que le hizo el Congreso para presentarse también a comparecer.
Probablemente envalentonada por lo fácil que se eximió el militar, la titular de la CNDH les mandó decir a los “diputades” que “con la pena, pero ya la agenda de noviembre está abarrotada… a ver si en diciembre… aunque quién sabe, porque se vienen luego las posadas y el puente. Así que yo creo que en febrero lo platicamos”.
Como ya dije, no me sorprende en absoluto que la persona más poderosa del País, el general Sandoval, se dé el lujo de desdeñar a la Constitución y a las instituciones; como tampoco me asombra que la inexplicable presidenta de la CNDH, amparada ya bajo ese precedente, se sienta en posición de declinar, como si la hubieran invitado al Sanborns.
Mi azoro llegó días después, cuando, luego de la inevitable eliminación de la Selección Nacional en la primera ronda de la Copa Mundial de Catar, la Senadora por Morena, Bertha Caraveo, exigió la comparecencia de los presidentes de la Federación Mexicana de Futbol y de la Liga MX, Yon de Luisa y Mikel Arriola, argumentando que la Selección es motivo de interés nacional y dado que la corrupción y los conflictos de interés con las televisoras se han apoderado del futbol mexicano, cito (ahora sí textualmente): “hoy todos sufrimos las consecuencias”.
Circula un video en el que un muy enchilado connacional descarga su frustración contra la pantalla de televisión en la cual atestiguó en el infortunio futbolístico, agarrándola a chingazos hasta romperla.
Y yo creo que doña Bertha, experimentó una furia similar al sentir que ya bailaba las calmadas junto con el seleccionado nacional, mismo que según sus palabras considera patrimonio nacional (pese a que no lo es). Creo que ni “el Canelo” Álvarez fue tan ridículamente irascible y absurdo retando a Lionel Messi por “mancillar” una camiseta del tricolor, como la senadora morenista proponiendo este disparate, antes de indignarse por las omisiones del titular de Sedena o de la Presidenta de la CNDH ante el Congreso.
Y justo ahí fue cuando reviví la máxima de Monsi. Y ya no supe si voltear atrás para recuperar el hilo narrativo de los acontecimientos, o de plano saltarme todo y mirar hacia adelante para no perderme también el desenlace.
Como corolario, esta semana los abogados de la cantante Gloria De los Ángeles Treviño Ruiz, presentaron una demanda en contra de tres comunicadores, uno de ellos el noti-comediante José Manuel “Chumel” Torres quien, para mayores señas y pese a la irrelevancia de la que lo tildan sus malquerientes, no deja de ser citado -casi a diario- por el Presidente de la República como líder de opinión de la oposición y “presidenciable” en tono de sorna.
Torres reiteradamente ha recordado el pasado criminal que se le imputa a la cantante y al clan que, en complicidad con Sergio Andrade, se dedicaba a la trata y explotación de menores,
Pese a este turbulento historial, las televisoras e incluso algunas instituciones públicas como el DIF Nuevo León de Mariana Rodríguez, han abrazado a Gloria Trevi como invitada de honor en eventos ¡infantiles! ¡Hágame el Ch. F!
Y ahora, por presunto daño moral, Trevi y abogados, han emprendido batalla legal en contra de “Chumel” por señalarle algo que es tan simple, claro y resplandeciente como el mediodía: sus años al frente de una banda criminal que -¡Hello!- lleva incluso su nombre. ¡El Clan Trevi-Andrade!
Y ello inevitablemente me hizo recordar a aquel ilustre profesor coahuilense que, luego de bailarnos con las finanzas del Estado y con lo que nos quedaba de decoro, decencia y dignidad en el plano institucional, se ardía cada vez que un periodista lo incriminaba, pese a la sobrada evidencia que lo coloca como el ente más corrupto que jamás haya sido parido en esta tierra.
Dicho docente, igual que la Trevi pero más diva, no tuvo empachos en interponer denuncias por “daño moral” y plañir que estaban “manchando su honor”.
¿La Trevi y el Humberto en plan de “vístimas”, exigiendo ante la autoridad ser resarcidos por un supuesto daño a una todavía más supuesta moral?
Lo dicho, o ya no entendí lo que estaba pasando, o de plano ya pasó lo que estaba entendiendo.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
