Ciudad de México, 02/12/25 (Más).- Los servicios médicos de Petróleos Mexicanos (Pemex) se encuentran al borde del colapso.
Lo que durante décadas fue uno de los sistemas de salud laboral más robustos del país, hoy opera entre la precariedad, la saturación y el abandono institucional, afectando a cientos de miles de trabajadores, jubilados y sus familias que dependen de la atención médica brindada por la paraestatal.
Una investigación del portal Animal Político revela que clínicas y hospitales de Pemex, distribuidos en distintas regiones del país, atraviesan una crisis profunda caracterizada por la falta de especialistas, la escasez de medicamentos e insumos, la suspensión de cirugías y tratamientos, y listas de espera que pueden extenderse por meses, incluso para procedimientos urgentes.
En regiones clave como Tabasco, Veracruz, Campeche, Hidalgo y la Ciudad de México, trabajadores activos y jubilados han documentado cómo la atención médica se ha vuelto inoperante.
Los hospitales generales de Pemex –como el ubicado en Villahermosa o el Hospital Central Sur en Picacho, Ciudad de México– enfrentan una sobrecarga de pacientes, plantillas médicas incompletas, equipo médico obsoleto o fuera de servicio y falta de personal de enfermería, lo que ha obligado a muchas personas a recurrir a servicios particulares para obtener la atención que Pemex debería garantizar.
La situación se agrava debido a que, a pesar del deterioro, Pemex sigue descontando aportaciones para el servicio médico directamente del salario de sus trabajadores y de las pensiones de sus jubilados. Sin embargo, ese recurso no se traduce en una mejora o mantenimiento adecuado de la infraestructura ni en una respuesta efectiva a las crecientes necesidades médicas de su población derechohabiente, estimada en más de 750 mil personas.

Uno de los casos emblemáticos documentados es el de pacientes que esperan más de seis meses para una consulta con un oncólogo o para una intervención quirúrgica menor.
En otros hospitales se han suspendido áreas completas, como ginecología o traumatología, por falta de personal o de materiales quirúrgicos.
El personal médico también ha comenzado a alzar la voz. En entrevistas anónimas, médicos y enfermeros denuncian que se les obliga a atender a decenas de pacientes por turno sin los insumos mínimos, en condiciones que comprometen la seguridad tanto de los pacientes como de los trabajadores de la salud.
Durante la pandemia de covid-19, el sistema médico de Pemex ya había dado señales de agotamiento, con una alta tasa de mortalidad entre su personal y derechohabientes por falta de atención adecuada. No obstante, en lugar de reforzar la infraestructura o ampliar la plantilla médica, la empresa optó por mantener una política de austeridad interna que ha profundizado el desgaste del sistema de salud.
La situación también ha impactado emocional y económicamente a las familias. Muchos jubilados denuncian que, tras 30 o 40 años de trabajo en Pemex, deben pagar consultas privadas o medicamentos que deberían recibir gratuitamente, mientras que trabajadores en activo deben ausentarse de sus labores para hacer filas desde la madrugada en espera de atención médica que a menudo termina siendo diferida o cancelada.
El deterioro ocurre mientras el gobierno federal continúa canalizando recursos millonarios al rescate operativo y financiero de la empresa productiva del Estado, especialmente en proyectos estratégicos como la refinería de Dos Bocas o la compra de Deer Park en Texas. Sin embargo, los servicios médicos –considerados por décadas como una prestación ejemplar del contrato colectivo de trabajo– han sido relegados a un segundo plano, sin estrategias claras de inversión o reestructuración.
El descontento entre el gremio petrolero crece. Dirigentes sindicales locales han comenzado a exigir a Pemex y al Gobierno federal una solución inmediata, advirtiendo que la crisis médica no solo afecta la salud física de los trabajadores, sino también la moral y la productividad de toda la plantilla laboral. Además, organizaciones de jubilados se preparan para interponer quejas formales ante instancias nacionales e internacionales por la falta de atención médica digna.
Mientras tanto, el silencio oficial persiste. Ni la dirección de Pemex ni la Secretaría de Energía han presentado un diagnóstico actualizado ni un plan de mejora para revertir el colapso del sistema médico. Tampoco hay claridad sobre los recursos asignados al mantenimiento de clínicas y hospitales o la contratación de nuevo personal especializado.
Lo que sí queda claro para miles de familias petroleras es que hoy, quienes dedicaron su vida al desarrollo energético del país, enfrentan la enfermedad y el dolor con un sistema médico que los ha dejado solos.
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