COAHUILA Y EL INSABI        

Por Horacio Cárdenas Zardoni

Cuenta la anécdota, o más bien habría que decir la cita, porque lo leímos en un libro sobre la biografía de Salvador Alvarado Rubio, militar revolucionario que sirvió en el Ejército Constitucionalista bajo las órdenes de Venustiano Carranza. Dice el libro de marras que a Salvador Alvarado le encargaban las misiones en los sitios más lejanos, confiando en su fidelidad a la Revolución, precisamente aquellos tan distantes del centro y de los intereses de la política, que esta de plano no llegaba, o se tardaba en llegar, al grado que cuando esta apenas se estaba acercando, en otras latitudes del país ya venía de regreso.

Salvador Alvarado es especialmente recordado, bien y mal, en Yucatán, donde fue designado gobernador y comendante militar, fíjese usted qué curioso, en aquellos años se podía todo… más o menos como quieren que se haga ahora.

Entre 1915 y 1917 Alvarado fundó las escuelas de Agicultura, de Artes y Oficios, la Libre de Derecho y hasta de Bellas Artes, allá en Yucatán; creó la Casa delObrero Mundial para brindar apoyo a los trabajadores; se aventó lo que probablemente fue el primer reparto agrario; organizó el primer congreso de corte feminista, todo esto muy bueno, y por lo que no se le quiere tanto, o bueno, en aquel instante, es por haber declarado a Yucatán un “estado seco”, referido a la venta de bebidas alcohólicas a la población indígena, lo que lo enemistó con los hacendados, prohibió la prostitución y la explotación de los indígenas yaquis, vendidos como esclavos luego de ser secuestrados en Sinaloa, y hasta fijó que el día de pago de los jornales fuera el lunes, no el viernes, para que los trabajadores no fueran a las cantinas a beberse el salario, y en cambio lo usaran para sostener a sus familias. Obvio, se quejaron de él hasta que del centro decidieron relevarlo.

Pero lo que nos interesa, aparte de recordar a uno de los revolucionarios que de veras transformaron para mucho mejor lo que les tocó administrar, está lo que dijimos al pricipio, que lo enviaban a Sonora, a Campeche, a Yucatán, a donde la revolución llegaba nomás de oídas.

Algo así nos pasa a nosotros en Coahuila, donde las grandes bondades que determinan en el centro del poder, llegan no a borbotones como en los estados cercanos a la capital del país, sino como un chorrito que da lástima, como sale el agua de la llave, cuando no funciona el hidroneumático. El gobierno de la república, en este sexenio de la cuarta transformacion, había propuesto ni más ni menos que eso, la transformación de muchos aspectos de la vida nacional, tanto los que son de estricta competencia del gobierno, como aquellos que escapan a su órbita, metiéndose en la forma en la que la sociedad mexicana está organizada, o desorganizada si prefiere, y lo que cada quien hace con su vida.

Así, nos ha tocado que nos regañen por ser aspiracionistas, entendido o traducido como el deseo, el anhelo y la intención de progresar por encima de lo que nos ha tocado en suerte, para la 4T está prohibido “echarle ganas”, hay que estar a gusto (y no es propaganda del secretario de gobernación en su pretensión de convertirse en López Bis) y conforme con lo que la vida nos da, aceptar, agradecer y no pedir más que las pensiones, becas y otros apoyos que da el gobierno federal. Este gobierno ha promovido el no robar, no mentir y no traicionar como receta infalibre contra todo, inclusive contra el COVID 19, y miren que vino a resultar que no, tanta honradez no protege de nada, ni siquiera al presidente. Nos recomendaron seguirnos abrazando y asistiendo a fondas para no afectar la economía; nos recomendaron no usar cubrebocas, ni vacunarnos, y menos a los niños, que eso le quitaba la vacuna a alguien que sí pudiera beneficiarse de ella, y un montón de sandeces, perdón, de políticas públicas así, habrá quien les hizo caso, habrá quien no, ya estará el Dr. Gatell dilucidando si hay “evidencia científica” suficiente para decir de qué lado mazcó la iguana a este y otros respectos.

En materia de lo que sí le toca, la prestación de los servicios de salud, hemos podido presenciar… para no decir que hemos sido víctimas, de los palos de ciego que han dado con la administración de los mismos. Lo más fácil hubiera sido patear el bote, dejar las cosas como estaban, funcionando allí más o menos, y todo lo que pudieran inyectarle sería ganancia. Ah ¿pero cómo?, ellos tenían que transformar y transformaron, destruyeron lo que había, lo cambiaron por algo que a lo mejor en el discurso sonaba más o menos bien, pero que a la hora de ponerlo en papel, en pesos y centavos, en órdenes de compra de medicamentos, recetarlos, distribuirlos y demás, allí sí que chafearon gacho, disculpando el coloquialismo, y fue de tal tamaño el fracaso, que de plano dieron marcha atrás.

Ya lo habían dicho desde diciembre del año pasado, el INSABI, invento de nombre casi bolivariano, sería sustituido por otro modelo, uno que le diera la eficiencia, la permanencia y sobre todo que lo aislara de la corrupción, que no debería tener, pues todo lo del INSABI ocurrió en este mismo sexenio, no siendo ellos iguales a los de antes ¿porqué habrían de corromperse? Pese a tener fuente en el propio gobierno, no nos lo creíamos, simplemente era imposible que pudiera darse un despropósito de ese tamaño, destruir o que había costado quinientos mil millones de pesos, que había destruido el razonablemente funcional Seguro Popular, para terminar repitiendo una idea que data de hace unos cincuenta años, lo del IMSS COPLAMAR. Tomado de tiempos de Luis Echeverría, era el Programa de Atención a Zonas Marginadas, cargado a los recursos humanos, materiales, técnicos y financieros del Seguro Social.

El COPLAMAR siempre fue un chipote en el organigrama del IMSS, no nos extrañaría que por allí se hubiera fugado algo de dinero, probablemente mucho, y que se le hubiera dado un uso político a esta función gubernamental, pero ese es otro cuento, lo que nos toca de momento es lo de ¿a qué repetir en una escala multiplicada una idea que nomás no acababa de pegar?

Y bueno, por donde comenzamos, Coahuila, tan lejos de México, y sobre todo tan lejos de la cuarta transformación, nomás nunca acabó de pegar su chicle con el INSABI. Primero se habló de la transferencia “no questions asked”, sin ningún condicionamiento, de hospitales, presupuestos, prácticamente todo el sector salud estatal al invento federal, algo habrán olido, que no lo hicieron, ganándose el desprecio y el odio presidencial, ¿y qué cree?, que a pesar de los castigos hacia Coahuila y sobre todo hacia los coahuilenses en materia de dotación de medicamentos, asignación de médicos y equipamiento, a la hora de los catorrazos, estamos mejor que otras 31 entidades federativas. Al menos de momento, a lo mejor nos van a exigir, qué raro, otra vez rendir todo el sector salud, traspasarlo al IMSS Bienestar. Al menos no será entregárselo al bodrio desaparecido, pero tampoco es como para brincar de felicidad. El caso es que, Coahuila por lejos, se había salvado, ¿no habría manera que nos siguiéramos salvando si nos hacemos otros cientos de kilómetros más lejos?


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