Hay una tendencia creciente en casos de esta infección de transmisión sexual tanto a nivel nacional como estatal. En la entidad se han documentado 1,004 casos en 2025
Saltillo, Coahuila, 18/11/25 (Más).- Coahuila figura entre las entidades con mayor número de casos de sífilis en México durante 2025, ocupando el séptimo lugar nacional con 1,004 contagios confirmados entre enero y octubre. Del total registrado, 512 corresponden a mujeres y 492 a hombres, lo que evidencia una tendencia creciente entre la población femenina y una distribución casi igualitaria entre ambos sexos.
Esta situación forma parte de una problemática nacional en expansión.
Según datos de la Secretaría de Salud federal, hasta la semana 44 del presente año se reportaron 18,083 casos de sífilis adquirida en el país, lo que representa un incremento del 17.52% con respecto al mismo lapso de 2024, cuando se contabilizaron 15,386 diagnósticos.
Cabe señalar que el total anual de 2024 fue de 18,384 casos, cifra que ya casi ha sido alcanzada solo en los primeros diez meses del año en curso.
A nivel nacional, Jalisco lidera las estadísticas con 1,851 casos confirmados, seguido por Ciudad de México, Baja California, Tamaulipas, Guanajuato y Nuevo León, siendo Coahuila la siguiente entidad en la lista.
En algunas de estas regiones, como Guanajuato y Sinaloa, las mujeres presentan mayores tasas de infección que los hombres, lo que pone de relieve las brechas de género en el acceso a servicios médicos, así como condiciones sociales que favorecen la vulnerabilidad de ciertos grupos.
La sífilis es una infección de transmisión sexual de origen bacteriano, que puede pasar desapercibida debido a la ausencia de síntomas evidentes en muchas personas. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que esta característica facilita su propagación, y estima que en 2022 aproximadamente 8 millones de personas entre los 15 y 49 años contrajeron la enfermedad a nivel global.

En su fase primaria, suele aparecer una llaga indolora –conocida como chancro– en la zona de contacto sexual, generalmente genitales, ano o boca; esta lesión puede pasar desapercibida y desaparece por sí sola, lo que provoca que muchas personas no busquen atención médica.
En la etapa secundaria, la enfermedad se manifiesta con erupciones en la piel, fiebre, inflamación de ganglios y malestar general. Aunque estos síntomas también pueden remitir sin tratamiento, la infección permanece activa en el organismo.
En fases latentes, la sífilis deja de mostrar signos visibles, pero continúa avanzando silenciosamente.
Sin tratamiento oportuno y adecuado, la sífilis puede evolucionar hacia la etapa terciaria, considerada la más grave: en esta fase tardía, la bacteria puede afectar órganos vitales como el corazón, el cerebro y el sistema nervioso central, provocando daños irreversibles. Entre las principales complicaciones se encuentran problemas neurológicos, trastornos cognitivos, ceguera, parálisis y enfermedades cardiovasculares que pueden poner en riesgo la vida.
La sífilis no tratada en mujeres embarazadas puede transmitirse al bebé, causando muerte fetal, parto prematuro o graves secuelas en el recién nacido.
En México, los jóvenes son el grupo etario más afectado. Las tasas más altas de incidencia en 2024 se registraron entre personas de 20 a 24 años, seguidas por los rangos de 25 a 44 y de 15 a 19 años. Factores como el inicio precoz de la vida sexual, el consumo de alcohol o drogas, la escasa cultura de prevención y el estigma social asociado a las infecciones sexuales, contribuyen a este repunte.
Especialistas también atribuyen el aumento de casos femeninos al tamizaje durante el embarazo, pero advierten que este dato también puede reflejar redes sexuales más complejas y desigualdades estructurales que dificultan la protección efectiva. Este panorama incrementa los riesgos de transmisión perinatal, especialmente en contextos donde la atención preventiva es limitada.
El acelerado crecimiento de diagnósticos durante 2025 plantea un reto urgente para las autoridades de salud, que deben fortalecer las acciones de prevención, ampliar el acceso a pruebas y tratamiento, y desarrollar estrategias más efectivas que tomen en cuenta los determinantes sociales y de género que inciden en la propagación de esta infección.
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