Por Heriberto Medina
Manolo y el PRI nacional
Hubo un tiempo en el que bastaba la voluntad del Presidente de la República, para ocupar la dirigencia nacional del PRI, era una posición más bien decorativa y transitoria, a veces solo un premio de consolación, esos tiempos terminaron cuando concluyó el periodo de gobierno Ernesto Zedillo.
A partir de entonces el poder recayó en los gobernadores y ahí reinó la vieja y conocida máxima popular: “El que tiene más saliva traga más pinole”, entendiendo la saliva como malicia política y el pinole como el poder.
Luego se empezaron a alinear las fuerzas entono a quien en ese momento era el más poderoso y popular, Enrique Peña Nieto, y lo era porque gobernaba el Estado de México, la entidad federativa con mayor presupuesto del país, anualmente manejaba una cifra superior a los 148 mil 300 millones de pesos.
Dada esa realidad, Peña Nieto fue el fiel de la balanza para nombrar dirigentes priistas durante su periodo como gobernador y luego como Presidente de la República, pero perdió poder al final de su sexenio, ya con un PRI náufrago de la derrota frente a Morena y Andrés Manuel López Obrador. Fue entonces que se empezaron a mover las diferentes fuerzas al interior del Revolucionario Institucional para ocupar los espacios vacíos en el organigrama de la dirigencia nacional.
Y entre esas fuerzas políticas estaban los gobernadores, algunos muy adelantados en el arte de Maquiavelo. Rubén Moreira Valdez preparó el camino aún antes de concluir su periodo de gobierno en Coahuila, cuando dejó el palacio rosa en Saltillo llegó a la dirigencia nacional del PRI como Secretario General, a mediados de 2018.
Rubén operó para asegurar la dirigencia nacional, la coyuntura estaba abierta, no había una figura nacional que asumiera un liderazgo y nombrara al nuevo dirigente, tenía que amarrar a los diferentes sectores y liderazgos del partido.
Moreira ya tenía ascendencia sobre ciertos grupos priistas, cuenta la leyenda que desde el sexenio de su hermano Humberto y luego en el suyo, se ayudó al priismo en diversos estados durante los procesos electorales y ese apoyo habría sido fundamental para retener algunas gubernaturas. Ese antecedente fue valioso cuando Rubén solicitó el apoyo para que su grupo político asumiera la dirigencia nacional del PRI.
Pieza fundamental de ese grupo político fue el entonces gobernador de Campeche, Alejandro “Alito” Moreno Cárdenas, quien manejaba un presupuesto superior a los 19 mil 500 millones de pesos, una chequera de ese tamaño debió ser clave para conseguir el respaldo de la estructura tricolor, por eso fue él quien asumió la Presidencia del Comité Ejecutivo Nacional del PRI y no Rubén a quien, de cualquier manera, se le ubica como el verdadero poder tras el disminuido trono priista.

Pero al asumir el control no entendieron que solo podían mantener vivo al partido si compartían espacios con otras figuras de liderazgo, gobernadores como Alfredo del Mazo, militantes como Miguel Ángel Osorio Chong y otros tantos quienes, al ver que se cerraron los espacios y que esa fuerza política iba en caída libre, optaron por renunciar.
De hecho, la gestión encabezada por Moreno Cárdenas ha sido tan catastrófica que de contar con 11 gubernaturas, ahora solo tiene dos y en los hechos solo una, la de Manolo Jiménez en Coahuila, porque Esteban Villegas en Durango ya se cuadró con la 4T.

Además, el PRI de “Alito” disminuyó su porcentaje de votos al grado que durante la pasada elección federal ni siquiera llegó a dos dígitos, pasó del 17.7 por ciento al 9.6, no hay otro partido con una caída tan drástica.
Pero, ilógicamente y a pesar de los malos resultados, Moreno Cárdenas es el dirigente nacional más longevo, llegó en 2019 y sigue, anteriormente los líderes duraban meses, permanecer dos años en el cargo era mucho. Ahora, sin fuerzas formales al interior del partido que le pongan un alto, “Alito” no termina de irse de la dirigencia, pareciera que su misión es lograr el Revolucionario Institucional pierda su registro, de hecho, Moreno Cárdenas ya anunció que no dejará el cargo por que es “un políticos serio”.
Pero si la dirigencia nacional del PRI siempre ha sido nombrada por el priista más poderoso del país y si ese poder siempre se ha relacionado con el personaje que maneja más presupuesto, entonces la dirigencia nacional del PRI debería ser asumida por alguien cercano a Manolo Jiménez, quien es en estos momentos el priista más poderoso de México.
La pregunta es si sirve de algo hacerse con el control del PRI en estos momentos, cuando su muerte parece inminente, cuando parece no existir esperanza alguna de recuperarlo, dado el descrédito que sufre a los ojos de la ciudadanía. Esa pregunta la tendrán que responder Manolo y su equipo. Tal vez le convenga más emigrar a otra fuerza política como Movimiento Ciudadano.
Si Manolo Jiménez decide quedarse en el PRI tendría que operar para hacerse con el control de lo que queda del partido a nivel nacional, maniobrar de manera fina y firme para arrebatar el poder, porque no lo van a soltar. Esa decisión debería tomarse a la brevedad, porque el grupo de “Alito” contará con una nueva fuente de recursos en el presupuesto de Monterrey que será gobernado por Adrián de la Garza. La capital de Nuevo León dispone anualmente de 8 mil 500 millones de pesos, pero esa cantidad no se compara con los 40 mil millones que ejerce Coahuila.
Si Manolo quiere jugar en las grandes ligas de la política, tendrá que hacer jugadas de grandes ligas. Amanecerá y veremos.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.

Hoy es un partido en extinción debido a la alta corrupcion de sus militantes .