09/02/26
“Tantas veces me mataron, tantas veces me morí, sin embargo, estoy aquí resucitando”.
“Gracias doy a la desgracia y a la mano con puñal porque me mató tan mal, y seguí cantando…”
“Tantas veces me borraron, tantas desaparecí a mi propio entierro fui solo y llorando, hice un nudo en el pañuelo, pero me olvidé después que no era la única vez y seguí cantando”.
“Cantando al sol como la cigarra, después de un año bajo la tierra, igual que sobreviviente que vuelve de la guerra”.
Canción escrita por María Elena Walsh interpretada por Mercedes Sosa
Ver para otro lado
En Coahuila, la gran mayoría de los periodistas y de los opinadores (que no son lo mismo) decidieron, desde hace tiempo, voltear para otro lado; no ven o hacen como que no ven, y no se puede reportar lo que no se ve, no se puede analizar lo que no se reporta y no se puede opinar sobre lo que no se publicó. Para muchos, lo único real son los boletines y la narrativa oficial.
Cada uno lo hace a su estilo. Algunos pretenden conversar con Dios, alucinan con vaqueros urbanos o se la pasan comentando las innumerables ocasiones en que consumieron de gorra en Don Artemio. Otros prefieren escribir solo de temas nacionales: voltean a ver lo nacional para no ver lo local; así mantienen un estatus de periodista crítico, aunque hace años dejaron de serlo.
Otros, los menos, sí opinan sobre la realidad local, pero lo hacen desde la agenda del poder; al leerlos se puede acusar recibo de lo que opinan el o los encargados de dictar la política de comunicación social. Son un pretendido megáfono que solo resuena entre la clase política, no entre la ciudadanía.
Las columnas de opinión de los medios tradicionales se han prostituido tanto que ya son francamente predecibles: sabes de quién van a hablar mal y por qué; también sabes de quién van a hablar bien. En ocasiones, diferentes columnas repiten un mismo comentario, letra por letra, palabra por palabra, y esto es así porque el autor de esos textos es la misma persona y no despacha en la redacción de un periódico.
Todo lo anterior es parte del llamado cerco informativo, porque el cerco no inicia con no publicar, inicia con no preguntar. Ninguno de los reporteros pregunta y, si acaso alguno se atreve, es callado con otra pregunta de un palero; si el reportero insiste, el funcionario en cuestión lo ignora y, si persiste en el cuestionamiento, recibe burlas, no solo del actor político cuestionado, sino también del resto de sus pseudo compañeros de profesión. Ya de plano, cuando el reportero no cede, entonces viene la llamada a su jefe en el medio en el que trabaja, ahí, desde el mismo lugar de la entrevista; luego suena el teléfono del reportero pertinaz y, del otro lado, se escucha la voz de su jefe pidiéndole, ordenándole, que deje de preguntar.
En la lógica del cerco informativo, del no preguntar sigue el no publicar. Si por alguna razón se publica algo indeseable a los ojos del poder, entonces viene la petición expresa de eliminarlo, bajarlo, borrarlo. Por eso, en ocasiones, al buscar una nota informativa en el portal web del medio en cuestión aparece la frase “error 404”: eso quiere decir que la nota fue eliminada. A veces no se trata de eliminar la nota informativa, sino de esconderla en las páginas interiores de los medios impresos. Así se construye un vacío respecto de los temas que desde el poder se pretende acallar.
Y del no publicar se desprende el no opinar, el no analizar una realidad de la que no se reconoce su existencia. Y es que, en el mercado informativo, se obtiene más dinero por lo que se calla que por lo que se difunde.
La realidad de los periodistas y los medios en Coahuila es tan uniforme e inmersiva que, si pretendes ejercer el periodismo como debe ser, terminas por pensar que estás mal y que quienes no son éticos están en lo correcto. A mí me han tirado la frase en la cara: “Deja de publicar eso, nadie te lo va a agradecer, deberías hacer lo que hace XXX medio, te iría muy bien”. Solo volteando a ver el ejercicio periodístico en otras ciudades y países se comprende que quienes están mal son los que venden su oficio y prefieren guardar silencio a cambio de unas monedas.
Y es que aquí pareciera que, para ser periodista, es necesario ser cínico, cuando es todo lo contrario. Yo prefiero quedarme con la frase de Ryszard Kapuscinski: “Creo que para ejercer el periodismo hay que ser un buen hombre o una buena mujer, buenos seres humanos. Las malas personas no pueden ser buenos periodistas”. A veces hay que regresar a las páginas de ese libro para abrevar en este desierto.
Ignorar la realidad y voltear a otro lado es un acto muy costoso; sus consecuencias son funestas no solo para los periodistas, sino para la sociedad en general. Aquí, en Más, el periódico digital de Coahuila, decidimos tratar los temas importantes, aunque causen incomodidad en ciertas esferas. Hacer periodismo está en nuestro ADN; no podemos renunciar a nuestra esencia.
Por eso Cerro del Pueblo se vuelve a publicar después de mucho tiempo de ausencia. No estamos dispuestos a mirar a otra parte. Este oficio no es de cínicos.
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