Cerro del Pueblo

Por Heriberto Medina

La mano de AMLO

No se había visto de manera clara la mano del actual presidente en el gabinete que habrá de conformar Claudia Sheinbaum Pardo, hasta hoy, con el anuncio de Rosa Icela Rodríguez para la Secretaría de Gobernación.

Y la propia Rosa Icela avivó la especulación al ser más obsequiosa en su discurso con el mandatario en funciones que con la dama que habrá de ser su jefa en muy breve tiempo.

“Aprendimos del mejor”, dijo al referirse a la honestidad y al lema: no robar, no mentir y no traicionar; si bien en esa primera oportunidad no mencionó a AMLO, en su siguiente frase fue explícita: “… usted recibe un importante legado del presidente Andrés Manuel López Obrador, una sólida base que hará posible avanzar en la transformación del país”.

Si Andrés Manuel es el mejor, ¿dónde queda Sheinbaum?

Plena en la gesticulación y en el lenguaje no verbal, Rodríguez hizo una emotiva alusión al hecho de que Sheinbaum será la primera mujer presidenta y dijo que con ella llegan todas juntas: “Abuelas, madres e hijas”.

Llamó también la atención el hecho de que hiciera patente que obedecerá las instrucciones de la presidenta electa, “bajo las directrices, claro, que usted nos marque desde la presidencia”. ¿No es tan obvio que resulta ocioso decirlo? Ni modo que reciba las instrucciones de otra persona y quién sería esa otra persona.

Relevante resultó su compromiso a mantener el diálogo con todos, se entiende que se refiere a las diferentes fuerzas políticas y movimientos ciudadanos, algo que no parece ser una característica del actual régimen.

“Siempre, siempre, habrá coordinación y diálogo… actuaremos con respeto y civilidad en la búsqueda de acuerdos”, enfatizó, y con esas frases reforzó la expectativa de que el Gobierno de Sheinbaum no será de golpeteo y ataque, sino de consensos.

La ratificación de Ariadne Montiel también marca alguna continuidad de AMLO, pero al tratarse de una mujer a la que no le gusta el protagonismo sino el trabajo, la eficiencia y los resultados, resulta muy lógico y congruente que siga en el cargo.

El caso de Montiel marca una de las características esenciales del segundo piso de la transformación que pretende construir Sheinbaum y que tiene que ver con los programas sociales que son indispensables, pero que a la vez son la mejor arma político-electoral de la cuarta transformación.

Esa cooptación de los electores que ya dio tan buenos resultados se perfeccionará con Montiel, pero se ampliará con Mario Delgado en la Secretaría de Educación Pública.

¿Por qué un político y no un profesional del tema educativo? Porque con Delgado al frente de la SEP se espera ampliar la cooptación a los padres de familia, a los profesores ya los traían en la bolsa desde antes. Recordemos que la estructura educativa es un instrumento muy codiciable en cuestiones políticas, llega a todos los rincones del país y está presente en prácticamente todos los hogares de México, salvo los de las clases media alta y alta que inscriben a sus hijos en colegios privados.

Si ya eran poderosos con los programas sociales, los morenistas ahora lo serán mucho más con la estructura educativa, ese será el verdadero trabajo de Mario Delgado. Sin embargo, su nombramiento no deja de ser de alto riesgo. Sheinbaum pone al lobo a cuidar a las ovejas, a un político señalado por algunos como corrupto le da la posibilidad de administrar un presupuesto tan grande que es como los latifundios de la época virreinal: llega hasta donde alcanza la vista.

Si los anteriores tres nombres muestran de una u otra forma la mano presidencial, el cuarto revela completamente lo contrario. Mucho se dijo y se escribió que fue el propio presidente de la república quien vetó a Omar García Harfuchpara la candidatura de Morena al Gobierno de la Ciudad de México y se cree que en estas semanas previas estuvieron a la orden del día los golpes por debajo de la mesa para truncar ese nombramiento en particular. Le hubiera convenido más a Sheinbaum blindar a su alfil anunciándolo como Secretariode Seguridad en el primer bloque de nombramientos.

García Harfuch es el distintivo de independencia de Sheinbaum frente a López Obrador, su persona representa un freno al desmedido poder militar que tuvo un crecimiento sin precedente durante el sexenio que está por concluir.

El próximo Secretario de Seguridad cuenta con una formación policial netamente civil y tendrá a su cargo la Guardia Nacional. Sus instrucciones, según se dijo, son fortalecer esa corporación, pero queda la duda si en términos precisos esas indicaciones se traducen en incrementar la militarización de ese cuerpo de seguridad o, por el contrario, disminuir la presencia militar y volverla cada día más civil.

García Harfuch tiene razones de sobra para estar tan nervioso como se mostró en la conferencia de prensa. No solo tiene que enfrentar a los muchos grupos del crimen organizado, también tiene que lidiar con los mandos militares, con Morena y con el propio AMLO.

Habrá que estar atentos a lo que pasará en las siguientes semanas, seguramente los mandos militares y el propio Andrés Manuel presionarán para evitar que llegue al cargo el anunciado Secretario de Seguridad.


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