En junio de 2022, cuando aún faltaba un año para elegir al siguiente gobernador de Coahuila, algunas encuestas ubicaban al PRI hasta 10 puntos porcentuales por debajo de Morena, aún sumando los votos a favor del PAN, el tricolor no superaba al movimiento del Presidente Andrés Manuel López Obrador, cuando mucho se acercaba a un empate técnico y nada más.
Lo que pasó en los meases siguientes alteró el rumbo a tal grado que el resultado electoral fue completamente diferente, la Alianza PRI. PAN, PRD y su candidato Manolo Jiménez Salinas superaron por más de 20 puntos porcentuales a Armando Guadiana Tijerina candidato por Morena.
La explicación va más allá de presentar al revolucionario Institucional como una maquinaria política bien aceitada, en Coahuila si que lo es, pero no es solo eso lo que explica el resultado electoral del domingo 4 de junio. Los operadores políticos del PRI actuaron por nota, para hablar en los términos beisboleros que tanto le gustan a López Obrador, diremos que los operadores políticos tricolores tenían que lanzar un juego perfecto para rescatar Coahuila del tsunami electoral que se avecinaba y así lo hicieron, jugaron sin errores y ejecutaron a la perfección lo que les tocaba.
En el plan de vuelo del PRI, una de las primeras tareas era lograr que Morena lanzara al candidato menos competitivo, al candidato más a modo, al aspirante con el que el PRI se sentía más cómo y ese aspirante no era otro que Armando Guadiana Tijerina y lo lograron mediante acciones evidentes en algunos casos e inconfesables en otros, negociaciones que solo intuimos pero que seguramente nunca se podrán confirmar, el caso es que el 12 de diciembre de 2022, para sorpresa de muchos, incluso del propio beneficiado, Morena anunció que su candidato sería Guadiana.
La segunda asignatura marcada en el plan priista era dividir a Morena, sobre todo si el candidato era Ricardo Mejía Berdeja. Estaba cantado, ya se había comentado en varias columnas la muy factible posibilidad de que Armando Guadiana, de no ser el candidato, rompiera con Morena y se lanzara por otro partido, esa era la tira tricolor, pero las cosas le salieron tan bien que, además de enfrentar al candidato idóneo, también recibieron el beneficio de la división de sus adversarios cuando Mejía Berdeja abandonó Morena y se lanzó por el PT.
Y de ahí para abajo en el caso de Morena y para arriba en el caso del PRI, las preferencias del revolucionario institucional fueron subiendo y las de Morena bajando, muchos simpatizantes morenistas vieron en Mejía al verdadero candidato opositor mientras que a Guadiana lo identificaban como palero del PRI. El enfrentamiento entre las dos facciones de la izquierda tampoco fue una buena señal para los votantes indecisos que prefirieron no emitir su sufragio por quienes no alcanzaban ni siquiera a llegar a un acuerdo.
Pero si en Coahuila el PRI jugaba perfecto, en el Estado de México era todo lo contrario. Algunos de los errores que cometieron los priistas mexiquenses eran evidentes, a diferencia de Coahuila, donde la imagen del futuro candidato fue promovida y fortalecida desde años atrás, en el Estado de México fue a última hora que decidieron que sería Alejandra del Moral y la lanzaron al ruedo, así como va, luego la dejaron sola al grado que prácticamente tuvo que suplicarles a los operadores de su partido que “hicieran lo que sabían hacer”.
Tal vez los operadores priistas más experimentados de todo el país sean los del Estado de México, por eso no se entiende que permitieran un escenario en donde solo parecieran dos opciones en la boleta, ahí prácticamente reglaron la entidad, si existiera un libro de texto de la operación política priista, uno de los primeros capítulos sería la atomización de la oferta política de la oposición, así el elector inconforme con el PRI dividiría su voto en varias opciones, inexplicablemente no lo hicieron, entregaron a del Moral como a las doncellas en la civilizaciones prehispánicas, la llevaron a la piedra de los sacrificios para inmolarla como una ofrenda a la deidad de las tormentas políticas que oficia en palacio nacional y a cambio lo único que le pedían era un pequeño estado del norte del país (pequeño en población) llamado Coahuila. El señor de las tormentas al parecer aceptó el sacrificio, y cedió ese territorio del cual, tal vez, ni siquiera recordaba bien su nombre.
Y esa idea del acuerdo en la cúpula se vio reforzada en el imaginario del colectivo político ayer durante la conferencia de prensa mañanera, cuando López Obrador relató con toda naturalidad que los candidatos perdedores en ambas entidades ya habían salido a reconocer el triunfo de sus adversarios.
Las mismas componendas como cuando gobernaba el PRI, pero con diferentes actores políticos, el mismo infierno, pero con diferente diablo.
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