Horacio Cárdenas Zardoni
¿Se acuerda de los desplantes de Jericó Abramo Masso cuando era presidente municipal de Saltillo?, eran los tiempos de la violencia desatada en la capital, y para el caso en todo el estado de Coahuila, y el alcalde gustaba de caminar por las calles… rodeado de un aparato de seguridad de alrededor de una docena de escoltas armados, fácilmente reconocibles porque todos vestían un chalequito color beige que más que disimular, tenían el objetivo de hacer visibles las armas cortas que cada uno portaba.
Bueno en una de esas que andaba Jericó recorriendo la Ruta Recreativa, uno de sus programas que todavía pervive para desagrado de los policías y empleados municipales a los que hacen trabajar en domingo, tuve la oportunidad de cruzar algunas palabras con él. Recién había inaugurado el puente sobre Venustiano Carranza, el que está a la altura de la Clínica 2 del Seguro Social, y su aura de guaruras me permitió acercarme, no sin el debido recelo, y le dije oiga alcalde, el puente, a lo que me contestó, sí ¿quedó muy padre, no?, a lo que le respondí, sí, pero le pregunto sobre el otro que habría que hacer enfrente del SAT, y mínimo un par de otros, porque la gente de a pie no tiene manera de cruzar la avenida.
Con ganas de no dejar las cosas pendientes, el entonces alcalde me dijo, no allí no se puede, no hay dónde, es muy complicado, no hay dinero… o sea agarró el toro por los cuernos para luego soltarlo diciendo que nanay. Bueno, pues después de Jericó han venido ¿Cuántos presidentes municipales?, los que sean, ninguno de los cuales ha sido capaz de resolver una cuestión tan elemental como garantizar que los saltillenses puedan cruzar esta que es la principal avenida de su ciudad, con la seguridad y certeza de que su vida no corre peligro en la maniobra.
Ni siquiera Chema Fraustro, que se tronó la bonita cifra de 56 millones de pesos en la supuesta renovación integral de Venustiano Carranza, logró esa misión, que debería estar considerada, y no dudo que lo esté, como un derecho humano, ya que si hay el de libertad de tránsito, no es posible que aplique en lo muy general y no hay manera de bajarlo al nivel del cruce de calles, concretamente esta de la que estamos hablando.
El atropellamiento de dos jovencitas a la altura del bulevar Galerías en su cruce con Carranza, volvió a revivir la polémica ¿qué hacer, cómo hacer? Algún socarrón podrá decirme, con toda la razón, que si no son capaces de resolver el asunto del semáforo que tiene desde el 2017 parpadeando sin que ningún edil se atreva ni a quitarlo y restituir el camellón a como estaba antes, o abrir el cruce a los carros a gusto de los dueños de Parque Centro, ‘cuantimenos’ van a idear algo para que la gente pueda cruzar Carranza sin que lo hagan correr, sin que su vida esté amenazada de muerte.
A veces me pregunto si una avenida, ciertamente con su pesado volumen de tráfico, como lo es Venustiano Carranza, no entrará en alguno de los capítulos o considerandos de la Teoría del Caos… esto porque en lo personal, me parece increíble que administraciones van, administraciones vienen y no haya quien pueda resolver un asunto que debería darse por descontado: cualquier persona ejerciendo su derecho a caminar, sin importar su edad ni alguna discapacidad física, debería estar en condiciones de cruzar el bulevar en un tiempo que dijéramos perentorio: un minuto, dos minutos, y no esperarse a veces diez, y ya con la desesperación de ver que no amaina el flujo de vehículos, se aviente a cruzar cuando ve un claro, o un medio claro, de por lo menos un carril, y esperar que buenamente un conductor se apiade de él o ella, bajando la velocidad o deteniéndose para darle el paso.
Yo no puedo ofrecerle una solución vial, para eso se requieren mínimo ingenieros de tránsito, y lo más, matemáticos que puedan formular frecuencias en los semáforos, precisamente eso que no lograron los mentados semáforos inteligentes de Chema, luego de consumir catorce millones de pesos en un gasto que se demostró fue inútil, y por el que nadie ha rendido cuentas.
La fácil, que no es tanto, es poner puentes peatonales como el que le reclamé a Jericó, pero son caros y luego los peatones no los usan. La adecuada, es que los saltillenses adquiriéramos la conciencia de que el peatón tiene prioridad en todas las situaciones, sobre todo cuando cruza por las esquinas o por las áreas designadas para ello. Si ve uno un peatón y ve que tiene que frenarse veinte metros más allá, hombre, darle el paso y el del carril de junto lo mismo, y el del tercero, y así el cruce dejaría de ser la pesadilla que es para tanta gente todos los días.
Sí, dicen que están buscando una solución, la más adecuada, pero ¿cuántas veces no han ofrecido lo mismo y por angas o mangas los burócratas no las han planteado o sus jefes no las han autorizado?, de estas hemos visto demasiadas y tememos que ocurra lo mismo.
Como siempre, lo que no hagamos por nosotros mismos, nadie va a venir a hacerlo por nosotros, lo digo por que nos cuidemos mutuamente, no que adquiramos la capacidad de brincar sobre los carros.
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