Campañas de la vieja escuela

Por Enrique Abasolo

Pese a que Eratóstenes demostró la redondez de la Tierra hace más de dos mil años y, pese a que cualquiera puede repetir el sencillo experimento con el cual determinó la circunferencia de nuestra esférica morada en el cosmos, es increíble que al día de hoy, con los instrumentos de medición y geolocalización disponibles, exista un colectivo de imbéciles que aseguran que el planeta es plano como disco de Arjona (plano y absurdo).

Pero al menos, saber que la necedad humana puede rayar en esos lindes, vuelve un poco menos desquiciante saber que hay quienes todavía creen en las promesas de los políticos. Aunque, a decir verdad, llego a creer que son los crédulos de la política los que explican a los terraplanistas… en fin.

Comenzó el año electoral en Coahuila y es un año intenso, de mucha besadera de niños, mucha abrazadera con la gente sencilla; mucho baño de pueblo y mucho andar por estos polvorientos caminos que conectan municipios, ejidos y rancherías, en busca de la foto perfecta con el viejito/viejita/viejite. Esa imagen idealizada que tienen los políticos de sí mismos, sublimada en pixeles, con ellos como auténticos redentores llevando -ahora sí, por fin- el anhelado progreso y justicia social a los más necesitados.

Y para que vea que vamos en serio, aquí está su kit, con la gorra, la playera, el termo, el salero, todo con los colores del partido, el nombre del candidato y su carita angelical impresos.

“Y no olvide que nosotros somos a toda madre, que siempre hemos estado allí para usted, con el apoyo, con la despensita… en cambio los otros sólo vienen por su voto para robarle su alma y chuparle todos los nutrientes”.

Y ya, básicamente eso es hacer proselitismo en Coahuila y en México, no nos extrañe entonces que con ese nivel de campañas tomemos en las urnas decisiones igualmente paupérrimas.

A propósito de elecciones, entendidas como la capacidad de escoger entre una o más alternativas, en la Entidad estamos totalmente desprovistos de opciones. Es decir, sólo podemos escoger entre refrendar dos regímenes que de sobra han demostrado su total desapego a la legalidad y la transparencia.

Por un lado, el dinosáurico y tricolor régimen local que se remonta a un siglo, cuya corrupción se agudizó gravemente durante los últimos tres periodos, sin que hasta el momento se le haya hecho el menor guiño a la justicia. Un régimen que le apuesta al olvido y preservar el status quo tanto como le sea posible (de preferencia si es por toda la eternidad).

O bien, un muy remoto escenario en el que Coahuila se decantara por premiar a un Gobierno Federal encabezado por un autócrata al que tampoco le interesa la justicia o la rendición de cuentas. Un Presidente que hace apenas unos días admitió sin empachos que la ayuda a los más pobres es una apuesta segura en lo electoral, pues, agradecidos como son con la dádiva oficial, defienden en las urnas su proyecto.

Así que el desarrollo o la movilidad social, es decir, la efectividad de los programas que presume son algo secundario en tanto cumplan sus objetivos clientelares.

Para colmo, el Mandatario jamás ha visto, analizado y desde luego tampoco asumido con la debida seriedad la problemática de nuestro Estado, un estado muy lejano en lo geográfico, pero también muy distanciado del Presidente en lo ideológico, muy, muy distante de su esfera de competencia y de los territorios en los que mejor conecta con la masa.

La 4T prefirió hacerle una pregunta absurda a los ciudadanos en una encuesta ociosa: «¿Estás de acuerdo o no en que se lleven a cabo las acciones pertinentes con apego al marco constitucional y legal, para emprender un proceso de esclarecimiento de las decisiones políticas tomadas en los años pasados por los actores políticos, encaminado a garantizar la justicia y los derechos de las posibles víctimas?». Eso en lugar de simplemente abrir carpetas de investigación y comenzar por algún lado el proceso de restauración que le urge a México y a cada uno de los estados que lo conforman.

Es difícil precisar con una certeza absoluta qué partido o candidato podría ganar tal o cual elección en un momento dado, por más que la tirada parezca tan cantada como es el caso de los próximos comicios en Coahuila.

Lo que sí podemos asegurar es que nada se moverá un ápice en tanto aceptemos que los candidatos se comporten de la manera en que siempre lo han hecho: Teniendo esa falsa cercanía con la gente, largando cualquier cantidad de promesas irreales, cabalgando sobre los programas sociales, denostando al adversario sin demostrar ser más transparente, honesto o bien intencionado.

Necesitamos encontrar los mecanismos para comprometerlos legalmente a asumir los verdaderos retos que afrontamos, y no solo dar respuestas vagas, soluciones ambiguas y proyectos indeterminados.

Tenemos que obligarlos a reconocer primero dichos problemas y admitirlos como prioritarios. 

De lo contrario, aceptando campañas tradicionales, a la usanza clásica, de la vieja escuela, sólo tendremos el consabido carnaval de chusquerías tras el cual, gane quien gane, nosotros habremos de salir perdiendo.


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