Los conflictos en Medio Oriente han puesto en riesgo el acceso al agua potable y los ecosistemas, especialmente ante la posibilidad de ataques a infraestructura energética en Irán que podrían derivar en represalias contra plantas desalinizadoras en el Golfo Pérsico, donde se produce la mitad del agua desalinizada del mundo. Además, los bombardeos han generado contaminación, nubes tóxicas y daños a acuíferos y aguas subterráneas, elevando la alerta ambiental en la región.
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