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El huracán Beryl se convirtió en el primer huracán de la temporada atlántica de 2024 al formarse el 30 de junio, 42 días antes del promedio de años anteriores. Este fenómeno alcanzó la máxima categoría de la escala Saffir-Simpson en menos de 45 horas, convirtiéndose en el huracán que más rápidamente ha llegado a la categoría cinco en el último siglo. La información fue publicada por la agencia El País.
El impacto de Beryl en las pequeñas islas del Caribe ha sido devastador, dejando al menos nueve muertos y provocando escenas de árboles caídos, calles inundadas, techos arrancados, coches flotando y barcas aplastadas. Ante la amenaza, Unicef ha alertado que más de 3 millones de menores están en riesgo. El huracán avanzaba hacia Jamaica como una poderosa tormenta de categoría 4, con vientos de más de 300 kilómetros por hora. La NOAA emitió una lista de mensajes clave, recomendando a la población seguir las instrucciones de las autoridades locales para una posible evacuación, ya que se esperaban inundaciones repentinas y deslizamientos de tierra en Jamaica y el sur de Haití.
Rodney Martínez, representante de la Organización Meteorológica Mundial (OMM) para Norteamérica, Centroamérica y el Caribe, describe el momento como extremadamente atípico. Según Martínez, la calidez del mar lleva rompiendo récords desde hace 14 meses y estos valores continuarán, incrementando la intensidad de los huracanes. La NOAA predice una temporada de ciclones tropicales por encima de lo normal, con entre 17 y 25 tormentas suficientemente potentes como para ser nombradas, de las cuales entre 8 y 13 podrían convertirse en huracanes y entre 4 y 7 podrían ser de los considerados mayores, superando la categoría 3.
El fenómeno de la Niña y las emisiones de CO2 y aerosoles son los principales culpables de la formación temprana de Beryl. La temperatura oceánica debe alcanzar los 26° para que se produzcan huracanes, cifra que el Atlántico alcanzó en mayo, cuando normalmente se llega en septiembre. La transición entre el fenómeno del Niño y la Niña reduce los vientos de gran altitud, creando las condiciones ideales para huracanes más intensos.
Kerry Emanuel, meteorólogo y profesor emérito de Ciencias Atmosféricas del MIT, ha estado prediciendo durante décadas el aumento de la severidad de los huracanes debido al calentamiento global. Para Emanuel, Beryl confirma la corrección de sus predicciones y destaca que no es un problema del futuro, sino del presente. Un estudio de octubre de 2022 atribuye el 10% de la lluvia del huracán Ian en Florida a la crisis climática, mientras que la propia OMM ha reconocido que el calentamiento global llevará a un incremento en la proporción de huracanes más potentes.
La preparación y respuesta a huracanes es crucial para salvar vidas, pero el aumento de la intensidad de estos fenómenos y la incapacidad de pronosticar con más de tres o cuatro días de antelación dificultan estas tareas. Las brechas digitales, que mantienen sin internet a más del 60% de la ruralidad latinoamericana, y el complejo acceso a ciertos territorios hacen que los sistemas de alerta temprana no siempre lleguen. La NOAA y la OMM están trabajando en nuevos modelos de pronóstico para valorar la probabilidad de intensificación rápida y en sistemas más inclusivos de aviso.
Emanuel destaca la importancia de abrir la conversación sobre migración climática, ya que reubicar a las poblaciones expuestas costará una fortuna. «Garantizar ese derecho es lo que verdaderamente me preocupa», afirma. Vivir en las costas se ha vuelto popular y está subsidiado por los gobiernos, lo que incrementa la vulnerabilidad ante estos eventos extremos. La comunidad científica ha advertido durante décadas sobre el aumento de la intensidad y frecuencia de los huracanes debido al cambio climático, y la preparación adecuada es fundamental para enfrentar esta amenaza presente y real para las comunidades costeras.

