Ciudad de México, Ciudad de México, 16/02/26 (Más).- A casi siete años del asesinato del activista Samir Flores Soberanes, el periódico El País, en un reportaje firmado por el periodista Carlos Carabaña, reconstruyó las fallas, omisiones y líneas no exploradas en la investigación de uno de los primeros homicidios de un defensor ambiental tras la llegada de Morena al poder federal.
La madrugada del 20 de febrero de 2019, un Nissan Sentra negro se estacionó frente a la vivienda de Flores en Amilcingo, comunidad del municipio de Temoac, al oriente de Morelos. De acuerdo con la reconstrucción publicada por El País, varios hombres lo llamaron con el pretexto de anunciar algo en la radio comunitaria que él había fundado. Cuando salió de su casa, fue sometido y arrastrado hacia la oscuridad. Se escucharon cuatro disparos; dos impactaron en su cabeza. Los agresores huyeron por caminos de terracería.
Seis años y 361 días después, el juicio contra el presunto autor material, Javier Rosendo Pareja, finalmente inicia, tras una cadena de hechos que incluyen la ejecución de Azael Martínez, la desaparición de Salvador Aparicio y la muerte o ausencia de testigos clave. Sin embargo, la pregunta central permanece sin respuesta: ¿quién ordenó matar a Samir Flores?
El activista era uno de los principales opositores al Proyecto Integral Morelos, una infraestructura federal compuesta por dos centrales termoeléctricas, un gasoducto y un acueducto que atraviesan Tlaxcala, Puebla y Morelos. Según documenta El País, aunque existían indicios de que el crimen pudo estar vinculado con su resistencia a este proyecto, esa línea de investigación no fue profundizada.
El reportaje detalla que Samantha Cesar, vecina y también activista, escuchó las detonaciones mientras amamantaba a su hijo recién nacido. Alcanzó a ver el vehículo y memorizar parte de la matrícula. Dio aviso a la policía estatal esa misma madrugada, describiendo el automóvil y la ruta de escape.
No obstante, la búsqueda del Nissan Sentra fue, en el mejor de los casos, deficiente. De acuerdo con la carpeta de investigación citada por El País, ese mismo día se reportó un vehículo con características similares a dos kilómetros del lugar, pero tras una revisión fallida, se abandonó la búsqueda. Las cámaras de seguridad se solicitaron de manera tardía y el análisis de imágenes llegó casi un mes después.
Un policía local declaró ante la fiscalía que el vehículo pertenecía a Azael Martínez, a quien identificó como presunto sicario vinculado con el entonces alcalde de Temoac, Valentín Lavín Romero. Semanas después, ese agente murió en una persecución. Martínez fue asesinado en Puebla; Aparicio desapareció y su paradero sigue siendo desconocido.
La investigación acumuló irregularidades: una cartulina dejada en la escena se perdió, hubo fallas en la cadena de custodia de un casquillo y la fiscalía regresó meses después a buscar indicios en el lugar del crimen. Las inconsistencias en declaraciones policiales no se revisaron sino hasta octubre de 2019.
En 2021, la fiscalía anunció la detención de Javier Rosendo Pareja, aunque después se supo que ya llevaba más de un año en prisión por otro delito. Para entonces, la termoeléctrica de Huexca —parte del Proyecto Integral Morelos— ya había sido inaugurada.
El País recoge también el testimonio de Liliana Velásquez, viuda de Flores, quien cuestiona la calidad de la investigación. Cuando vio a peritos regresar casi un año después a buscar pruebas, sintió que se burlaban de la familia. Samantha coincide: el problema no es solo quién disparó, sino quién dio la orden.
En la carpeta de investigación aparece una posible pista. Un informante declaró que el 14 de diciembre de 2018, Humberto Sandoval, líder de la Central Campesina Cardenista en Morelos y adversario político de Flores, se reunió con una mujer conocida como “La Patrona”, presuntamente vinculada con un grupo criminal local. Según ese testimonio, se habría planteado el asesinato debido a la oposición del activista al proyecto energético. Ese testigo está desaparecido.
Otro declarante aseguró que los presuntos agresores se reunieron en una casa en obra negra antes del ataque. Ese testigo también fue asesinado. Pese a estas declaraciones, la investigación no avanzó hacia posibles autores intelectuales.
El abogado David Peña, del Grupo de Acción por los Derechos Humanos, quien acompaña a la familia, señaló a El País que la fiscalía construyó un caso suficiente para llevar a juicio a los autores materiales, pero sin escalar hacia niveles superiores de responsabilidad. En 2023, la Fiscalía General de la República atrajo el caso a través de la Fiscalía Especializada en Delitos contra la Libertad de Expresión, tras cuestionamientos al desempeño de la Fiscalía General del Estado de Morelos.
La Comisión Nacional de los Derechos Humanos emitió una recomendación en la que calificó la actuación de la fiscalía estatal como “irregular y negligente”, al no explorar las líneas vinculadas con el activismo y la defensa del territorio.
El caso de Samir Flores no es aislado. El País documentó que, desde 2019, al menos 210 defensores ambientales han sido asesinados o desaparecidos en México. Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Michoacán y Sonora concentran la mayoría de los casos. El año más violento fue 2021, con 47 víctimas.
Otros expedientes, como el de Ricardo Arturo Lagunes y Antonio Díaz Valencia, desaparecidos en el contexto de conflictos mineros, o el de Homero Gómez, defensor de la mariposa monarca, reflejan patrones similares: procesos prolongados, detenciones parciales y ausencia de justicia integral.
El juicio contra el presunto gatillero inicia tras años de aplazamientos, amparos e impugnaciones. Liliana Velásquez continúa viviendo en la misma casa donde ocurrió el crimen; Samantha se marchó por seguridad; y el abogado encara el proceso con escepticismo.
A casi siete años de aquella madrugada en que un Nissan Sentra negro se detuvo frente a su hogar, la pregunta persiste entre familiares y defensores: ¿quién mató a Samir Flores? El juicio puede esclarecer quién disparó, pero la autoría intelectual sigue siendo, hasta ahora, una sombra sin respuesta.
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