Por Héctor García Álvarez
Saltillo, Coahuila. 05/05/25 (Más).- En una región históricamente golpeada por el crimen organizado, las Organizaciones de la Sociedad Civil (OSC) no solo luchan por promover la participación ciudadana: también resisten amenazas invisibles como el miedo, la desconfianza institucional y la indiferencia social.
La Asociación Cívica de la Laguna, fundada en 2014, en pleno auge de la violencia, es ejemplo de ello: “Cuando comenzamos, Torreón era una de las ciudades más violentas del mundo. Había miedo en las calles, pero también en la forma de pensar de las personas. La violencia genera apatía”, afirma Arturo Aranda, director de la asociación.
Esa apatía —alimentada por años de inseguridad y desilusión política— es uno de los principales obstáculos que enfrentan las OSC. Aranda lo dice sin rodeos: “La gente no creía que pudiera hacer una diferencia. Pensaban que participar era inútil o peligroso”.
Además del miedo, otro desafío constante ha sido mantener independencia frente a intereses políticos o económicos. “Hemos decidido no recibir dinero del gobierno. Eso nos permite tener una postura crítica y libre. Pero también significa buscar constantemente financiamiento entre universidades, empresas y ciudadanos”, explica Aranda.
Trabajar con jóvenes en entornos donde el crimen organizado aún tiene presencia también representa riesgos y resistencia social. “Es difícil convencer a un adolescente de que el liderazgo cívico es mejor camino cuando ha visto que otros consiguen dinero fácil con métodos ilegales. Por eso apostamos por la formación ética y el sentido de comunidad”.
Las OSC enfrentan también el reto de permanecer visibles y relevantes en medio del ruido mediático, la polarización y la desinformación. “Nuestro trabajo es de largo plazo, y muchas veces no se nota de inmediato. Sembramos liderazgos, pero a veces no vemos la cosecha hasta años después”.
A pesar de estos desafíos, los resultados existen: más de 3 mil 600 ciudadanos han sido capacitados por la asociación. Y aunque los obstáculos continúan, Aranda reitera en una visión de resistencia activa: “La violencia nos enseñó que si no participamos, otros deciden por nosotros. Y muchas veces, esos otros no quieren el bien común”, concluyó.
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