Atenas arde cada verano. La capital griega, atrapada entre montañas, sufre las consecuencias de la urbanización descontrolada y un clima cada vez más extremo. La crisis climática ha convertido la región en un polvorín: las lluvias escasean, los veranos se alargan y los incendios se vuelven más frecuentes, voraces e impredecibles.
Atenas, a la espera de la catástrofe

