La gestión de Josefa González-Blanco en la representación de México en Reino Unido derivó en un colapso institucional. La gestión quedó marcada por maltrato laboral, abuso de poder y una crisis interna
Londres, Reino Unido, 02/02/26 (Más).- Lo que se perfilaba como una elegante despedida diplomática en la Embajada de México en Reino Unido, se transformó en un colapso institucional que terminó por exponer una gestión marcada por el abuso de poder, el deterioro laboral y el desmantelamiento de la representación mexicana.
Josefa González-Blanco, embajadora desde 2021, canceló la celebración prevista para el 23 de enero de 2026 al conocerse, días antes, una investigación publicada por El País que documentó una serie de denuncias por maltrato sistemático, uso indebido de recursos, rotación arbitraria de personal y una profunda crisis interna.
El relevo en el cargo –que pasará a manos del exfiscal Alejandro Gertz Manero– llega en medio de un escándalo que arrasó con la reputación y funcionalidad de una de las embajadas mexicanas más emblemáticas en Europa.
La publicación detalla que, detrás de las puertas del número 16 de Saint George Street, en el corazón de Londres, la representación diplomática se convirtió, bajo la gestión de González-Blanco, en un espacio de inestabilidad permanente.

En cinco años, más de 40 empleados –entre personal del Servicio Exterior Mexicano, trabajadores locales y colaboradores cercanos a la embajadora– abandonaron la sede. Entre los casos extremos, se documentó la presencia de un “aviador” que cobraba sin trabajar, y la participación no remunerada de un representante de México ante la Organización Marítima Internacional, lo que incluso fue señalado como un riesgo de seguridad institucional en una auditoría oficial.
Las acusaciones no se limitan a ineficiencia administrativa. Testimonios de al menos 15 excolaboradores describen un ambiente laboral coercitivo, en el que se implementaron castigos como reubicaciones forzosas, vigilancia de correos electrónicos, aislamiento deliberado y humillaciones sistemáticas.
La embajadora y su consejero cercano, Fernando Gutiérrez Champion –identificado como su operador principal–, son señalados como responsables directos de prácticas de control extremo y abuso laboral, que derivaron en afectaciones psicológicas graves entre el personal, incluyendo crisis de ansiedad y episodios depresivos.
Desde su llegada en abril de 2021, González-Blanco implementó un estilo personalista, ajeno a los protocolos diplomáticos, centrado en la imagen pública y en la organización constante de eventos.
Según los empleados, su prioridad no era la gestión diplomática, sino la autopromoción. “Josefa solo quería pararse y tomarse la foto. Para ella, una buena gestión era que algo tuviera muchos likes en Instagram”, relató una fuente.
En 2024, por ejemplo, se registraron 108 eventos en la sede, muchos de ellos descritos como fiestas informales que exigían la asistencia forzada del personal fuera de horario laboral.
Las irregularidades llegaron a tal punto que la auditoría de la Secretaría Anticorrupción y Buen Gobierno calificó la gestión de la embajada con un 2 sobre 5, por deficiencias críticas en todas las áreas. El informe evidenció fallas en el manejo contable, contratos sin firma, bienes sin inventario, uso de credenciales tras la renuncia de personal y pagos irregulares. Estas advertencias y denuncias llegaron a manos de tres cancilleres –Marcelo Ebrard, Alicia Bárcena y Juan Ramón de la Fuente–, y fueron del conocimiento de los presidentes Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum. Ninguno actuó. De hecho, Sheinbaum llegó a avalar públicamente el desempeño de la embajadora.

Pese a esto, la presión interna continuó creciendo. La salida masiva de personal, en especial de los empleados locales –con salarios que apenas superaban el mínimo británico–, fue el resultado del desgaste acumulado por un entorno laboral tóxico. Incluso trabajadores con una década de servicio fueron despedidos sin indemnización, como el mayordomo de la residencia oficial, quien era obligado a trabajar jornadas extenuantes durante los eventos nocturnos organizados por González-Blanco.
La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia en octubre de 2024 alimentó expectativas de cambio entre el personal de la embajada. Sin embargo, no hubo modificaciones inmediatas. La embajadora intentó mejorar su relación con el personal local e hizo nuevas contrataciones, pero el ambiente ya era insostenible: empleados eran incorporados y abandonaban el cargo en pocas semanas debido al hostigamiento institucional.
La situación se agravó con el caso de un nuevo representante ante la OMI que, pese a cumplir sus funciones por un mes, nunca recibió su salario y fue apartado sin explicación, sin contrato ni protección legal. Este incidente también fue recogido en la auditoría de 2025. El derrumbe institucional de la embajada se consolidó en silencio, mientras la sede mexicana en Londres perdía relevancia política y diplomática. Lo que alguna vez fue un punto estratégico de representación frente a Europa, se transformó, bajo la conducción de Josefa González-Blanco, en un ejemplo del deterioro institucional. Su salida ocurre con una estela de impunidad, sin sanciones claras, pero con una huella profunda en la memoria de quienes trabajaron ahí.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
