Por Horacio Cárdenas Zardon
Al paso de los días, la elección del domingo 2 de junio nos parece bastante menos histórica e importante de lo que decían los directamente involucrados en ella, a saber, los que tenían empeñados sus haberes para ver si se les hacía alcanzar una mayor tajada del poder público en nuestro país que, parafraseando por enésima vez a José López Portillo, han saqueado, vuelto a saquear, y los que vienen pintan para hacer exactamente lo mismo, servirse con la cuchara grande mientras intentan convencer a la población de que son ellos los que la sirven.
A la mayoría de la gente, los que fueron a votar y los que haciendo uso de su derecho al desencanto se abstuvieron de hacerlo, se le pasó bien pronto el supiritaco. Cierto que el domingo dos, estuvieron más o menos en ascuas, ¿Quién ganaría la presidencia?, el platillo más fuerte que se rifaba en la contienda, y con menor interés en el resto de los que se estaban cocinando, pero interesados como son, o somos, hubo más gente interesada en sacarle un beneficio práctico al proceso electoral, en la forma de lograr un descuento sustancioso en una cuenta de restaurant, un helado gratis, un pastel a mitad de precio, lo que fuera. De hecho hubo quienes organizaron tours por la ciudad, y nos consta que hubo negocios, de esos que despachan por una ventanita… y no son venta clandestina de bebidas alcohólicas, que tuvieron un desfile continuo de gente desde temprano en la mañana hasta bien entrada la noche, también ellos salieron ganando de la “fiesta de la democracia”.
Pero independientemente de que quince millones de mexicanos, algunos más, se sintieron defraudados del poco impacto que tuvo la votación a favor de la candidata Xóchitl Gálvez, y de la denominada coalición fuerza y corazón por México, que desafortunadamente para ella y para ellos, no pudo entusiasmar al país con esas tres ofertas, el corazón, la fuerza y la Xóchitl, los treinta y tantos millones de electores que le dieron el triunfo a Claudia Sheinbaum estaban de lo más satisfechos, habiéndole otorgado el dos a uno no solo a la abanderada, sino un mensaje de desprecio que todavía resuena al PRI, al PAN y al PRD, el menos culpable de todos quizá, que hasta del lado de los festejantes debía estar, que hasta el registro pierde.
Esta elección nos recuerda mucho la corrida de toros, prohibida en muchos estados y en vías de levantarle el castigo en otros tantos, la gente se divierte, se emociona, se entusiasma… con el dolor y la muerte, en este caso del toro, y en el otro, en la derrota de los contrincantes, de los que además quisieran hacer cera y pabilo, pero el parecido es mayor, pues hubo suficientes actos de sangre y hechos violentos, para más señas violatorios de la ley, como para estarnos lamentando, en vez de festinando.
Hay una anécdota, vaya usted a saber si es cierta, o solo se difundió como creación de alguien para darle un toque humano, de los que por lo demás carecía, el proceso electoral del año 1994. Según esto, en el momento en el que Ernesto Zedillo, quien a la sazón era coordinador de la campaña presidencial de Luis Donaldo Colosio Murrieta, que fuera arteramente asesinado en un mitin en el barrio de Lomas Taurinas, en la ciudad de Tijuana Baja California.
Alguien le habría ido a decir que la candidatura del PRI pudiera recaer en su persona, como finalmente ocurrió, toda vez que la constitución marcaba que los aspirantes hubieran abandonado sus cargos públicos con mínimo seis meses de anticipación, lo que dejaba fuera a muchos con ganas y méritos, a lo que contestó, según la versión, Así No.
Zedillo habría dicho que sí deseaba ser presidente de la república, obvio antes candidato por su partido, pero no de esa manera, como reemplazo de un candidato victimado, que para colmo era su amigo personal, al grado que lo había hecho su coordinador de campaña, prácticamente poniéndolo en línea directa de la sucesión. Al final terminó aceptando, después de todo, la oportunidad la pintan calva, y luego de decir que no, dudo que se la hubieran vuelto a ofrecer cuando las condiciones fueran las idóneas, que nunca suelen serlo para nada.
Recordamos que uno de los últimos muertos en campaña, el aspirante a la presidencia municipal de Coyuca de Benítez, Guerrero, cuyo asesinato dio la vuelta al mundo al haber sido filmado y difundido por todos los medios. Ya no sabemos como acabó aquello, pero el partido no sabía bien a bien a quien poner como candidato sustituto, no solamente por las escasas horas que faltaban para la votación, sino porque el mensaje de los asesinos había sido bien claro, no te metas, si quieres conservar la vida.
No sé, llámenos románticos, pero algunas ocasiones hemos visto páginas de periódicos que se publican en blanco o en negro, dependiendo del gusto del editor, por las mismas razones. Cuando asesinos musulmanes atacaron la redacción del semanario satírico Charlie Hebdo, el siguiente número se publicó con las páginas en blanco, que debieron llenar sus titulares muertos; Cuando el periódico El Nacional, en Washington fue atacado por un asesino la portada se publicó totalmente en negro, en señal de luto, más o menos como apareció un periódico de Uvalde, Texas, luego de la masacre en la escuela del condado.
Era para que… allí donde hubo el asesinato de un candidato, no hubiera un candidato sustituto, y no por miedo, no por prevención, ni tampoco por la sospecha de que quien resultara electo, de ese u otro partido, estuviera ligado con los criminales, que le allanaron el camino matando a sus contrincantes. No, el mensaje debería ser que la población, la nación, el imperio de la ley, no se doblan ante asesinos.
Ya no sé si nombraran un sustituto, si decretaran la desaparición de poderes, o alguna otra solución burocrática, lo que debe transmitirse es que con las elecciones no se mete nadie, porque el que gane a través de la violencia, a ese no lo queremos.
Por lo pronto siguen enfiestados, y los políticos siguen muriendo, la primera luego de la elección fue Yolanda Sánchez, la alcaldesa de Cotija, que se negó a pactar con el Cartel Jalisco Nueva Generación, ¿cuántos más habrá?
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