Tras años de abandono, la estación ferroviaria de Ocoa, en la región de Valparaíso, ha sido revitalizada gracias a Trenzando, un proyecto cultural itinerante que transforma antiguas estaciones en centros vivos de participación y arte comunitario
Redacción Más
La antigua estación ferroviaria de Ocoa, una localidad rural ubicada al interior de la comuna de Valparaíso, ha recobrado vida tras décadas de abandono gracias al proyecto cultural itinerante Trenzando, una innovadora iniciativa que busca transformar las viejas estaciones del sistema ferroviario chileno en espacios vivos de participación ciudadana, intercambio de saberes y creación artística.
El paso de una locomotora con seis carros cargados de contenedores modificados captó recientemente la atención de la comunidad local, incluidos estudiantes de primaria que se acercaron con curiosidad para descubrir este nuevo tren que no transporta carga, sino cultura.
El proyecto ha sido impulsado por la arquitecta Daniela Gutiérrez, quien, inspirada por su experiencia en el Teatro Container de Valparaíso –una propuesta escénica basada en la reutilización de contenedores marítimos–, imaginó una forma de revivir el uso del tren como vehículo de conexión territorial, identidad y memoria.
Según recoge el diario El País, Gutiérrez comenzó a observar el movimiento de trenes de carga en antiguas estaciones, como la Maestranza Barón, durante su proceso de titulación, y se sorprendió al descubrir que aún existía una red activa de vías férreas atravesando el país.
Movida por la inquietud patrimonial y social, junto a una colega emprendió un recorrido por distintas estaciones en desuso, donde fue testigo del enorme valor simbólico que todavía conservan para las comunidades. “Fue a partir de esa experiencia que nace la idea de hacer algo. Hay un valor patrimonial y un catalizador de memoria impresionante. Y, por otro lado, hay un abandono también que contrasta mucho precisamente con este valor”, señala Gutiérrez.

El auge ferroviario en Chile se remonta al siglo XIX y principios del XX, principalmente vinculado al desarrollo de la minería y al deseo de conectar geográficamente el país. Sin embargo, con la expansión de las carreteras y la falta de mantenimiento estatal, el sistema ferroviario entró en una fase de deterioro.
Actualmente, sobreviven más de 3,000 kilómetros de vías activas, casi exclusivamente utilizadas por trenes de carga. Trenzando aprovecha esa infraestructura aún operativa para crear un circuito cultural itinerante que recorre más de 170 estaciones desde el norte hasta el sur del país, transformando estas antiguas paradas en centros comunitarios temporales.
La implementación del proyecto no fue inmediata. Tardaron varios años en consolidar la idea, formar un equipo y conseguir financiamiento. En 2016 lograron adjudicarse los recursos necesarios para iniciar formalmente su actividad y en 2018 realizaron la primera residencia en la localidad de San Rosendo, en la región del Biobío. Fue entonces cuando lograron enganchar los contenedores culturales a un tren de carga, obteniendo el visto bueno de la empresa ferroviaria, y así poner en marcha un modelo inédito en Chile: una nave cultural móvil, que contiene una cocina, un estudio de grabación, habitaciones, oficinas y un escenario, todo dispuesto sobre los rieles.
El propósito central de Trenzando es convertirse en una plataforma de cooperación territorial, que articule saberes locales, fomente la descentralización del acceso a la cultura y la tecnología, y fortalezca las identidades de territorios tradicionalmente aislados o marginados. Según Evelyn Ortiz, actriz, gestora cultural y productora general del proyecto, Trenzando no es un programa que lleva cosas, sino que busca propiciar intercambios genuinos a partir de las propias dinámicas de cada comunidad. “Es superimportante no ser paternalista con las comunidades. Nosotras facilitamos procesos”, explica.

Ortiz subraya que muchos de los pueblos que visitan han sufrido las consecuencias del abandono institucional tras el deterioro del sistema ferroviario, quedando desconectados del acceso a bienes culturales y servicios sociales. “Nosotros tenemos un quehacer cultural y social riquísimo en Chile y sobre todo en estas localidades aisladas que tienen menos acceso (…) Para mí es importante nombrarlo”, enfatiza.
El modelo ha demostrado su capacidad de generar vínculos profundos con las comunidades. Durante la actual estancia en Ocoa, por ejemplo, los vecinos han trabajado en conjunto para crear una obra de teatro comunitaria, basada en relatos locales vinculados a la historia de la estación, que será presentada en uno de los contenedores adaptados como escenario. Este proceso colaborativo se ha convertido en el sello de Trenzando: la cultura como herramienta de memoria, identidad y desarrollo.
La iniciativa realiza dos itinerancias anuales, recorriendo distintos puntos del país. Además, el proyecto ha cruzado fronteras. En 2025, el equipo realizó su primera residencia internacional en España, seguida por una muestra en Santiago durante septiembre pasado. Este viaje fue parte del programa Residencias Trenzando, una línea de trabajo orientada a fortalecer el desarrollo de músicos emergentes del ámbito urbano-rural, facilitando su participación en festivales internacionales y fomentando intercambios culturales.
Ortiz acompañó a los artistas en Europa y destaca con emoción el impacto de ver a jóvenes músicos de localidades rurales chilenas compartiendo escenario con artistas de renombre. “Yo me siento parte de una plataforma de cooperación territorial real”, afirma.

El proyecto ha captado la atención de gestores culturales y públicos en otros países como Colombia, Argentina y España, que ven en Trenzando un modelo replicable de revitalización patrimonial con fuerte énfasis comunitario. Para sus creadoras, esta iniciativa también permite visibilizar una deuda histórica del Estado chileno con las localidades que se desarrollaron gracias al tren y que fueron quedando invisibilizadas con su desaparición. “Te puedo dar un listado de muchos nombres que te aseguro que muy poca gente sabe que existen y que en algún momento fueron parte de esa línea y de una ruta. De un trayecto protagónico del país y después del desuso del tren desaparecieron”, relata Gutiérrez.
Hoy, con cada viaje, Trenzando hace reaparecer sobre los rieles un tren diferente, uno que no solo conecta geografías, sino también memorias, saberes y aspiraciones de cientos de personas que reconocen en estas estaciones abandonadas no solo ruinas del pasado, sino espacios con futuro. Con su apuesta por una cultura en movimiento, el proyecto se consolida como una de las propuestas más innovadoras del panorama cultural chileno y latinoamericano.
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