Manuel Fragoso Álvarez
Cuando los españoles llegaron a nuestro territorio, vía el Ojo de Agua, vieron un valle lleno de huertas, árboles, veneros de agua en distintas partes, un hermoso lugar para establecerse. Y como había que ponerle un nombre al lugar, pues sin quebrársela mucho dijeron pues ¡que se llame Santiago rediez!
Y es que ellos no la pensaban mucho, llegaron a Chile y dijeron -¿Cómo le ponemos? -Pues Santiago de Chile, -¿y a cuba?, -venga, Santiago de Cuba y así nos fueron llenando de Santiago los lugares en donde posaron su bota. -Oye Diego, que hay que poner una iglesia y un panteón, -¿Qué nombre le ponemos? -pues a la iglesia Catedral de Santiago y al panteón, pues panteón de Santiago. Y entonces dividieron en dos partes la pequeña villa, de la de Allende para acá, españoles, de la de Allende para el poniente los indios con sus dulces y su pan de pulque y ellos también pusieron su iglesia, San Esteban y su panteón, San Esteban digo para no andar batallando. O sea, nuestra ciudad siempre ha estado dividida, aunque hoy es más notoria esta división y ahora es entre el norte y el sur.
Este domingo pasado, luego de algunos meses de no sacar mi motocicleta, salí un rato para ver cómo andábamos en la ciudad y vaya que está muy marcado este norte y este sur. La ciudad cambia desde el boulevard Luis Echeverría (de triste memoria) hacia el norte y hacia el sur. Mientras que esas calles de abajo, que es el norte, están bien pavimentadas, con rayas blancas que delimitan espacios, con sus luces adecuadas y amplios carriles. Las de arriba, que es el sur, están maltratadas llenas de pequeños pero hondos baches, sin señalizaciones, con farolas que no encienden, solo esa absurda raya (porque confunde a los conductores) que han puesto en la ciudad y que marca la ruta de los camiones de “aquí vamos gratis”. La calle que corre desde el Luis Echeverría, hasta la Escuela de Ciencias de la comunicación es un peligro latente, no hay rayas, ni luces y hay muchos baches, por las noches pasar por ahí es todo un reto. Y no digamos de las calles del centro que no son aptas para caminar.
Y en esa absurda idea de confundir lo grandioso con lo grandote, avanzamos a pasos de gigante, pero dormido (como Zapalinamé) y la mala planificación en muchos aspectos como: la escasez de agua que nos está llegando más pronto de lo que pensábamos y los españoles siguen viendo “ojitos de agua” en algunos lados y se la apropian para vendérnosla ya sea embotellada vía la coca o por la llave y las fugas que surgen un día sí y otro no, no le dan chance al perrito premiado y costoso detector de fugas. Otro grave problema es el tráfico vehicular, pues ya no hay horas pico en la ciudad, pues todo el día es “hora pico”, ya que desde las seis de la mañana, hasta las 8 de la noche las “vías rápidas” se vuelven grandes estacionamientos (y panteones por las noches y madrugadas por tanto choque) donde cientos y cientos de personas en sus vehículos intentan llegar a sus hogares, el crecimiento desmedido sin planificación urbana y en donde se le sigue dando más importancia al coche que al peatón, es un problema real, aunado a los anteriores tenemos otros problemas que están a la orden del día: los robos, pandillas, drogadicción, sin olvidarnos de una situación a la que las autoridades no le han hecho mucho caso: el incremento en las personas, en muchos casos muy jóvenes, que se han desvivido por mano propia.
Si está bien que se cacaraqueé el huevo, pero ¿Será necesario gastar tanto en publicidad, tanto estatal como local? fotos y fotos, reportajes que hablan de los avances, de las limpiezas de plazas ¿Y las calles? Se pretende gastar un dineral en embellecer la Alameda Zaragoza, pero por qué mejor no arreglar lo que está mal y debería estar mejor, como la Ciudad Deportiva, (que el día 10 de enero amaneció con cientos de peces muertos) el Parque Venustiano Carranza y el Parque de la Aurora, que son pulmones para nuestra ciudad en donde ya está la infraestructura y a las que sólo les falta ser visibilizadas por nuestra “autoridades” para que les den su “manita de gato”.
Y por cierto una pregunta sin interés chingativo ¿Cuál es ahora ese afán de ponerle “punto” a todo? no entiendo cuál sea la lógica de esa idea, ¿Buscar una identidad acaso? Allá por Pedro Figueroa y el Colosio, muchos negocios anteceden la palabra Punto a su negocio y acá en el centro, también le quieren llamar Punto Centro. ¿O sea?
Hay muchos problemas en la ciudad, y uno muy grave es que estamos perdiendo nuestra identidad provinciana en ese afán de querer parecernos a Monterrey, perdimos el título de la Ciudad del Clima ideal, pero creamos fraccionamientos y casas cerca de la sierra, el clima cambió por la tala inmoderada de árboles, por la pérdida de huertas en nuestra ciudad para construir centros comerciales y por querer pretender ser algo que no somos.
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