Por Horacio Cárdenas Zardoni
La nota apareció en un periódico de la ciudad, una más en una larga cadena de noticias relacionadas con la violencia en centros escolares de nivel secundaria en la región sureste del estado de Coahuila, “cualquier cosa detona una pelea”, estaba cabeceada la nota de Carlos Rodríguez, con un balazo aplastante, hasta por una mirada: estudiantes.
Después de esa, aparecieron varias, una de ellas que nos pareció particularmente preocupante, en la que se reseñaba ya no solo una gresca entre jovencitos de secundaria, sino una en la que intervenían también los padres de familia, con el agravante de que estos no se agarraban entre ellos, citando la invitación coloquial de buscarse a uno de su tamaño, sino en el colmo de la degradación de una situación que ha salido de control, sino que se lanzaban contra una estudiante. La muchacha, aparentemente de catorce años, era golpeada de la peor manera no únicamente por las que pudieran ser madres de familia, sino también por hombres, supuestos paterfamilias, quienes perdían cualquier referencia a una escala de valores para golpear, primero, a una mujer, segundo a una menor de edad, tercero a una estudiante, que se podría inferir sin mayor investigación, que es compañera de uno de sus hijos. En lo que raya en depravación, uno de los sujetos incluso lanzaba una patada a la entrepierna de la chica…
Queriendo hacer el más breve de los análisis de lo ocurrido en la Secundaria General número 8, la Adolfo López Mateos, algún problema entre las adolescentes, de lo que sea, de que se caen mal, de que compiten por cualquier cosa o cualquier persona, por diferencias de opinión, por lo que se le ocurra, pasa de las palabras a las manos, y de allí a los puños, hasta allí no es diferente de lo que ocurre en cualquier otro plantel educativo, en que no es norma, pero se ha convertido en una normalidad aceptada por alumnos, familias y autoridades, de las educativas y de las legales, ¿pero qué es lo que hizo escalar la violencia entre iguales, alumnas, alumnas mujeres, a que intervinieran sus madres y luego sus padres?
En un pueblo y un país en el que todo el mundo se habla a mentadas de madre por todo y para todo, este no debería ser motivo de nada, las mismas mamás tratan así a sus hijos, ¿qué es lo que aprenden los escuincles?, y ese lenguaje y esa conducta la llevan a donde quiera que vayan, a la escuela por supuesto, así que podemos descartar que haya sido una majadería lo que desencadenó la bronca. Que una, la más maltratada, haya golpeado o jaloneado a otra, eso es probable que desencadene una agresión, pero esta suele ocurrir en los mismos términos, me jalas te jalo, me empujas te empujo, sacas una navaja… pero todavía estamos dentro de lo comprensible, ¿pero cómo explicar la conducta de los adultos presentes?
Cuando un adulto, una persona con cierta “autoridad moral”, terminajo que en este sexenio ha terminado por podrirse, presencia un pleito, lo que solía hacer, lo que solía esperarse de él o ella, era que procurara meter paz, que separara a los que se estaban bronqueando, para que no se hicieran daño y evitar que las cosas escalaran todavía más. A un adulto que mete paz, se suelen sumar otros, y así ya entre varios, por ser más, por ser más fuertes, por ser más grandes, lograban la deseada contención. Pero no fue esto lo que ocurrió ese día en la Secundaria 8… los adultos tomaron partido a favor de una chamaca y en contra de otra, a la que golpearon alevosamente. Claramente se ve en el video que lo estaban disfrutando, que no podían parar, que gozaban ya no siendo espectadores, lo común, para ser actores.
Y sí, se nos ocurre preguntar ¿qué hizo la escuincla esa para enfurecer a sus compañeras, a sus madres y padres al grado de hacerles perder la cordura y el control?, ni la defendemos ni la acusamos, simplemente no sabemos, y aunque sí supiéramos, en ningún momento se puede ceder a decir, sí, estuvo bien que la golpearan de esa manera tan poco correcta… ni en un pleito de cantina se le pega así a nadie, caray.
Hablamos de noticias y lo que hay detrás de ellas, o debería haber, luego de esta, apareció una nota de seguimiento bastante obvia, los padres de familia declaraban en torno a la bronca de la secundaria 8, de la 4, de la 2, de la Humberto Moreira, de la que sea, que estaban pensando seriamente en ya no enviar a sus hijos a ese plantel, buscarse otro en el que hubiera menos violencia, menos problemas… y otra entre curiosa y estúpida, en la cual la Sección 38 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación declaraba que ellos tenían un programa para evitar la violencia escolar… pues si lo tienen no lo sacan ni a asolear, además que el sindicato tiene poco o nada que ver en esto, quien si tiene o tendría es la autoridad educativa, la Secretaría de Educación, que ha brillado por su incapacidad para prevenir, para desactivar los problemas, y para sancionar a quienes incurren en estas conductas, esto como medida para atemorizar a otros alumnos, para que ni se les ocurra seguir el ejemplo, que a esa edad produce bastante adrenalina la imitación de actos violentos.
Sí, hay muchos análisis, muchos editoriales, comentarios de gente autorizada y de gente interesada, pero lo que falta es el reconocimiento de que el sistema educativo ha fallado, en muchas cosas, pero sobre todo en esta, no está enseñando a convivir ni los alumnos están aprendiendo a contenerse, a resolver sus problemas por otra vía que no sea la de los golpes, o su defecto, jalones, araños, mordeduras, etc.
La adolescencia es difícil, seguro que sí, siempre ha sido así, pero si la educación, el medio social para guiarla falla, los alumnos quedan expuestos a la violencia, en calidad de víctimas o victimarios, y es de lo más cómodo decir que van a hacer, y terminar no haciendo nada, hasta claro, cuando llega la sangre al arroyo.
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