Ciudad de México, 27 mar (EFE).- El banco Banorte estimó que la Copa del Mundo de fútbol de 2026, que organizan México, Estados Unidos y Canadá que comenzara el 11 de junio, aportará entre 42 y 62 puntos base adicionales al crecimiento anual del producto interno bruto (PIB) real de México.
En un análisis publicado el grupo financiero dijo que este impulso, que describió como moderado, también lo consideró tangible por su efecto en la inversión, el consumo y el turismo vinculados al torneo.
Los analistas de Banorte señalaron que dicho impacto ya está incorporado en su pronóstico de crecimiento económico del 1.8% para 2026.
El banco destacó que el país albergará 13 partidos, incluida la inauguración, repartidos entre Ciudad de México, Guadalajara y Monterrey.
Banorte explicó que el beneficio económico «no será homogéneo ni en el tiempo ni por regiones o sectores», por lo que identificó tres motores principales del beneficio económico esperado: inversión, consumo privado y turismo.
Del total del impulso previsto al PIB, calculó que entre 15 y 25 puntos base provendrán de la inversión asociada a obras y adecuaciones en las tres ciudades sede.
Entre esos proyectos incluyó la remodelación o actualización de los estadios mundialistas, mejoras en terminales aeroportuarias, trabajos de movilidad y conectividad, ampliaciones de rutas de transporte y rehabilitación de vialidades.
En la Ciudad de México mencionó, entre otras obras, intervenciones en el Estadio Banorte mejor conocido como estadio Azteca, sede de la inauguración, las terminales 1 y 2 del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, el tren ligero y corredores seguros.
Para Guadalajara refirió mejoras en el estadio, obras carretera a Chapala, líneas de transporte masivo y rehabilitación urbana.
En Monterrey contempló trabajos en la terminal aérea, Metrorrey, avenidas, camiones sustentables y renovación de espacios públicos.
Por su parte, el efecto combinado del consumo privado y el turismo explicaría entre 27 y 37 puntos base restantes del impacto total.
Banorte indicó que este cálculo considera «no solo la llegada de visitantes extranjeros, sino también el desplazamiento interno de mexicanos hacia las sedes».
Así como el gasto asociado a actividades paralelas a los partidos, como fan fests, celebraciones, restaurantes y reuniones, aunque acotado, sobre diversas categorías de bienes y servicios, y precisó que su metodología incorpora también posibles efectos de sustitución del gasto.
Durante los años en que México fue sede de la Copa del Mundo, el comportamiento de la economía mostró contrastes marcados.
En 1970, en el contexto del llamado “milagro mexicano”, el PIB registró un crecimiento real de 6.5% respecto al año previo, en medio de una etapa de expansión sostenida con incrementos cercanos al 6% y 7% anual, impulsados por altos niveles de inversión y actividad económica.
En cambio, para 1986, cuando el país volvió a albergar el torneo, la situación fue distinta, ya que el PIB se contrajo 3.7% frente a 1985, reflejo de una severa crisis económica caracterizada por inflación elevada, devaluación y ajustes estructurales, lo que limitó el impacto positivo que pudo haber generado el evento en sectores como el turismo y el consumo interno.
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