Tijuana, Baja California, 29/01/26 (Más).- A un año del inicio del segundo mandato del presidente estadounidense Donald Trump, los efectos de su política migratoria se hacen cada vez más visibles en la frontera norte de México, donde albergues como Movimiento Juventud 2000 y Embajadores de Jesús operan con ocupaciones mínimas, luego de haber recibido a miles de migrantes en años anteriores.
Ubicado a escasos metros del muro fronterizo, el albergue Juventud 2000 solía albergar a más de 300 personas, pero hoy apenas cuenta con 15, según José María García Lara, su director. “Llenábamos la cocina, la ludoteca, la despensa”, recuerda. Las familias que aún llegan lo hacen más por necesidad inmediata que con la esperanza de cruzar. Karen, una madre migrante, relata que, tras ser desalojados en Tijuana, ella, su esposo y su bebé llegaron al albergue en busca de estabilidad, no de asilo.
Bárbara Rodríguez, otra residente del refugio, cuenta que fue llevada a Tijuana con el pretexto de tratar su adicción, pero terminó en situación de calle. Después de vivir en Estados Unidos por 20 años, espera volver con sus cinco hijos, aunque por ahora se resigna a sobrevivir en el albergue mientras busca empleo.
La situación se repite en el albergue Embajadores de Jesús, el más grande del estado, que pasó de hospedar a más de 2,200 personas a solo 400. Según Janina Hofer, coordinadora del lugar, muchas de las personas que permanecen lo hacen porque ya no pueden cruzar ni regresar a sus países, principalmente por miedo. “Quienes están aquí son las personas que ya no pueden cruzar y no pueden regresar”, afirma.
Este fenómeno se acentúa con datos de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos, que reportó una caída del 88% en las detenciones de migrantes en esta frontera durante el último trimestre de 2025 en comparación con el mismo periodo de 2024, cuando Joe Biden estaba en la presidencia.
Los cambios en la política estadounidense también impactaron en la red humanitaria que opera en la frontera. Hofer señala que muchas organizaciones internacionales que solían apoyar a los albergues ya no lo hacen. La reducción de fondos de Estados Unidos a agencias como la ACNUR y la Organización Internacional para las Migraciones ha afectado directamente a organizaciones como Espacio Migrante.
Sarah Soto, directora financiera de esa organización comunitaria, explicó que en 2025 han enfrentado recortes significativos que los obligaron a cerrar servicios y reducir presupuestos para alimentos, infraestructura y artículos de higiene. «Estamos en una especie de cuerda floja», lamenta. La crisis de financiamiento, añade, comenzó desde 2024, cuando el tema migratorio comenzó a perder prioridad para los grandes donantes.
De acuerdo con el Center For Global Development, la financiación estadounidense a ACNUR en 2025 no alcanzó ni el 40% de lo otorgado en 2024. En el caso de la Organización Internacional para las Migraciones, el recorte fue aún mayor: apenas un tercio de su presupuesto anterior.
“Observamos el cierre de oficinas de algunas agencias, recorte de personal y reducción de capacidades”, confirma Soraya Vázquez, subdirectora de Al Otro Lado, organización binacional que brinda asistencia legal a migrantes. La falta de recursos y la incertidumbre política han puesto en riesgo la operación de los albergues y el acceso básico de miles de migrantes a servicios fundamentales, marcando una nueva etapa de vulnerabilidad en la frontera.
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