Tres años después de su inauguración, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles opera muy por debajo de su capacidad. Las críticas por su lejana ubicación, la falta de conectividad y un reciente veto de Estados Unidos a rutas internacionales han limitado su crecimiento como terminal aérea
Redacción Más
Con pasillos amplios, arquitectura moderna y altos estándares de operación, el Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA) se presenta como una de las infraestructuras más ambiciosas del país. Sin embargo, tres años después de su inauguración, la terminal ubicada en los antiguos terrenos de la base aérea de Santa Lucía todavía no logra despegar en términos de flujo de pasajeros.
A pesar de contar con capacidad para atender hasta 20 millones de usuarios al año, al cierre de 2024 solo registró 6.3 millones, lo que representa apenas una tercera parte de su potencial.
El desarrollo, que buscaba descongestionar al saturado Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM), ha enfrentado desde su origen críticas por su ubicación, alejada del centro de la capital, y por la limitada conectividad terrestre.
De acuerdo con un reportaje publicado por El País, usuarios como Alexis Rodríguez, en tránsito hacia Caracas, reconocen que el principal problema “es llegar acá”, aunque destacan precios más accesibles en los boletos y buenas condiciones operativas dentro de la terminal.

Para muchos viajeros, sin vehículo propio, el acceso al AIFA continúa siendo complicado, a pesar del proyecto de conexión ferroviaria con la Ciudad de México, cuya construcción ha acumulado varios años de retraso.
Las dificultades de conectividad se han convertido en uno de los principales obstáculos para el crecimiento del AIFA, sumadas ahora a un nuevo golpe: el veto impuesto por el gobierno de Estados Unidos a varias rutas de aerolíneas mexicanas, tanto en operación como en planes de lanzamiento.
Esta decisión, atribuida a supuestas violaciones de México al acuerdo bilateral de aviación firmado en 2015, representa un freno para la internacionalización del AIFA, que hasta el momento mantiene solo ocho rutas al extranjero, y cuya participación internacional representa apenas el 2.8% del total de pasajeros.
El veto estadounidense impactará directamente a aerolíneas como Viva Aerobús, que tenía previsto abrir nueve rutas internacionales desde el AIFA hacia ciudades clave como Los Ángeles, Nueva York, Miami y Houston.
Para usuarios como Ricardo Moreno, originario de Ecatepec y viajero frecuente hacia Texas, la medida representará una afectación directa: “Yo viajo desde aquí por comodidad y si ya no se puede, tendré que regresar al aeropuerto de la Ciudad de México. Sería un poquito estresante”.
Estados Unidos ha justificado su decisión argumentando que las restricciones impuestas por México –como la reducción de slots en el AICM y la prohibición de vuelos de carga en esa terminal desde 2022– han afectado la operación de sus aerolíneas.

Washington ha advertido que el levantamiento de las restricciones dependerá de que el gobierno mexicano revierta esas decisiones. La presidenta Claudia Sheinbaum, por su parte, defendió el traslado de los vuelos de carga al AIFA, destacando que se trata de una medida sustentada en criterios de protección civil y rechazó que haya afectaciones a la competencia estadounidense.
Mientras tanto, el AIFA ha encontrado en el movimiento de carga un nicho estratégico. Con 447 mil toneladas movilizadas durante 2024, el aeropuerto lidera a nivel nacional este segmento, beneficiado por el decreto de 2023 que prohibió los vuelos de carga en el AICM y obligó a las empresas a trasladar sus operaciones a Zumpango.
La infraestructura aduanera del AIFA ha sido equipada con tecnología de punta, como máquinas de rayos X, arcos de revisión y múltiples recintos fiscalizados, lo que ha permitido consolidar esta vocación logística.

A pesar de su reconocida calidad arquitectónica y operativa –el aeropuerto ha sido sede de visitas de jefes de Estado, artistas internacionales y figuras del deporte–, la consolidación del AIFA como terminal de pasajeros aún enfrenta retos importantes. La escasa participación en vuelos internacionales y la dependencia de transporte privado para acceder a la terminal alejan por ahora el escenario de los 20 millones de viajeros anuales.
Con un futuro que depende en gran medida de factores externos –como las decisiones de gobiernos extranjeros, la finalización del tren suburbano o el interés sostenido de las aerolíneas–, el AIFA continúa en una etapa de definición. Para muchos, aún queda en el aire la pregunta de si se trata de una obra de visión de largo plazo o de un costoso capricho de sexenio.
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