Ciudad de México, 18/02/26 (Más).- El uso de la fracturación hidráulica para extraer gas natural en México quedó oficialmente sobre la mesa. La presidenta Claudia Sheinbaum reconoció que la técnica, conocida como ‘fracking’, sí es un tema a discusión, al admitir que el país debe evaluar alternativas para reducir su alta dependencia del gas importado desde Estados Unidos.
De acuerdo con información publicada por El País, la mandataria confirmó que su gobierno analiza la viabilidad de aprovechar yacimientos de gas no convencional mediante un grupo de especialistas que revisará si es posible aplicar la técnica con menores impactos ambientales. “Un grupo de trabajo de expertos que vea si es factible el gas no convencional con reciclaje de agua, con el uso de otros químicos que no tengan los impactos ambientales que tenga la fractura hidráulica. Todo el gas que importamos de Texas viene de la fractura hidráulica. Pero está en estudio todo esto”, declaró.
México importa alrededor del 75% del gas natural que consume, principalmente desde Texas, donde la producción se disparó gracias al desarrollo del shale mediante fracking. La paradoja, según el análisis, es que el país ha rechazado públicamente esta técnica mientras depende del gas producido bajo ese método en territorio estadounidense.

Durante años, el fracking fue señalado en el discurso oficial como símbolo del extractivismo, debido al uso intensivo de agua, aditivos y químicos, así como al riesgo de contaminación de acuíferos y posibles sismos inducidos. La actual apertura representa un giro respecto a la postura de la llamada Cuarta Transformación, que había mantenido una negativa política a esta práctica.
El contexto energético presiona. Petróleos Mexicanos enfrenta el declive natural de campos convencionales y una deuda superior a los 84 mil millones de dólares. La empresa produce alrededor de 4 mil 500 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, pero la mayor parte se destina al autoconsumo en sus propias instalaciones, dejando un margen limitado para el mercado interno.
El debate cobra relevancia tras episodios como la tormenta invernal de 2021 en Estados Unidos, que interrumpió el suministro de gas hacia México y provocó aumentos en los precios de la electricidad. Frente a ese escenario, el Gobierno busca fortalecer la llamada soberanía energética sin abandonar los compromisos ambientales que han marcado la trayectoria de Sheinbaum, quien ha destacado por su formación en temas de cambio climático.
La presidenta no habló de reformas legales ni de permisos específicos, pero la sola mención de estudiar el gas no convencional con técnicas “mejoradas” envía una señal a la industria.
El eventual desarrollo del shale en el norte del país implicaría inversiones significativas, regulación ambiental estricta y un costo político ante sectores que han hecho del “no al fracking” una bandera. Por ahora, el tema queda abierto a discusión técnica y científica, en medio de una tensión entre autosuficiencia energética y responsabilidad ambiental.
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