Por Horacio Cárdenas Zardoni
Esta historia que le vamos a reseñar de manera muy sucinta, apareció en el último número de Texas Observer, una publicación electrónica de gran tradición y prestigio no solo en el estado en que se asienta, sino a lo largo de la frontera conjunta entre Estados Unidos y México, al documentar con gran profundidad y acuciosidad temas de la realidad compartida, y no solo en asuntos de internacionales y de comercio, sino culturales, familiares, ambientales, de migración, de contaminación, entre muchos otros. Esta que les vamos a platicar nos llamó la atención especialmente por el enorme, casi que desmedido entusiasmo que ha generado en amplios sectores de población la llegada de la empresa Tesla al municipio de Santa Catarina, Nuevo León, de la que se espera que tenga un tremendo impacto en lo social, económico, laboral y otros muchos aspectos en la sociedad de la región sureste de Coahuila, en el muy corto plazo.
El reportaje firmado por’Gus Bova, lleva el encabezado de Él falleció ayudando a construir la Giga fábrica de Tesla. Tesla no lo comunicó a las autoridades locales, y hace referencia a la historia de Antelmo Ramírez, un hombre de 57 años de edad, originario de Nuevo León, pero que laboraba legalmente desde hacía años en los Estados Unidos. Ramírez estaba contratado, como tantos otros, en lo que serían las instalaciones de la planta de la empresa Tesla en las cercanías de Austin, tenía un día apenas empleado para laborar en la construcción de estructuras de madera para el vaciado de concreto.
El hecho ocurrió el 28 de septiembre de 2021, un día no particularmente caliente en la región, el termómetro marcaba 96 grados Fahrenheit, el equivalente a 35.5 grados centígrados a cielo abierto, nada comparado con los rigores del verano que compartimos en Coahuila y Texas. Antelmo Ramírez comenzó a sentirse medio mal, como solemos nosotros describir esas condiciones, a eso de las tres de la tarde, sus compañeros de cuadrilla notaron que parecía estar desorientado. Como primera medida lo subieron a una camioneta con el aire acondicionado prendido, durante unos diez minutos, pero Antelmo no mejoró siguió confuso y diciendo incoherencias. Visto esto, el supervisor de la obra lo condujo hasta un consultorio móvil, instalado a un par de kilómetros del lugar, donde el trabajador tuvo una crisis convulsiva, vomitó y quedó inconsciente. Personal paramédico de Tesla pidió el auxilio de los servicios de emergencia poco antes de las 4 de la tarde, proporcionándole por lo pronto resucitación cardiovascular, respiración asistida y hasta un choque desfibrilador. Cuando llegaron los ambulantes del cuerpo de bomberos de Austin, le siguieron dando atención médica, tratando de controlar su temperatura corporal, que subía y bajaba dramáticamente, en el último momento lo colocaron en una bolsa llena de hielo para bajarle la temperatura, pero no respondió. Para las 5:02 de la tarde, fue pronunciado muerto.
La autopsia a Antelmo Ramírez reveló como causa del fallecimiento hipertermia, término médico para referirse a lo que conocemos coloquialmente como golpe de calor, y que explican como la temperatura corporal anormalmente elevada, que sobrepasa la capacidad del cuerpo para autoenfriarse, y que literalmente colapsa los órganos internos en pocos minutos.
Hasta aquí la historia de un mexicano que se fue a Estados Unidos a trabajar, allá logró el sueño americano de tener una estancia legal, encontrar trabajo más o menos bien remunerado, a pesar de su edad, relativamente avanzada, ya quisiéramos ver aquí cuántas empresas contratan personal que se acerca a los sesenta años, su organismo simplemente no logró adaptarse a los rigores del trabajo a cielo abierto.
El reportaje de Texas Observer comenta que, a pesar de lo chocante del incidente, los fallecimientos en el trabajo son algo hasta cierto punto rutinario en Texas, de hecho tiene el estado el poco honroso título de ser el más mortífero para los trabajadores en general, y en particular para aquellos dedicados a la construcción, siendo el calor, sí el calor, uno de los factores más significativos, aunque poco reconocidos, en la enfermedades, accidentes y fallecimientos en el trabajo. Así de rudo es trabajar en Texas, que, repetimos, no es muy diferente de laborar en amplias regiones del estado de Coahuila o del norte de México.
El reportaje de Gus Bova continúa para comentar que cuando Tesla llegó a Texas en el año 2020 para la construcción de su Giga fábrica, y la reubicación de su corporativo al condado de Travis, ya traía una larga historia de violaciones a la regulación de seguridad de los trabajadores, acompañado de alegados de no reportar los accidentes a las autoridades, ni en California ni en Nevada.
Pese a que organizaciones laborales hicieron sonar la alarma, y que los gobiernos municipales llegaron a acuerdos con la empresa para reforzar la seguridad de los trabajadores en la empresa, a cambio claro, de algunas consideraciones de tipo fiscal, el caso de Antelmo Ramírez, que Texas Observer investigó durante casi medio año, expone la realidad de la inseguridad para los trabajadores manuales, esto de parte de la autoridad, y de parte de la empresa… su poco apego a cumplir con su obligación de reportar los accidentes de acuerdo a la normatividad existente, que como suele pasar aquí también, suelen pensar que está allí para incomodarlos y para sacarles dinero, y no para la adecuada protección de los trabajadores, que al final del día, le evita complicaciones administrativas y legales a las compañías.
Hasta aquí el comentario del artículo del Texas Observer, para el que recomendamos una lectura detenida, dadas las implicaciones que puede tener en el corto plazo para las personas que se acerquen buscando y consigan un empleo en Tesla, en sus subsidiarias y sus contratistas.
La cuestión no es menor. Todo el mundo habrá escuchado, aunque sea de pasada, el trato que dio Elon Musk, el dueño de Tesla y ahora también de Twitter, a los empleados de esta última compañía. Casi que se convirtió en chisme los niveles de exigencia con los que llegó el nuevo patrón, bueno, exigencia con los pocos a los que no despidió nomás llegando, y a los que sí se quedaron, dos de cada diez, los sentenció a que nada de homeoffice, nada de pensar en otra cosa que fuera la empresa, para la que demandaba horario completo, desde que amanece hasta que se oculta el sol. Eso para una firma de alta tecnología, del ramo de comunicaciones interpersonales, sonó fuera de lugar.
Tesla tiene otro giro, en tanto fábrica, es muy exigente con horarios, productividad, cosas así, pero… ¿hasta donde se puede exigir y hasta donde queremos apegarnos a esos esquemas que sobrepasan hasta lo que está uno dispuesto a dar y sacrificar por una compañía, por bien que pague, lo que además está por verse? No buscamos predisponerlo, solo informarle de lo que hay, y en esto de Tesla, hay de más.
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