Lo que le pasó al “berdejismo”

Por Enrique Abasolo

La caída de ese efímero movimiento que fue el “mejíaberdejismo” dejó sin embargo a mucha gente suspirando en la orfandad (“sospirando”, dijo el Piporro).

Y es que más tardó en perfilarse el subsecretario de Seguridad Pública como posible contendiente a la Gubernatura Coahuilense, que los morenistas coahuilenses en treparse a las sillas voladoras.

De hecho, más rápido le desmantelaron el tinglado al señor don “Acapulco” Berdeja que en terminarse el quinto de las dichosas sillitas, por lo que todavía hay muchos dando vueltas, clamando en redes al mismísimo presidente que “reconsidere” su decisión. 

¿Qué decisión? Pregúntame yo, si se supone que el precandidato por Morena fue determinado por un ejercicio estadístico, es decir, una encuesta que señala al empresario y caricatura de Rius, Armando Guadiana, como el mejor posicionado para contender.

Pese a que tal ejercicio fue un claro ejemplo de la discrecionalidad y opacidad características del “cuatroteísmo”, es altamente probable que el resultado de un sondeo en efecto arroje que al senador y magnate hombre de negocios dueño de media Ciudad Sarape como el político coahuilense de Morena más presente en la memoria del electorado, lo que sin embargo, no lo vuelve un mejor candidato, pues “conocerlo” no significa intención de voto. Incluso, me atrevo a decir que muchos no votarán por Guadiana precisamente porque lo conocen.

La fuerza de Mejía Berdeja radicaba principalmente en que parecía gozar de la venia presidencial. Parecía tocado por el dedo del Altísimo de Macuspana y eso le generaba la unidad de todo el morenismo coahuilteca y a su alrededor se fue formando lo que se conoce como “la cargada” el diario El País describe maravillosamente como el tropel triunfalista que anima y apuntala los propósitos y proyectos del presumible sucesor al poder.

Insisto, no fue ni el carisma, ni las posibilidades de Mejía Berdeja, ni mucho menos sus incipientes dotes como bailarín de Tik Tok, sino lo que parecía ser el más diáfano consentimiento presidencial, pues de otra manera es difícil explicar que un subsecretario de su gabinete estuviera haciendo descarada y onerosa precampaña sin que nadie le jalase las orejas o los “destos”.

Este indicador no es poca cosa, pues los desfiguros del gabinete le pasan factura directa al Jefe del Ejecutivo, pero, más allá de que al Presidente todo se le resbala y tiene una respuesta cínica y socarrona para librarse de cualquier cuestionamiento, Mejía Berdeja no habría hecho publicidad, marchas, mítines, reuniones y desfiguros bailando “la ratita que le gusta el mambo” sin la anuencia -tácita al menos- del tata grande.

Las señales eran claras… o al menos eso se deben estar repitiendo todavía las viudas del “berdejismo”, que plañen por “el que iba a ser, pero no fue”.

¿Qué pasó?

Pasa algo que he venido repitiendo por décadas sin que nadie me haga caso: Que Coahuila no tiene la menor relevancia electoral.

Claro que nos encanta hacerle al onanismo mental, elucubrando en cada ocasión cómo desde el centro, los amos del ajedrez político se disputan con maestría de campeones esta hermosa, bella, valiosa y estratégica pieza llamada Coahuila de Zaragoza.

Y no hemos querido reconocer jamás que somos un pinche peón de los que se sacrifican sin mucho pensárselo.

No se confunda, no significa que al interior, el “priato” esté decidido a defender su último bastión con sangre, sudor, lágrimas y otros fluidos corporales más asociados al delicioso. Incluso puedo asegurar que el último priista que quede en el Estado se aventará desde el balcón del Palacio de Gobierno, cual Juan Escutia, antes de que un Gobernador Morenista profane con su planta su suelo.

Eso probablemente llegue a suceder, pero no será en esta elección.

Pero que la Gubernatura de nuestra Entidad sea muy invaluable para los locales, no significa que a los del centro les quite el sueño.

¿Qué paso?

Pasó una de dos cosas. Usted decida qué:

Siendo AMLO todo un demócrata, permitió que el proceso siguiera su curso y que la preferencia marcara la ruta a seguir por su partido de cara al proceso electoral del próximo año. O bien:

Siendo AMLO un viejo ladino y colmilludo en lides electoreras, pactó con el priismo para dejarlo tranquilo, tumbó la precandidatura de Berdeja y colocó a un impresentable electoral como Guadiana (no tuvo que imponerlo, sólo tuvo que escoger un método de selección en el que resultara favorecido, en este caso, la encuesta directa: “¿Conoce a Guadiana?”).

¡Pues claro que lo conocemos! Si hasta tiene una frase célebre que es del dominio público y que seguramente será el epitafio que se leerá en su lápida: “¡Honrado, honrado, lo que se dice honrado…!”.

Coahuila es más valioso para el Presidente “a cambio de algo”, respaldo legislativo, lo más probable, para sus proyectos y reformas que reiteradamente se han quedado atorados.

Y no es que Berdeja caminara por la libre rumbo al Palacio Rosa, pero logró convencer a propios y extraños de que iba en serio a dar la pelea, lo suficiente para que los morenos se entusiasmaran y los tricolores se pusieran a la defensiva.

El candidato Guadiana es la clara señal de que Morena dobló en Coahuila las manos para que, en los oscurito, López le cobre el favor al viejo y maltrecho Revolucionario que en preservar esta gubernatura se le va la vida, se lo juega todo.

Nosotros, los coahuilenses, como el slogan de aquel fiasco fílmico, Alien vs. Depredador, “gane quien gane, nosotros salimos perdiendo”.


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