Por Horacio Cárdenas Zardoni
Mas Información lleva la cuenta en su edición diaria, 93, 100, 101, 105, … días sin que se rescaten los cuerpos de los mineros que quedaron atrapados en la mina El Pinabete en el municipio de San Juan de Sabinas, tantos días sin que se avance en el proceso para llevar a la justicia a los responsables del accidente, los verdaderos responsables, no a los pobres cuates cuyo único pecado es el de haber servido de prestanombres de gente de mucho dinero que sabe que están haciendo las cosas de manera indebida, tantos días sin que se les haga el acto de justicia elemental a los deudos de entregarles el cuerpo de su ser querido para darle sepultura, ni justicia económica para sustituir de alguna manera el ingreso que perdieron con el accidente y fallecimiento del único sostén o uno de ellos, todos indispensables, de la casa.
De parte de la autoridad lo que se recibe, lo que se llega a saber, es un tráfico de millones y más millones de pesos que lo único que hacen es que las personas cercanas y lejanas a la cuestión, nos preguntemos ¿realmente la operación de El Pinabete, un pozo minero sin mayor trascendencia en la economía de la Región Carbonífera de Coahuila, valía tantísimo dinero?, claro, esto es lo que se lee en boletines oficiales que es lo que reproduce la prensa, porque de allí a que la el presupuesto, los contratos, la inversión, se transformen en acciones, hay un trecho que por momentos parece insalvable.
En días pasados apareció una nota en uno de los periódicos de la Región Carbonífera, en la que se recogían testimonios de personas cercanas, dolorosamente cercanas al otro gran accidente minero que ha merecido cobertura mediática en las últimas décadas, el de Pasta de Conchos. Según información proporcionada a los reporteros por parte de algunos deudos de los 63 mineros cuyos cuerpos todavía permanecen sepultados en lo que fue la Mina 8 de la explotación de Grupo Minero México, los trabajos para el supuesto rescate llevan un retraso que ellos estiman en un año. Citando alguna fuente interna, oficial o no, el comentario es que de momento los trabajos están detenidos porque falta combustible para mover los equipos…
Lo que falta es Diésel, ah, es una aseveración cualquiera, que podemos dar por buena sin mayormente ocuparnos de ella, de no ser por el pequeño detalle de que… ¿cuánto dinero cuesta tener una máquina allí, nomás parada?, hay equipos sumamente costosos utilizados en minería y en general, en obras de ingeniería civil, máquinas dedicadas a los famosos movimientos de tierra, cuya renta se tasa a veces en dólares, o aunque fuera en pesos, pero cuya operación se pacta por horas, tantas horas de trascabo, tantas horas de retroexcavadora, tantas horas de barrenadora, a tantos miles de pesos o de dólares la hora, cuesta tanto dinero. Ahora, el dinero hay que pagarlo tanto si la máquina se utiliza como si no, ya la programación del trabajo, la organización de los insumos, trabajadores, desalojo de materiales y demás, corre por cuenta del contratante, en este caso el gobierno federal, que se comprometió a realizar el rescate en Pasta de Conchos, como luego, no hace mucho, también lo hizo con las víctimas de El Pinabete.
Desconocemos los detalles técnicos, esencialmente porque no los han dado a conocer, y sospechamos que tampoco será por dolo, sino porque simplemente carecen de ellos. Lo que se ha difundido es que en el momento de ocurrir la explosión en Pasta de Conchos, los mineros que quedaron atrapados estaban laborando en una veta ubicada más o menos a ciento cincuenta metros de profundidad. En El Pinabete la profundidad era menor, pero tampoco despreciable, sesenta metros, cuando sucedió la inundación.
Sin ser mineros, pero con la enseñanza del propio presidente de la república Andrés Manuel López Obrador para quien siempre está a la mano la expresión ¿qué tanta ciencia se puede necesitar para…?, pues para remover tierra y mineral de carbón, 150 metros en un caso y 60 en el otro?, como todo se le hace fácil a la gente que no tiene idea de lo que habla, aunque sea el que toma las decisiones, para el caso de El Pinabete se tomó la resolución de hacer una extracción de tipo cielo abierto, o sea, llevar a cabo un embudo por cuyas paredes se pueda ir bajando maquinaria pesada hasta llegar a la profundidad deseada. Esto ofrece la enorme ventaja, que no le escapó a los negociantes, de que todo el carbón que se extrajera del tajo, podía ser vendido al cliente único, curiosamente también el encargado de la obra y de realizar el financiamiento de la misma, la Comisión Federal de Electricidad. Que claro, no todo es carbón, ojalá lo fuera, y además que fuera no bituminoso de la calidad del de la Cuenca de Río Escondido… lástima que no lo sea, pero de todos modos, es mineral que se puede meter a quemar sin mayor trámite.
Pues ni con eso avanzan los trabajos a la velocidad que deberían, la CFE mueve sus licitaciones más con fines político electorales que en función de sus requerimientos de carbón para sus plantas generadoras, de cumplir la orden del presidente, que a su vez se comprometió con los deudos de Pasta de Conchos, de que antes de terminar el sexenio se habría logrado el rescate, eso es pecata minuta, ¿y cómo no?, si los cuatro mil millones de pesos estimados en la operación son suficientes para romper cualquier promesa.
Para 2023 están comprometidos dos mil millones para ambos rescates. Tan solo en El Pinabete se licitaron trabajos por más de seiscientos millones, cantidad desproporcionada, que sin embargo se pagaría en parte, o toda o hasta con ganancia con el carbón extraído y comercializado, queremos pensar.
Pero nomás se habla de dinero, se reiteran los compromisos, pero en realidad se avanza poco, en El Pinabete llevaban menos de diez metros de profundidad cuando suspendieron la excavación, en teoría, porque ya habían concretado la primera fase, sin que nadie supiera bien a bien qué comprendía, como tampoco, cuántas fases serán en total.
Ya solo le quedan dos años al sexenio, y los movimientos de tierra y agua se retrasan, tanto, que tenemos la impresión de que no quieren llegar a donde ellos mismos han de tener la certeza de que no van a encontrar nada.
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