Ciudad de México, 02/11/26 (Más).- La decisión del Gobierno mexicano de retirar los teléfonos celulares de las aulas a partir del próximo 3 de noviembre y reforzar la vigilancia de los contenidos digitales dirigidos a menores ha colocado en el centro del debate el uso de dispositivos móviles, las redes sociales y sus efectos en la convivencia de niños y adolescentes, ante el incremento del aislamiento social y la reducción de sus círculos de amistad.
De acuerdo con información publicada por El País, un estudio sobre las relaciones sociales de estudiantes mexicanos documentó una disminución en el tamaño de los grupos de amigos después de la pandemia de COVID-19, así como un aumento en el número de menores que no tienen amistades dentro de sus escuelas. La tendencia forma parte de las preocupaciones que llevaron a las autoridades federales a impulsar medidas para limitar el uso de celulares en los planteles y supervisar los contenidos digitales.
Las cifras recopiladas por Francisco Zataráin, especialista en Desarrollo Humano de la Universidad Iberoamericana, muestran que hace seis años los grupos de amigos en las escuelas estaban integrados por un promedio de 4.8 estudiantes, mientras que después de la pandemia la cifra descendió a 2.9 integrantes.
El mismo análisis encontró que, en una medición realizada el año pasado, 38 por ciento de los niños no tenía ningún amigo dentro de su escuela, lo que representa casi cuatro de cada 10 estudiantes. Los resultados reflejan cambios en las formas de convivencia y socialización de los menores, particularmente entre quienes cursaron sus primeros años escolares durante el confinamiento sanitario.
El fenómeno también se observa en los hogares. Madres de familia consultadas por el medio describieron que sus hijos pasan buena parte de su tiempo libre en sus habitaciones, utilizan videojuegos y plataformas digitales para relacionarse y mantienen una convivencia presencial más limitada que la que experimentaron generaciones anteriores.
Uno de los casos expuestos es el de María José Sánchez Ramírez, de nueve años, quien cursa cuarto grado de primaria en una escuela pública de la Ciudad de México. La menor identifica únicamente a dos compañeras como sus amigas y calcula que puede pasar alrededor de siete horas utilizando el teléfono celular, además de interactuar con otros niños mediante videojuegos como Roblox.
Otro caso es el de Samael Martínez, también de nueve años, quien mantiene un círculo reducido de amistades en la escuela y distribuye su tiempo libre entre la televisión, los videojuegos y sus juguetes. Su madre considera que el menor tiene dificultades para relacionarse con otros niños y señala que las condiciones de seguridad también han modificado las posibilidades de convivencia fuera de casa.
Las experiencias familiares coinciden con los datos sobre conectividad infantil. De acuerdo con cifras de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), el porcentaje de niños mexicanos de entre seis y 11 años que utilizaba internet aumentó de 53 por ciento en 2016 a 81 por ciento en 2025.
Entre los adolescentes de 12 a 17 años, el acceso pasó de 85 a 94 por ciento durante el mismo periodo, lo que evidencia la presencia cada vez mayor de las plataformas digitales en las actividades cotidianas de la población menor de edad.
La conectividad también ha transformado la manera en que los menores construyen sus relaciones. Según datos del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) citados en el reportaje, 40 por ciento de los niños conversa con desconocidos en internet. Una proporción similar de menores de entre 11 y 15 años, de acuerdo con tendencias internacionales, ha conocido en línea a personas a las que considera sus amigos, aunque nunca haya tenido contacto presencial con ellas.
La psicoterapeuta Xóchitl Padilla, de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), explicó que las relaciones digitales funcionan para muchos niños y adolescentes como una extensión de su vida cotidiana, por lo que los vínculos establecidos en internet pueden adquirir una importancia semejante a los que desarrollan cara a cara.
Sin embargo, advirtió que las comunidades digitales también pueden reforzar sentimientos de aislamiento e incomprensión, especialmente cuando los algoritmos conducen a los usuarios hacia espacios donde se reproducen discursos de odio, frustración y violencia.
La preocupación de las autoridades mexicanas también está relacionada con la aparición de comunidades digitales que promueven conductas violentas. El reportaje señala que durante el último año se registraron en México tres episodios en los que agresores escolares idolatraron o imitaron a jóvenes responsables de ataques masivos en centros educativos, principalmente en Estados Unidos.
En esos espacios digitales se reproducen referencias a agresiones escolares, discursos misóginos y contenidos que glorifican a quienes han cometido ataques. Entre las prácticas identificadas se encuentran la difusión de fotografías de armas, la exhibición de vestimentas y la publicación de planes de agresión, con referencias al ataque ocurrido hace 27 años en la secundaria Columbine, en Colorado.
Ante esta situación, la presidenta Claudia Sheinbaum anunció que los teléfonos celulares serán retirados de las aulas a partir del 3 de noviembre y firmó un decreto dirigido a reforzar las obligaciones de las empresas tecnológicas respecto a la supervisión de contenidos que promuevan la violencia.
La disposición establece que las plataformas digitales deberán retirar cuentas y publicaciones que promuevan o generen violencia, verificar la edad de sus usuarios, clasificar los contenidos de acuerdo con los rangos de edad y proporcionar herramientas de supervisión para madres, padres y tutores.
Entre las empresas involucradas se encuentran Microsoft, Apple, Google, X, Huawei y Meta, propietaria de Facebook, Instagram y WhatsApp, las cuales solicitaron un plazo de un mes para realizar las adecuaciones correspondientes a sus sistemas.
El decreto no contempla, por el momento, sanciones por incumplimiento y permite que las compañías adapten sus mecanismos para atender las nuevas disposiciones. La medida forma parte de la estrategia gubernamental para incrementar la protección de niñas, niños y adolescentes frente a contenidos digitales que puedan representar un riesgo.
Además de los riesgos relacionados con la violencia, especialistas advierten sobre los efectos que puede tener la exposición prolongada a las pantallas en el desarrollo de habilidades sociales. Un estudio de Naciones Unidas señala que pasar demasiado tiempo frente a dispositivos puede dificultar la interpretación de gestos y señales no verbales, capacidades necesarias para reconocer emociones y desarrollar empatía.
Las interacciones presenciales, el juego y la convivencia con otros niños son actividades que contribuyen al desarrollo emocional y social durante la infancia. Su desplazamiento por el entretenimiento digital puede reducir las oportunidades de practicar estas habilidades.
De esta manera, el reto para las autoridades, las escuelas y las familias no se limita a restringir el uso de teléfonos móviles, sino también a atender los cambios en las relaciones sociales de los menores, en un país donde el acceso a internet continúa creciendo y las plataformas digitales ocupan una parte cada vez mayor de su vida cotidiana.
Descubre más desde Más Información
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
