El expresidente pretende fijar las coordenadas doctrinales e históricas de la Cuarta Transformación. También, confirma las percepciones de un mando bicéfalo. De esta forma, parece condicionar el margen de maniobra de la presidenta. Y, además, intenta desmarcarse de los escándalos de corrupción e investigaciones internacionales que cercan a su círculo cercano
Por: Jorge Arturo Estrada García
Andrés Manuel López Obrador ratificó su “retiro” de la política activa tras casi 50 años de trayectoria. Él señaló que trata de evitar actuar como “cacique, jefe máximo o poder tras el trono”. Sin embargo, con un extenso video, produce el efecto opuesto y establece las percepciones de que sí ejerce un poderoso tutelaje, simbólico por lo menos, sobre Palacio Nacional.
Desde su mensaje, en YouTube, y al presentar su libro “Pueblo”, pretende fijar las coordenadas doctrinales e históricas de la Cuarta Transformación. Con sus pronunciamientos confirma las percepciones de un mando bicéfalo. De esta forma, parece condicionar el margen de maniobra de la presidenta. Y, además, intenta desmarcarse de los escándalos de corrupción e investigaciones internacionales que cercan al círculo obradorista.
El tabasqueño establece, también, un desafío diplomático. Asimismo, intenta desarrollar una narrativa defensiva ante la Casa Blance. Así, la reaparición del exmandatario, añade tensión a la agenda bilateral con Estados Unidos. López Obrador rechazó abiertamente la política de “mano dura” de Washington, acusando a las autoridades estadounidenses de eludir las causas estructurales de la adicción y la desintegración familiar de ese país. Este tono, parece estar enmarcado por la revocación del visado a su hijo, Andrés Manuel López Beltrán, y las pesquisas sobre la red de “huachicol fiscal”.
El exmandatario usa su mensaje para descalificar a las indagatorias de agencias extranjeras, como simples «calumnias» o “maniobras politiqueras”. Sin embargo, esta agresividad en el tono está lejos de desactivar el conflicto. Por el contrario, este posicionamiento podría endurecer la postura de figuras clave en Washington como Marco Rubio y Donald Trump, quienes analizan la crisis mexicana en el marco de su seguridad nacional.
El ataque a la prensa, y el aval a la censura previa, muestran su talante radical. Un segundo impacto, central del discurso, reside en su agresiva embestida contra el periodismo, al tildar a algunos medios de comunicación mexicanos de «neofascistas» y comparar sus métodos de difusión crítica con la propaganda nazi de Joseph Goebbels. Entonces, López Obrador busca descalificar de raíz los documntados reportajes periodísticos que han expuesto la corrupción de su entorno cercano.
Esta, amplia, retórica opera de facto como un respaldo ideológico a las medidas de contención institucional impulsadas por el régimen, tales como los lineamientos de monitoreo del Instituto Nacional Electoral (INE) para sancionar la ironía y censurar términos como “narcopartido” o “narcogobierno” de cara al proceso electoral de 2027.
Es claro que, AMLO, se constituye como una sombra transexenal. El mensaje evidencia sus nulas intenciones de realizar un retiro silencioso. Su video pretende preservar la narrativa moral del movimiento y escudar a su entorno familiar frente al escrutinio estadounidense. Además, intenta obligar al gobierno federal, a absorber de lleno los costos políticos y diplomáticos del sexenio anterior. Sus palabras generan las percepciones de que, López Obrador, permanece como el centro de gravedad del cual dependen la disciplina interna de Morena, y también, los límites de la relación bilateral con Estados Unidos. Los escenarios se ponen más intensos. Veremos.
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