Escrutinio
Por Rodrigo Morales M.
En Venezuela, aquel país cuyos gobernantes presentaban como una sociedad paradisiaca y justa, aquel que discursivamente se caracterizó por una férrea y retadora resistencia al imperialismo y siempre denunció los riesgos de la injerencia extranjera, ha suscrito uno de los convenios más leoninos con su histórico rival.
En efecto, a finales del mes de agosto pasado se dio a conocer un acuerdo en el que Venezuela cede el control a Estados Unidos del 20 % de sus reservas petroleras a cambio de casi nada. Es un espejo en el que pronto nos podríamos ver si no enmendamos nuestros términos de relación. Veamos.
Un problema que se ha acentuado es que el México que se mide no coincide con el México que se narra. Mientras que prácticamente en todas las mediciones internacionales (índices construidos a partir de información pública comparable) nuestro país ha retrocedido, por ejemplo, en calidad de la democracia, en competitividad, en la percepción de corrupción, en seguridad, en calidad de vida, en acceso a la justicia y un largo etcétera, en la narrativa local del segundo informe no hay área en la que no hayamos mejorado.
Nuestro enemigo el negacionismo
Es un mensaje efímero, omiso en muchos datos, cuando no abiertamente falso, y cuyo destinatario central es la militancia de Morena. Los demás no estamos incluidos. Pretender que el México realmente existente es esa ilusión óptica que se quiere vender desde la presidencia es un riesgo mayúsculo y es una falsa defensa de la soberanía.
La soberanía no radica en proteger delincuentes, o en ignorar la descomposición y corrupción de muchos de los aliados de la coalición gobernante. El negacionismo al avance de la delincuencia organizada no solo nos vulnera más, sino que tampoco permite recuperar territorios, negocios o la vida cotidiana. Ahí es donde más urge recuperar la soberanía.
Por mucho tiempo Venezuela se gobernó desde el fanatismo ideológico y la polarización y hoy parece estar en el peor de los mundos: ni recuperó la democracia y, en cambio, acentuó la pérdida de soberanía. Reitero, el fanatismo y la negación de la realidad no son el mejor camino para preservar la soberanía. Ojalá la presidenta pueda reconstruir un pragmatismo que nos proteja eficazmente de los embates de Trump.
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