Cuatro Poderes
Por Jorge Arturo Estrada García
La fractura es evidente. La unidad en Morena está en riesgo. La presión estadounidense es enorme. López Obrador requiere conservar el poder en el país y no lo quiere dejar escapar. La corrupción y las ambiciones desbordadas corroen a la Cuarta Transformación. Los casos de Andy, el Huachicol Fiscal y de Rubén Rocha Moya revientan como volcanes. En medio de la tormenta, surgen los “destapes” de 17 aspirantes a gobernadores, guindas, con miras a la mega elección de junio del 2027.
La cabeza fría no funciona, en medio de escándalos de corrupción y ambiciones desmedidas. La impunidad ya desgastó al movimiento. Sin calidad moral, su choque contra Estados Unidos afecta, cada día, más a México. El tratado comercial, T-MEC, tan vital para el país, está en suspenso. La renegociación avanza lenta.
El sector radical del obradorismo y el propio Andrés Manuel, están molestos con la guerra que sostienen, contra la delincuencia, desde el Palacio Nacional y Omar García Harfush. También repudian los halagos que, el secretario de seguridad, recibe de parte de parte de las autoridades del vecino país y su presencia en la reunión del Escudo de América.
Simultáneamente, el “héroe Rocha Moya”, fue derribado de su pedestal. El hermano” sinaloense, del presidente, ha sido denostado en coro por los morenistas. Los mismo que gritaban: “No estás solo” hasta hace unos días das.
Así, ante la mirada de los vecinos, el regreso de Rocha Moya, a la gobernatura, tuvo que ser repudiado. El senador Enrique Izunza, no pide licencia, pero también se sale del grupo legislativo guinda y se declara “independiente”. La presión estadounidense es enorme. Los pecados políticos guindas también. Están azorados y asustados.
Sin embargo, los ambiciosos políticos 4T andan en busca de huesos. En este contexto de fragilidad institucional, en Morena se ha desatado una verdadera guerra interna por las mega elecciones de 2027. Militantes y diversos precandidatos han impugnado “los sesgados criterios de las encuesta”. Rechazan que estas midan exclusivamente el «nivel de conocimiento», pavimentando el camino para perfiles con pésima fama pública, corrupción o vínculos cuestionables.
La estrategia de la «zanahoria y garrote» de Estados Unidos, ha agudizado las pugnas internas en el gabinete y en el movimiento guinda. Mientras, la DEA, a través de su director Terry Cole, acusa de narcoterrorismo a diversas redes del morenismo, Cole elogió públicamente al secretario de Seguridad mexicano, Omar García Harfuch, llamándolo un «socio de confianza». Este tema ha provocado recelo del ala radical de Morena, que acusa a Harfuch de ser sumiso con Washington, además de desatar intrigas con otros miembros del gabinete.
Para intentar mitigar el impacto de las filtraciones judiciales transnacionales y de corrupción que amenazan, y ya afectan, la credibilidad del régimen, el gobierno federal ha endurecido su cerco interno. La Presidencia ha impulsado la controvertida «Ley de Audiencias» o «Ley Mordaza», diseñada para castigar financieramente con multas grandes a la prensa libre que publique filtraciones o trascendidos de corrupción oficial.
Adicionalmente, en vísperas de las elecciones de 2027, la consejera jurídica Luisa María Alcalde ha recurrido a la estigmatización pública de periodistas críticos para intentar forzar la autocensura. Vienen cosas interesantes. Veremos.
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