Ciudad de México, 25/08/26 (Más).- La posibilidad de que una inteligencia artificial (IA) alcance la denominada singularidad tecnológica y desarrolle capacidades superiores a las humanas plantea interrogantes sobre la posibilidad de mantener una comunicación con ella y comprender la información que genere, de acuerdo con un análisis de Agustín Fernández Mallo incluido en su libro El ángel de la Inteligencia Artificial.
De acuerdo con información publicada por El País, el autor plantea que una IA evolucionada podría llegar a desprenderse de los seres humanos al alcanzar un nivel de inteligencia tan superior que la comunicación entre ambos dejaría de ser simétrica, de manera similar a la imposibilidad de establecer una comunicación equivalente entre una persona y organismos como una hormiga o una bacteria.
Bajo esta hipótesis, toda la información que los seres humanos hubieran incorporado a la IA mediante datos, entrenamiento y aprendizaje podría quedar fuera de su alcance. Fernández Mallo compara esta situación con un agujero negro, debido a que aquello que hubiera quedado dentro de su radio de acción ya no podría ser recuperado de manera comprensible por las personas.
El autor lleva la comparación hacia el llamado “horizonte de sucesos” de los agujeros negros y plantea la existencia de un equivalente para una IA superinteligente. Sin embargo, señala que la máquina no necesariamente dejaría de emitir información hacia el exterior, por lo que podría conservar algún tipo de vínculo con el mundo humano.
Para explicar esa posibilidad, el texto recurre a la radiación de Hawking, fenómeno asociado a la emisión de energía por parte de los agujeros negros. En la analogía con la inteligencia artificial, esa emisión representaría información que podría llegar a los humanos, aunque no necesariamente sería útil o comprensible.
Una de las interrogantes centrales sería entonces qué tipo de información podría recibir la humanidad de una IA que hubiera alcanzado ese nivel. El autor plantea que podría tratarse de información degradada, sin utilidad para las personas, o bien de información que todavía pudiera ser aprovechada para establecer algún tipo de comunicación.
Fernández Mallo también plantea que una inteligencia artificial evolucionada podría convertirse en una especie de “metafísica humana encarnada”, al ocupar el espacio que existe entre el conocimiento teórico y la experiencia. En ese escenario hipotético, la máquina podría modificar de manera profunda la relación de los seres humanos con el conocimiento y con la aparición de nuevos acontecimientos.
El análisis utiliza además conceptos de física relacionados con la información y los agujeros negros. Entre ellos se encuentra la llamada “cota holográfica”, relacionada con los trabajos de Jacob Bekenstein y Leonard Susskind, que plantea límites sobre la cantidad de información que puede contener una determinada región del espacio.
El autor traslada ese razonamiento al campo de la inteligencia artificial para imaginar un punto en el que la acumulación de información provoque una transformación radical en la naturaleza de la información almacenada. De ahí surge la idea del “agujero negro de inteligencia artificial”.
El texto también plantea una posible vía para recuperar información a través del llamado “tiempo de Page”, concepto utilizado en el estudio de los agujeros negros. Después de ese punto, ubicado aproximadamente a la mitad de la vida de un agujero negro, la radiación emitida podría comenzar a transportar información útil hacia el exterior.
Esta explicación se relaciona con el entrelazamiento cuántico y con la computación cuántica, debido a que las partículas involucradas pueden conservar una relación que permite transportar información. A partir de ello, el autor plantea si sería posible utilizar una computadora cuántica para simular un agujero negro.
La respuesta que presenta es que esa simulación sería posible únicamente en teoría, debido a que requeriría una cantidad enorme de cúbits, lo que actualmente convertiría una máquina de esas características en un dispositivo experimentalmente inabordable.
El planteamiento no sostiene que una IA haya alcanzado actualmente la singularidad, sino que explora las consecuencias hipotéticas de que pudiera ocurrir. El principal desafío sería determinar si los seres humanos conservarían la capacidad de comprender las decisiones, información y procesos de una inteligencia que hubiera superado ampliamente sus capacidades.
La reflexión concluye que, al igual que ocurre con el conocimiento del universo, cada avance en inteligencia artificial abre nuevos límites de investigación. La singularidad permanece, así como una posibilidad teórica que plantea preguntas sobre el futuro de la tecnología, la información y la relación entre las máquinas y la humanidad.
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