Además de reducir el apetito y favorecer la pérdida de peso, algunos usuarios de medicamentos de la familia de los agonistas del receptor GLP-1 han reportado apatía, aislamiento y menor interés por actividades que antes disfrutaban. El fenómeno, denominado informalmente “personalidad Ozempic”, ha sido relacionado con posibles alteraciones en los circuitos cerebrales de recompensa
Madrid, España, 22/08/26 (Más).- El uso de Ozempic y otros medicamentos de la familia de los agonistas del receptor GLP-1 ha transformado la manera en que muchas personas enfrentan la diabetes tipo 2 y, de forma paralela, la pérdida de peso. Sin embargo, junto con la reducción del apetito y del llamado “ruido de comida”, algunos consumidores han comenzado a describir cambios emocionales, sociales y conductuales que van más allá de comer menos, entre ellos pérdida de interés por actividades cotidianas, menor entusiasmo, aislamiento y una sensación generalizada de indiferencia.
De acuerdo con información publicada por El País, testimonios de usuarios y especialistas han puesto sobre la mesa un fenómeno conocido de manera informal como “personalidad Ozempic”, expresión utilizada para describir una aparente disminución del placer y la motivación entre algunas personas que reciben este tipo de medicamentos. No se trata de la llamada “cara Ozempic”, asociada con cambios físicos visibles después de una pérdida acelerada de peso, sino de posibles modificaciones en la manera en que determinados pacientes experimentan actividades que antes les resultaban gratificantes.
El fenómeno ha sido relacionado por algunos testimonios con la anhedonia, entendida como la incapacidad o dificultad para sentir placer. Personas que utilizan estos medicamentos aseguran que actividades como comer, hacer ejercicio, reunirse con amigos, mantener relaciones personales, practicar pasatiempos o incluso contemplar situaciones que anteriormente les producían satisfacción han perdido parte de su atractivo. Aunque estas experiencias no permiten establecer por sí mismas una relación causal con el medicamento, han impulsado nuevas preguntas sobre su posible influencia en los mecanismos cerebrales de recompensa.

La periodista Katie Glass relató que, después de utilizar Ozempic, además de perder peso comenzó a experimentar una marcada indiferencia hacia aspectos de su vida que antes disfrutaba. “¿El sol? Me daba igual. Los atardeceres se volvieron indiferentes. Incluso admirar mi cuerpo recién delgado en el espejo resultaba un poco aburrido. Me arrebató mi habitual optimismo”, escribió al describir su experiencia. También señaló: “Sí, perdí un par de kilos en pocos meses, pero también perdí mi vida social”, al explicar que buena parte de sus encuentros con otras personas estaban relacionados con compartir alimentos.
Una experiencia semejante fue descrita por la dietista Summer Kessel, quien habló públicamente sobre los cambios que percibió mientras utilizaba un medicamento GLP-1. “Pierdes un poco la chispa de la vida. No sientes emoción por nada. Pierdes la emoción que da comer saludable, ir al gym, hacer las actividades que amas”, explicó. En su caso, incluso el ejercicio, que consideraba una de sus grandes pasiones, comenzó a resultarle menos estimulante, mientras que su interés por preparar y consumir alimentos disminuyó de manera considerable.
Los relatos se multiplican también en plataformas como Reddit, donde usuarios de estos tratamientos han descrito apatía, irritabilidad, tristeza, falta de motivación y una reducción del interés por relaciones personales, deportes, trabajo, lectura, series de televisión, reuniones familiares o actividades recreativas. Algunos aseguran que la disminución del apetito terminó acompañada por una pérdida más amplia de entusiasmo, al grado de tener que obligarse a realizar labores cotidianas o preferir permanecer aislados después de cumplir con sus obligaciones laborales.
Entre esos testimonios aparece también la percepción de que el efecto no se limita exclusivamente a la comida. Una persona escribió: “Ahora, ni siquiera las actividades que antes me daban un feedback positivo y me gustaban —comida, ejercicio, quedar con gente, sexo, hobbies, videojuegos— me dan la recompensa suficiente para seguir haciéndolas”. El mismo usuario señaló que, aunque había conseguido perder una cantidad importante de peso y experimentado pocos efectos secundarios físicos, consideraba significativo el costo psicológico asociado con la falta de satisfacción emocional.
Una de las hipótesis que se estudian plantea que los mismos mecanismos mediante los cuales estos fármacos disminuyen el deseo de comer podrían influir también en otras conductas vinculadas con el sistema de recompensa cerebral. Bajo esa explicación, la reducción del placer asociado con determinados estímulos podría ayudar a entender no solo la pérdida de interés en la comida, sino también los reportes de personas que afirman haber reducido conductas relacionadas con el consumo de alcohol, drogas, pornografía o juegos de azar mientras recibían medicamentos de este grupo.

Daniel Drucker, endocrinólogo canadiense considerado una de las figuras fundamentales en el desarrollo científico que condujo a estos tratamientos, ha explicado que el placer relacionado con la comida comparte características con otros comportamientos reforzados por los circuitos cerebrales de recompensa. “Lo que parece hacer el GLP-1, tanto si se trata de esa persona que adora la paella como de quien fuma o consume alcohol o cannabis, es que reduce el nivel de placer que se obtiene”, señaló. También advirtió que todavía no existe evidencia científica suficiente para determinar con precisión el alcance de estos efectos.
El debate cobra relevancia porque Ozempic fue autorizado para el tratamiento de adultos con diabetes tipo 2, aunque la popularidad de los medicamentos de esta familia ha crecido de manera notable por su capacidad para favorecer la pérdida de peso. Su expansión se produce además en un contexto cultural en el que la delgadez extrema vuelve a ocupar espacios destacados en la moda, las redes sociales y la conversación pública, alimentando preocupaciones sobre el uso de tratamientos médicos con objetivos principalmente estéticos y sin una valoración adecuada de sus posibles consecuencias.
La búsqueda de un cuerpo más delgado puede llevar a algunas personas a considerar aceptables efectos que alteran su bienestar cotidiano. Mientras ciertos usuarios deciden abandonar el medicamento al sentir que la apatía, el aislamiento o la pérdida de placer afectan demasiado su calidad de vida, otros optan por continuar debido a los resultados obtenidos en la báscula. Estas decisiones muestran que el impacto de los tratamientos no puede evaluarse únicamente a partir de los kilos perdidos, sino también tomando en cuenta el estado emocional, las relaciones sociales, los hábitos y la percepción de bienestar.
Los testimonios disponibles no significan que todas las personas que consumen Ozempic desarrollarán anhedonia o sufrirán cambios de personalidad, ni permiten concluir que el medicamento sea responsable directo de cada experiencia relatada. Sin embargo, sí refuerzan la necesidad de mantener vigilancia médica, estudiar con mayor profundidad sus posibles efectos sobre el sistema de recompensa cerebral y valorar cualquier cambio importante en el ánimo, la motivación o la conducta durante el tratamiento. A medida que estos fármacos se vuelven más populares, el análisis de sus beneficios deberá avanzar acompañado de una discusión igualmente amplia sobre sus efectos físicos, psicológicos y sociales.
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