Ciudad de México, 20/08/26 (Más).- Mientras 29 países respaldaron en la Organización de los Estados Americanos (OEA) la convocatoria a cancilleres para analizar la crisis política de Nicaragua, el gobierno de Claudia Sheinbaum optó por abstenerse y justificar su posición en los principios constitucionales de autodeterminación y no intervención, aun después de que Daniel Ortega anunciara que no habrá elecciones en ese país.
De acuerdo con información publicada por Infobae, Sheinbaum defendió este jueves la actuación del representante mexicano ante la OEA, Alejandro Encinas, y sostuvo que la posición de México no depende de simpatías personales ni de que los funcionarios estén de acuerdo con las decisiones adoptadas por el gobierno nicaragüense.
La mandataria afirmó que se trata de una postura determinada por los principios constitucionales que rigen la política exterior mexicana.
La presidenta explicó que la decisión “va más allá de si estamos de acuerdo o no” con lo que ocurre en Nicaragua y señaló que ni su opinión, ni la de Encinas ni la de otros integrantes de su administración debe determinar el sentido del voto mexicano en organismos internacionales cuando están de por medio los principios de autodeterminación de los pueblos y no intervención.
La abstención ocurrió el miércoles 19 de agosto durante una sesión extraordinaria del Consejo Permanente de la OEA, en la que se discutió una propuesta promovida por Estados Unidos para convocar a los cancilleres del continente y revisar la situación nicaragüense. La iniciativa fue aprobada por 29 países; Brasil votó en contra, México se abstuvo y dos representaciones estuvieron ausentes.
Durante la sesión, Encinas argumentó que la situación interna de Nicaragua no constituye una amenaza para la paz o la estabilidad continental y advirtió que la estrategia promovida por Washington podía provocar una mayor desestabilización. Con esa posición, México evitó tanto respaldar la convocatoria como rechazarla abiertamente, pese al amplio apoyo que recibió la iniciativa entre los integrantes de la organización.
Sheinbaum también descartó que su gobierno pretenda buscar directamente al presidente nicaragüense para abordar la crisis. Al ser cuestionada sobre la posibilidad de establecer un diálogo con Ortega respondió de manera categórica: “No, no tendríamos por qué”. Insistió en que el comportamiento de México ante la OEA corresponde a obligaciones de política exterior y no a una defensa personal del mandatario centroamericano.
El contexto de la discusión es la decisión del régimen nicaragüense de prolongar su permanencia en el poder. Daniel Ortega gobierna Nicaragua desde 2007 y desde 2017 comparte el Ejecutivo con su esposa Rosario Murillo, quien inicialmente se desempeñaba como vicepresidenta. En 2025 fue aprobada una reforma constitucional que extendió el periodo presidencial y convirtió a Murillo en copresidenta, sin una elección específica para ocupar ese nuevo cargo.
Las elecciones generales estaban previstas originalmente para noviembre de 2026, pero tras las modificaciones constitucionales fueron trasladadas a noviembre de 2027. El escenario se agravó el pasado 19 de julio, cuando Ortega anunció que “no habrá” elecciones, una declaración que llevó a Estados Unidos a promover una reacción formal dentro de la OEA.
Un primer intento para llevar el tema a una reunión de cancilleres ocurrió el 5 de agosto, pero no llegó a votarse por falta de apoyos suficientes. Dos semanas después, la propuesta consiguió una amplia mayoría de 29 votos, aunque México mantuvo una posición distante de la condena impulsada por la mayoría de los países participantes.
Aunque Nicaragua formalizó su salida de la Organización de los Estados Americanos en noviembre de 2023, Estados Unidos sostiene que la organización conserva facultades para analizar la situación debido a que las consecuencias políticas y democráticas del caso constituyen un asunto de interés hemisférico. El gobierno mexicano, en cambio, ha privilegiado el argumento de no intervención para evitar respaldar acciones dirigidas contra el régimen de Ortega y Murillo.
La postura mexicana generó especial atención porque la convocatoria promovida en la OEA no implicaba una intervención directa en Nicaragua, sino reunir a los ministros de Relaciones Exteriores para analizar la situación política del país después de que su gobierno cancelara la celebración de elecciones. México, sin embargo, decidió mantenerse al margen de los 29 gobiernos que consideraron necesario avanzar con esa discusión.
Desde la óptica planteada por Sheinbaum, el comportamiento diplomático mexicano responde a una tradición constitucional que impide intervenir en los asuntos internos de otras naciones. La mandataria sostuvo que ese principio debe aplicarse independientemente del gobierno involucrado y rechazó que la decisión de abstenerse pueda reducirse a una posición personal frente a Ortega.
La oposición nicaragüense en el exilio celebró la votación de la OEA como una victoria diplomática frente al régimen, mientras Rosario Murillo respondió calificando de mercenarios y traidores a sus adversarios. En ese escenario, México quedó fuera del bloque mayoritario que decidió impulsar una discusión regional sobre la cancelación de elecciones y la continuidad de Ortega y Murillo en el poder.
Con su abstención, el gobierno de Sheinbaum evita confrontar directamente a Nicaragua y sostiene que la autodeterminación debe prevalecer sobre cualquier valoración acerca de la situación política interna. La decisión coloca nuevamente a la política exterior mexicana ante el debate sobre los límites entre la no intervención y la respuesta internacional frente al debilitamiento de procesos democráticos en gobiernos latinoamericanos políticamente cercanos a la izquierda.
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