Apuntes para el insomnio
Manuel Fragoso Álvarez
En mis mocedades, cada que salía de vacaciones de la escuela, que eran casi tres largos meses, mi abuela materna empacaba las maletas y nos íbamos al país vecino, a Mission Texas para más señas. Y ahí pasaba mis largas vacaciones. Todos los días era lo mismo, dormirse a las ocho de la noche, despertar a las siete, desayunar salchichas (que no me gustaban) con huevo, wafles y un vaso de leche, jugar con el gato, sentarte a ver las caricaturas que eran en inglés y era todo. No había ni un parque cercano, ni niños jugando en la calle, es más, ni una tiendita cercana. La ciudad era fría y los barrios solitarios. El domingo era asistir al culto (yo era católico por mi abuela, pero mis parientes no) y por la tarde a las “vistas” o sea al cine, donde también todo era en inglés. Pero como nosotros estábamos en “casa ajena” pues respetábamos su idioma, la comida su religión y sus reglas.
Y yo creo que así debe de ser, cuando alguien te invita a su casa debe de haber un mínimo de respeto por su idioma, su religión y su cultura en sí. Pero he estado leyendo, tanto en la prensa escrita como en la famosa Red, cómo una comunidad entera está entrando como inmigrantes a muchos países y quieren imponer sus reglas propias.
Personas que han tenido oportunidad de viajar y visitar diferentes países, comentan que no te puedes meter a ciertos lugares si no vas vestido en forma adecuada, no puedes usar short o blusas sin manga y en algunos lugares tienen que cubrir tu cabeza y hasta usar abaya, jilbab o chador para entrar.
Este grupo que menciono, no tiene compatibilidad con los países a los que han llegado, pues están peleados con todos por su ideología teocrática, sus valores y su cosmovisión. Ellos no desean una fusión ni mucho menos integrarse, ellos quieren llegar y apropiarse del espacio que se les ha otorgado.
Y es verdad que la inmigración ha existido desde siempre y en todo el mundo, nuestro país ha recibido: españoles, árabes, palestinos, judíos, musulmanes y gente de distintos países del orbe, que huyen de su país, ya por la violencia, persecución política o ideológica o simplemente para tratar de mejorar su condición económica buscando un mejor futuro para su familia, pero nunca había sido tan intensa como ahora, miles y miles llegan a Europa, Asia, Estados Unidos, Australia, Canadá y a otras decenas de lugares.
Y en varias ciudades de Europa, han llegado a colonizar no a adaptarse, la identidad europea, dicen sus políticos, se encuentra en peligro porque culturalmente Francia por ejemplo, ha sido un estado laico por antonomasia, donde se supone que lo más importante es la república, pero al haber tantos inmigrantes musulmanes que no desean una cultura de asimilación, sino que buscan a toda costa de romper la hegemonía europea y tratan de que sean ellos los que se sometan a su ideología. No hay una integración en la sociedad de acogida y rechazan el modo de vida de la comunidad que habitan: desean comida especial en las cafeterías de las escuelas (comida halal), piden que haya más maestros que en las escuelas impartan más ideas sobre su religión, quieren que en los distritos escolares se les permita a las mujeres el uso del hiyab, así como la adaptación del horario escolar para la hora de la oración y desechan la ciencia por la religión.
En Nueva York, que votaron por un alcaide musulmán, los ciudadanos están desesperados, pues oyen las campanas que suenan cinco veces al día y ven como se postran sin importar el lugar en donde se encuentren. Además, les han incrementado los impuestos para “ayuda social”, misma que ha sido rebasado pues no posible completar con todos los apoyos que se han brindado. El estilo de vida estadounidense está siendo vulnerado según las propias palabras de los residentes.
Muchos jóvenes nacidos en Europa, pero con ascendencia musulmana, ven su religión como más importante que la república y para ellos es más significativo seguir las leyes del islam que las del gobierno. El islamismo no sólo es fe, sino que es todo un sistema político completo, combinan: activismo, caridad y para obtener lo que buscan, estrechan vínculos con grupos radicales extremistas. Estos son individuos o grupos que defienden cambios drásticos o fundamentalistas en la sociedad, rechazando las normas democráticas y los valores de tolerancia. Estas ideologías están presentes en diversos espectros políticos y religiosos, a menudo justifican o fomentan la violencia y la intolerancia para lograr sus objetivos, en sí, esta penetración es una amenaza política, no es solo una religión es todo un proyecto completo.
Muchas personas consideran que estas personas son de derecha, pero se equivocan, han venido coqueteando con la izquierda woke porque les ha permitido introducir sus ideas en una comunidad, reciben ayuda económica de países de medio oriente (Marruecos, Argelia, Turquía) y el apoyo irrestricto de Human Rights Watch así como de otras ONG en el mundo y así han logrado posicionarse en los lugares a donde llegan.
En Francia Hay cientos viviendo en multifamiliares, recibiendo ayuda del estado como: salud, vivienda, educación y alimentación, hay barrios completos en donde la policía no puede entrar porque “ahí mandan ellos”. Los jóvenes que profesan esa religión, se sienten más atraídos por ella que sus antecesores, se definen más practicantes y dos de cada tres rezan varias veces al día, en sus barrios tienen un fuerte sentido de pertenencia y se encierran en su comunidad por tener un fuerte sentimiento de exclusión.
En un estudio demográfico, se analizó el impacto de la movilidad humana migrante y se encontró un crecimiento poblacional altísimo para el año 2050 en todo Europa. ¿Cuál sería la solución? ¿Frenar la inmigración como piden los políticos? ¿Permitir la entrada libre a todos los que lleguen, aunque esto implique una serie de gastos que metería más en problemas a las autoridades al no poder cubrir las necesidades de la población? ¿Ser más selectivos para admitir quienes desean ingresar a un país? Toda una cuestión difícil de abordar.
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