PALO DADO


Por Horacio Cárdenas

Antes se solía decir que el pueblo mexicano era, a saber: futbolero y guadalupano, también de que somos bastante briagos, nos burlamos de la muerte, y somos fiesteros cuando hay fiesta, y flojera cuando no la hay. Esa es más o menos la idiosincrasia del pueblo mexicano, en dos o tres pinceladas. A eso le podemos agregar algunos lugares comunes, como que el himno nacional es el segundo más bonito del mundo, que como México no hay dos, que Tabasco es un edén, y otras por el estilo, que redondean en algo nuestros defectos, más que nuestras cualidades, y ya entrando en materia de lo que nos interesa, es sabido que la legislación mexicana es la más moderna del mundo… al tiempo que es también letra muerta, pues en este país de impunidad, ¿qué importa que las leyes sean nuevas u obsoletas, si de todos modos nadie está en riesgo de ser sancionado con la aplicación de ellas?, lugar común que ah, cómo nos ha hecho daño al paso del tiempo, y que nos tiene en la actualidad al borde mismo de la ingobernabilidad.
Todas las leyes son importantes, el solo hecho de que tengan ese carácter ya establece que forman parte del entramado legal que le da sustento, coherencia y cohesión a la sociedad mexicana. Sí, hay algunas que son más relevantes, otras que pueden parecer menos, pero a la hora de buscar su cumplimiento por parte de quienes son “sujetos obligados”, así sean todos los ciudadanos del país, no se puede privilegiar: estas leyes sí, y estas no importa que no se cumplan, allí las podemos dejar a un lado para que cuando estén mejor las cosas, ahora sí se apliquen. Entre las leyes que se deben aplicar al dedillo, sin dejar pasar una sola omisión, están en nuestra opinión, las que regulan los procesos electorales en el país y en las entidades federativas.
Tan sencillo como que la legislación electoral es la que garantiza la transmisión de poderes dentro del marco establecido por la constitución, ya sabe, lo de democrático, representativo, republicano, federal y cuanta cosa más. La transición entre los que están y los que van a llegar, entre los que se van y los que vienen, es algo que debe darse en condiciones de absoluta transparencia ¿por qué?, pues por la sencilla razón de que el poder público y su derivación en poder económico, es algo que seduce a muchos, a demasiados, gente que está dispuesta a hacer prácticamente lo que sea con tal de hacerse de una porción, grande o pequeña, de aquel, y por prácticamente hay que entender muchas veces, el violar las leyes.
Ahora que estamos en plena época de precampañas por la gubernatura del estado de Coahuila, parece que a nadie se le ha ocurrido echar un vistazo a lo que dicen la ley federal y las estatales en materia de calendarios de promoción de los aspirantes, que todavía no candidatos ni precandidatos. Y si se les ha ocurrido y se han dado cuenta de que no están todavía habilitados de andar grillando como lo andan haciendo, es el momento de echar a volar la imaginación, contratar a los más avezados mapaches, conocedores de la cosa política, para que las cosas se hagan, sin que por ello parezca que se están haciendo, para que los dineros se gasten a carretadas, sin que de la impresión de que se ha invertido un solo centavo… como si el Instituto Nacional Electoral y su contraparte estatal, se estuvieran chupando el dedo.
Ah porque otra obviedad, a grandes males, grandes remedios. Así como los políticos se sienten unas verdaderas piolas para sacarle la vuelta a la ley, para engatusar a los potenciales electores y hasta en el colmo de su histrionismo circense, hasta para llevar a votar a los abstencionistas irredentos, así las autoridades electorales han diseñado estrategias precisamente para la contención de lo otro. Según el sapo es la pedrada, dice la sabiduría popular, y siendo tan tremendamente grande el sapo, se han puesto a labrar verdaderos peñascos con los cuales despanzurrar a los más imponentes anfibios.
Con todo lo que la cuarta transformación odia al Instituto Nacional Electoral, este se colgó dos medallotas en el proceso electoral de hace un par de años, cuando por un hecho tan nimio como no haber entregado los comprobantes de gastos de precampaña, cuando todavía no había precampaña según ellos, les bajó la candidatura a los candidatos de MORENA a los gobiernos de Michoacán y Guerrero, causándoles una muina monumental no solo a estos, sino casi un aneurisma, o quítele lo de casi, al presidente Andrés Manuel López Obrador, quien en el caso de Félix Salgado Macedonio, se la tenía prometida a su compadre y amigo del alma. El INE se fajó contra las prácticas gansteriles, y todo fue porque… pues porque caray, estos fulanos creen que la ley está pintada.
Por distintos rumbos de Coahuila han aparecido espectaculares de supuestos, o reales, medios de comunicación, en los que se promocionan entrevistas que alguna vez le hicieron a aspirantes del mismo partido aquel, de MORENA, pero ahora a la gubernatura de Coahuila, Ricardo Mejía Berdeja y Luis Fernando Salazar. Perdón, hay que replantear lo dicho, los medios de comunicación existen, las entrevistas ponga que se hayan realizado, pero lo de la propiedad o la renta de los espectaculares es lo que es objeto de cuestionamiento.
¿Qué curioso, no?, los medios de comunicación circulan como dios les da a entender, impresos, por radio, por televisión, por medios electrónicos, como sea, ah, pero en llegándose el tiempo de elecciones, aparecen en anuncios espectaculares, mientras más grandes, mejor, pero, cosa de fijarse bien, lo que destaca en los anuncios de El Soberano y de Nueva Era, no son los nombres de estos medios, sino las carotas de los políticos, que se sienten que su mero nombre no basta para ser conocidos, deben ser reconocibles y reconocibles allí donde se lleguen a plantar, de allí que pongan su mejor cara, es un decir, su mejor fotografía, la que transmite a quien la ve la honradez, la seriedad, el compromiso, el bla bla bla, porque ya sabemos que en estos tiempos, con fotoshop y sin fotoshop, las fotografías son posadas, y que se toman doscientas antes de elegir aquella con la que se sienten más bonitos, la que va a obnubilar a los electores a tal grado, que los hará votar por ellos.
Sí, el medio de comunicación busca la entrevista, hay que llenar la edición con algo, eso no cuesta o cuesta poco, ¿pero el espectacular?, ese sí que cuesta un billete, billete que debe estar contemplado, reportado, aprobado, y si excede… pues para que se atengan a las consecuencias. ¿Se sienten muy piolas Mejía Berdeja y Salazar con sus espectaculares, que se brincaron la ley, que le están llegando desde ya a los electores? La idea no es nueva, se ha usado aquí y en otros estados, ¿pero ya les dijeron que también eso entra como gasto de campaña auditable? No les vaya luego a caer de sorpresa que los bajen del cuaco.


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