26/05/26
Por Heriberto Medina
Tufo a campaña en la zona universitaria
Un penetrante tufo a campaña orquestada recorre la zona universitaria del bulevar Venustiano Carranza. En el fondo, la pugna es por el control de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad Autónoma de Coahuila, hasta hace algunos años la joya de la corona universitaria. Y como dijo Jack el Destripador: vamos por partes.
Primer acto: Se quiere llevar
La Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC está en época electoral. Se disputa la dirección el grupo que la dirige actualmente, encabezado por Alfonso Yáñez Arreola, quien a finales de 2023 y principios del 2024 le disputó a Octavio Pimentel la candidatura a la Rectoría. Esa circunstancia lo convirtió en el enemigo público número uno de quien despacha en la esquina de González Lobo y Venustiano Carranza. Desde entonces cariño no se tienen.
A Yáñez Arreola se le atribuye haber filtrado información que hacía ver a Pimentel como un hombre violento con las féminas. Seguramente esos episodios aún están presentes en la memoria del rector, quien ve ahora la oportunidad de quitarle, de una vez por todas, ese coto de poder.
En las universidades, igual que en la política, los puestos no son simples nombramientos: implican manejar la matrícula, disciplinar grupos, operar estructuras internas, repartir presupuesto y, en los hechos, disputar el rumbo de la institución. En ese tablero, la Facultad de Jurisprudencia, por su peso histórico y simbólico, es la joya de la corona.
Lo verdaderamente alarmante de esta situación —y lo que eleva el caso a nivel de escándalo— es que los problemas no se abordan para corregir el rumbo o fortalecer a la institución, sino que se utilizan deliberadamente como armas para desgastar al rival.
Bajo esta lógica, la disputa se entiende de forma directa y sin rodeos: es el choque entre un grupo empeñado en retener el control de la facultad y una rectoría que aprovecha la crisis actual como la coyuntura ideal para inclinar la balanza del poder interno a su favor.
Segundo acto: El que se ríe se lleva
Desde ayer llegó a las redacciones de los periódicos locales una información que, por el olor, parece impulsada desde rectoría. El protagonista es Óscar Nájera Davis, candidato a la dirección de la Facultad de Leyes y, evidentemente, parte del grupo de Yáñez Arreola. En el video aparece Nájera Davis haciendo lo que se conoce como “un Hidalgo”: vaciándose un largo chorro de tequila, directo de la botella a la garganta.
La información ya de suyo resulta atractiva para los medios y con un empujoncito pues más aún y seguramente ese empujoncito llegó desde rectoría.
No es la primera vez que un candidato a director comparte una borrachera con alumnos buscando simpatías. La diferencia es que hoy vivimos en la era donde hay más celulares que botellas. Y en una fiesta universitaria —cualquier fiesta universitaria— es de la mayor ingenuidad no advertir que tus enemigos estarán atentos, esperando el error para convertirlo en munición. No andas bailando solo en la pista.
La consigna popular dice: no hagas cosas buenas que parezcan malas, mucho menos hagas cosas que son malas y parecen malas. En un contexto electoral interno, una convivencia así no solo es imprudente: es una invitación abierta a que te tomen por el cuello. Y eso fue exactamente lo que pasó: el video se volvió bandera del escándalo.
Aquí, sin embargo, vale el matiz: el debate de fondo no debería ser si un candidato se echó un trago, sino qué simboliza ese acto en una institución que arrastra antecedentes de quejas graves. Porque en Jurisprudencia, según se recuerda, ha habido señalamientos históricos relacionados con acoso, abuso de poder y violencia de género. Y en ese contexto, un docente en reuniones con estudiantes donde hay alcohol no es “convivencia inocente”; es zona de riesgo institucional, lo quieran reconocer o no.
Tercer acto: El que se lleva se aguanta
Bien dicen que la venganza es un plato que se come frío, y todo parece indicar que Octavio Pimentel ya está sentado a la mesa, con los cubiertos listos. Hoy tiene la oportunidad de desquitarse de aquellas publicaciones en su contra en las que incluso se tocaron aspectos de carácter personal. Hoy puede, en un solo bocado, desayunarse a Yáñez Arreola y a su candidato. Y las declaraciones que realizó hoy a la prensa fueron, efectivamente, de tono bélico, aunque envueltas en el papel celofán de la “institucionalidad”.
Pimentel dijo que entiende el derecho de los jóvenes a convivir fuera de las instalaciones universitarias, pero subrayó que la situación cambia cuando participan docentes, por la responsabilidad institucional y por los antecedentes que existen en la facultad relacionados con acoso, abuso de poder y violencia de género. Recordó que, derivado de denuncias hechas años atrás por alumnas de Jurisprudencia, la universidad creó mecanismos como la Defensoría de Derechos Humanos Universitarios, el Tribunal para la Atención de la Violencia de Género y el propio Estatuto de Ética y Conducta, precisamente para regular la relación entre docentes y estudiantes.
El Rector cuestionó que, aunque en otros casos similares sí se activaron procedimientos internos, ahora la Facultad de Jurisprudencia no haya actuado de oficio pese a la difusión pública de los hechos. Por eso pidió “congruencia” y llamó a aplicar los reglamentos.
Además, informó que ya instruyó al secretario general de la universidad para dar seguimiento al caso y revisar si existen quejas formales, insistiendo en que deben privilegiarse los intereses de la universidad y de los estudiantes por encima de intereses personales o electorales rumbo al proceso de septiembre.
En otras palabras: Pimentel no solo comentó; metió mano y lanzó un mensaje claro: aquí no se va a permitir que la elección se resuelva en la mesa de una fiesta. Se va a resolver en el terreno donde el rector tiene fuerza.
La disputa por Jurisprudencia, entonces, no es un chisme de pasillos. Es un episodio que revela cómo se cruzan tres fuerzas: ambiciones internas, heridas antiguas y mecanismos institucionales. Y todo en el marco de una elección interna donde, como en cualquier elección, se vale casi todo… hasta que te exhiben.
En esta columna lo que se pretende es explicar el tema y el comportamiento de los protagonistas. El asunto no ocupará primeras planas porque la agenda informativa de Más no la marca ningún actor político.
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