La autosuficiencia energética enfrenta obstáculos por el crudo pesado mexicano y el rezago tecnológico. Buscan soberanía energética, pero especialistas cuestionan su rentabilidad
Ciudad de México, 22/05/26 (Más).- México continúa dependiendo en gran medida de la importación de gasolina pese a ser uno de los principales productores de petróleo del mundo, ya que actualmente más de la mitad del combustible que consume proviene del extranjero, principalmente de Estados Unidos.
Aunque en los últimos años el país ha logrado reducir esta dependencia gracias a las políticas impulsadas por los gobiernos de Andrés Manuel López Obrador y Claudia Sheinbaum, la autosuficiencia energética aún no se alcanza debido a limitaciones técnicas, operativas y económicas del sistema de refinación nacional.
De acuerdo con información publicada por BBC Mundo, México llegó a importar en 2018 hasta el 75 por ciento de las gasolinas que consumía diariamente.
Desde entonces, las autoridades federales emprendieron una estrategia orientada a fortalecer la refinación nacional y disminuir las compras de combustibles en el exterior. Actualmente, la producción interna ya cubre cerca del 50 por ciento de la demanda nacional, una cifra considerablemente superior al 20 por ciento registrado hace ocho años.
Especialistas señalan que uno de los principales obstáculos para alcanzar la autosuficiencia es la naturaleza del petróleo mexicano.
Julio César Rentería, presidente del Comité de Refinación del Instituto Mexicano de Ingenieros Químicos, explicó a BBC Mundo que gran parte del crudo nacional es pesado, con altos niveles de azufre y asfaltenos, componentes que dificultan el procesamiento en las refinerías mexicanas.
“México es uno de los principales productores de petróleo de la región. Ahí nos bendijo dios, pero nos maldijo el diablo”, afirmó el especialista al referirse a la complejidad del petróleo extraído en territorio nacional.
El crudo mexicano se clasifica principalmente en tres tipos: Maya, considerado pesado; Istmo, de calidad ligera, y Olmeca, catalogado como extraligero. Sin embargo, las características predominantes del petróleo pesado obligan a contar con infraestructura altamente especializada para convertirlo eficientemente en gasolina y otros derivados.
Expertos indican que muchas de las refinerías mexicanas fueron construidas hace más de medio siglo y quedaron rezagadas tecnológicamente frente a las instalaciones estadounidenses del Golfo de México, adaptadas precisamente para procesar este tipo de petróleo.
Durante décadas, la estrategia energética nacional se enfocó más en exportar petróleo crudo que en refinarlo dentro del país. Según Rentería, durante años se redujo la inversión en mantenimiento y modernización de refinerías bajo la idea de que el negocio rentable para Pemex era vender el petróleo sin procesar. Como consecuencia, las plantas operaban muy por debajo de su capacidad, algunas quedaron parcialmente abandonadas y otras enfrentaban severas deficiencias operativas.
Ante este panorama, el gobierno de López Obrador inició un amplio programa de rehabilitación de las seis refinerías existentes y puso en marcha la construcción de la nueva refinería Olmeca, en Dos Bocas, Tabasco.
Además, Pemex adquirió el 50 por ciento de la refinería Deer Park, ubicada en Texas, en una operación valuada en 600 millones de dólares. Tan solo la construcción de Dos Bocas implicó inversiones cercanas a los 21 mil millones de dólares.



La administración federal justificó estas inversiones como una medida de seguridad energética y soberanía nacional.
López Obrador argumentó en diversas ocasiones que depender de la importación de gasolina representaba un riesgo para el país ante posibles conflictos internacionales o tensiones políticas con Estados Unidos.
“¿Cuánto aguantaría un gobierno de México si deciden las potencias no venderle gasolinas? Cuando mucho, un mes”, expresó el entonces mandatario al defender su política energética.
Sin embargo, varios especialistas cuestionan la rentabilidad de esta estrategia.
El economista Juan Carlos Belausteguigoitia, director del Centro de Energía del Instituto Tecnológico Autónomo de México, sostiene que la refinación nacional resulta mucho más costosa que importar gasolina terminada.
“Si a ti refinar en casa te cuesta 10 y a otros les cuesta 1, mejor vendes el petróleo al precio internacional y luego importas gasolina”, afirmó al señalar que los márgenes de ganancia en el negocio del refinado son reducidos incluso en condiciones óptimas.

Las dificultades financieras de Pemex también han alimentado el debate. La empresa reportó pérdidas por 2 mil 600 millones de dólares durante el primer trimestre de 2026, situación atribuida por analistas a la caída en exportaciones y a los elevados costos de refinación.
Moody’s advirtió recientemente que la petrolera continúa enfrentando persistentes desafíos operativos, incluyendo baja producción, insuficiente inversión y pérdidas constantes en el segmento de refinación.
A pesar de las críticas, el gobierno de Claudia Sheinbaum ratificó en el Plan de Trabajo de Pemex 2025-2030 su compromiso con la autosuficiencia energética. La administración federal sostiene que fortalecer el Sistema Nacional de Refinación permitirá reducir la dependencia externa y garantizar el suministro interno ante escenarios internacionales inciertos, como el reciente aumento del precio del petróleo provocado por las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y el conflicto relacionado con el estrecho de Ormuz.
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