Localeando
Jaime Villasana Dávila
En medio de un escenario muy complicado para México y Sheinbaum ocasionado por daños auto infringidos, toca darle un repaso rápido al fenómeno del regionalismo político en México en tiempos de Sheinbaum, específicamente a un año y medio de su gobierno.
Cabe recordar que regionalismo político (en adelante regionalismo) es una ideología y/o movimiento que defiende la autonomía, intereses y desarrollo de una región específica dentro de un Estado-nación. Está en contra del centralismo y promueve su identidad cultural, geográfica o económica distintivo. El regionalismo no busca la independencia de una región, como sí lo hace el separatismo. Un regionalismo no atendido o respetado o el fracaso de una nación puede convertirse en separatismo.
En seguida algunas reflexiones.
1. BREVÍSIMO RESUMEN DEL REGIONALISMO EN MÉXICO. El regionalismo en México ha tenido diversos comportamientos en el siglo XIX, Porfiriato (1877-1910), régimen priísta (1929-2000) y el de la transición democrática (2000-2018). Sus épocas de gloria fueron en el siglo XIX (el país estuvo en crisis por un periodo largo) y en la transición democrática (debilitamiento de la figura presidencial). A partir del régimen de la 4T (2018-presente) ha habido dos momentos del regionalismo: decadencia (2018-2024) y sometimiento (2024-presente).
2. REGIONALISMO Y LA 4T. En varias ocasiones he escrito sobre el regionalismo en tiempos de la 4T. En un artículo previo escribí como en la presidencia de AMLO el sentimiento regionalista se mantuvo brevemente en el ámbito político y en el ámbito social, pero lo hizo de manera temporal y al inicio del sexenio. Recuérdese como la Alianza Federalista formada entre 2019 y 2021 conformada por gobernadores de oposición le plantó cara al régimen amlista, pero se fue apagando conforme salían del poder y entraban los nuevos gobernadores, ya sea morenistas o del mismo partido de oposición, dado que estos ya no gozaban de los instrumentos políticos para hacerle frente al proceso de recentralización. Había que “acomodándose a los nuevos tiempos”. Fue el inicio de la decadencia del regionalismo reiniciado en 2001 y, cumplido un año y medio del sexenio de Sheinbaum, estamos en la época del sometimiento del regionalismo. Y es que la postura de la presidenta es todavía más centralista a la de AMLO, en parte por su origen; la primera nacida y siempre radicada y formada en CDMX, mientras el segundo con inicios políticos en su estado natal de Tabasco, empero con ideología centralista.
3. CRISIS POR TODOS LADOS Y PARA ENFRENTARLO MÁS CENTRALISMO. La herencia de AMLO ha sido de muy alto costo para el gobierno de Sheinbaum, dejándole un país en crisis. Ante ello había que reforzar al centralismo para tener más control de la situación. Ayudó mucho la súper mayoría oficialista ilegítima construida en el Senado y esto se sumó al perfil centralista de la misma Sheinbaum, cuyo discurso político descansa en su ensalce a Tenochtitlán y a los Mexicas. Para ella la identidad mexicana nace y muere únicamente a partir de dicha civilización, cuando la mayoría de las/los mexicanos nada tenemos que ver con ella; “Vengo de la Pirámide del Sol, vengo de Tláloc, de Huitzilopochtli, y de Coatlicue”, dijo Shienbaum en un discurso dado en Barcelona. Pero el sometimiento del regionalismo viene en los actos de la presidenta; consolidación de la recentralización de la salud, educación, seguridad, energía y fondos federales, por citar algunos temas. Estos últimos para hacerle frente al serio problema presupuestal del gobierno federal. Y qué decir del control sobre el Poder Judicial, INE, el Tribunal Federal Electoral y otros órganos autónomos, más la politización de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) y la permisibilidad del crimen organizado en la política, medidas todas para someter o alinear desde la federación y sin contrapesos institucionales a estados, gobernadores, alcaldes, clases políticas y elites locales. AMLO quiso tener todo este poder institucional y no pudo. Sheinbaum pudo haber «suavizado» o pausado el centralismo deseado por AMLO, pero optó por concretarlo por voluntad propia. Ante este poder avasallador, el discurso y actos de los gobernadores para proteger los intereses estatales si acaso tiene un asomo ocasional. Por otra parte, el discurso regionalista proveniente de sectores sociales o empresariales ha tenido presencia muy esporádica, débil y sin sostenimiento en el tiempo. El discurso en las redes sociales se mantiene estancando y sin ampliar alcances o convertirse en algo real o más institucional. Los partidos locales, ninguno, ofrece una plataforma regionalista salvo temas comunes, al igual que los partidos nacionales. No hay un liderazgo regional notable o nuevo y/o algún esfuerzo institucional de algún actor del perfil que sea. El regionalismo está sometido, asustado.
4. CONCLUYENDO: EL REGIONALISMO RENACERÁ. LOS INGREDIENTES ESTÁN. Ni en los años más duros del regionalismo (porfirismo y una parte del régimen priísta) este murió o dejó de existir, solamente se auto silenció por conveniencia o por no estar presente las condiciones para su crecimiento. Sin embargo, los ingredientes para el resurgimiento y posterior sostenimiento ahí están y lo seguirán estando. De entrada está el ingrediente de la pluralidad misma del país en los ámbitos de historia, cultura, étnico, social, política, económica y lingüístico, lo cual enriquece el perfil nacional; está el ingrediente jurídico en la Constitución al definir al país como República Federal, concepto que respeta al regionalismo y hasta lo promueve, porque en la diversidad está la fortaleza; igualmente sigue presente el ingrediente del poder regional (económico y político), esperando siempre la mejor oportunidad para brincar al ruedo regionalista; el ingrediente de las diferencias geográficas, el cual define actitudes; está también el ingrediente de la mediocridad nacional y las crecientes diferencias económicas regionales, arraigado ya por 200 años y que no desaparecerá debido a las políticas e idiosincrasia del estado mexicano; y añado un ingrediente más y es el de las coyunturas, es decir, de esos momentos especiales de cuando los estados se acuerdan que son estados y pueden exigir la libertad que les otorga la Constitución. El último caso dado es el criticado recorte al calendario escolar por “la ola de calor y el mundial”. Al menos Jalisco, Nuevo León y Aguascalientes alzaron la voz, decidiendo los dos primeros mantener su calendario original. Algo es algo. El regionalismo en México está sometido, pero no muerto.
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