Localeando
Jaime Villasana Dávila
Ante las evidencias de culpabilidad de políticos de MORENA en Sinaloa por vínculos con el crimen organizado, presentadas desde hace años por periodistas y organizaciones civiles mexicanas y ratificadas por los estadounidenses, Sheinbaum se ha refugiado en los últimos días en un discurso nacionalista basado en dos conceptos; la soberanía y México como potencia cultural e histórica.
Al respecto algunas reflexiones.
1. UN POCO DE MARCO TEÓRICO SOBRE EL DISCURSO. La teoría sobre el discurso y su análisis es enorme. De mi parte acudo a Luis Enrique Alonso y Javier Callejo (1999), para quienes el discurso no es sólo palabras, sino formas de práctica social que nos remiten a luchas y jerarquías políticas, a contextos pragmáticos, a nichos constitucionales, a condiciones materiales y a prácticas no discursivas en un sentido estricto. Pero el discurso no sólo se hace o construye en base al ambiente exterior que rodea a su autor(a). El discurso igualmente define personalidades, comportamientos, ideologías y actitudes construidas a lo largo de la experiencia personal. Siendo así, el discurso de cada persona se estructura en base a lo que históricamente le ha rodeado y rodea y a su yo como persona. Hay múltiples metodologías para analizar discursos y una de ellas es la técnica del Análisis Crítico del Discurso. Ha sido utilizada por numerosos politólogos en las últimas décadas como Laclau, Mouffe, Zizek, Howarth, Wodak, entre otros. Esta técnica posee tres perspectivas: a) La realidad hace los discursos; b) los sujetos hacen los discursos; c) los discursos se hacen. En lo personal suelo utilizarlo para analizar discursos y aquí podrás ver un ejemplo relativo al análisis del discurso de un exgobernador de Coahuila y su desencuentro con el gobierno federal en 2006 e inicios del 2007.
2. SHEINBAUM Y SU DISCURSO; ANÁLISIS MUY BREVE Tal como no podía ser de otra manera, el discurso de Sheinbaum ha sufrido una transformación profunda desde que asumió el poder. Del discurso de “construir el segundo piso de la transformación”, construido en un ambiente de triunfo arrollador (la realidad hace los discursos) ha pasado (debido a las circunstancias actuales) al discurso nacionalista estructurado bajo los conceptos centrales de “soberanía” y “México como potencia cultural e histórica”. “México es mucha pieza”, dijo Sheinbaum en uno de sus discursos del pasado fin de semana y desde Palenque. En ese mismo, y en otros previos, añadió “la grandeza cultura de México no la tiene nadie”, dando a entender que civilizaciones con miles de años más como China, India, Grecia, etc. y con mucha mayor cobertura geográfica, son menores. Obvio no es así. Este discurso nacionalista se basa en el hecho de que para Sheinbaum la cultura Azteca, que cubrió únicamente al centro y una parte del sur de México, representa histórica y culturalmente al país y nadie más. Para Sheinbaum ni Olmecas, Toltecas y mucho menos las tribus del norte como los Yaquis y Rarámuris o las desaparecidas como Rayados, Tobosos o Coahuiltecos, aportan a la identidad mexicana. El desconocimiento o ignorancia de Sheinbaum sobre el complejo andamiaje de la identidad mexicana tiene su fundamento: ella no es una política pura y dura y además nació, creció y se desarrolló solamente en Ciudad de México. Previo a ser presidenta jamás ocupó un cargo público que la hiciese viajar y darse cuenta de la pluralidad cultural y étnica del país. Por el lado de la soberanía, Sheinbaum se desarrolló en la vieja y errónea creencia y acomplejamiento lopezobradorista de que este concepto sólo hace referencia a actores externos, lo cual no es así.
3. CONCLUYENDO: UN DISCURSO DE PAÍS MEDIOCRE Y UN GOBIERNO ACORRALADO. El discurso de la última semana de Sheinbaum le hace parecer a un discurso chavista, madurista, castrista, kirchnerista y obradorista, que es lo más rancio de la izquierda latinoamericana. Ello es lamentable, porque su discurso previo a la solicitud de detención de Rocha Moya, si bien también se basaba en ambos conceptos (soberanía y México como potencia cultural e histórica), no hacía un uso excesivo y maniqueo de ellos. En otras palabras; pintaba su raya y trataba de armar un discurso propio, claro, sin alejarse tanto de los discursos típicos de la 4T. En suma, Sheinbaum está generando un discurso nacionalista y muy defensivo basado en preceptos erróneos: a) la soberanía no significa defender a personajes vinculados con el crimen organizado, sino defender al Estado de aquellos actores internos o externos que quieren dañarlo; b) No se puede construir, discursivamente hablando, una riqueza cultural e histórica de México para lo mismo (defender actores dañinos). Este discurso de Sheinbaum estimula a la base radical de MORENA, pero hace dudar a los moderados y cuestionarse a los independientes. Es un discurso que no ayuda a mantener la popularidad de la 4T. El consejo termina siendo muy simple: Presidenta, haga a un lado ese discurso rancio de los últimos días que pinta a México como un país todavía más mediocre de lo que ya es y que muestra a un gobierno acorralado. Es hora de tomar al toro por los cuernos, tanto en el discurso como en los hechos. Antes de que otros lo hagan.
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