El ejército israelí intensificó sus operaciones en la franja sur libanesa con el objetivo de establecer una zona de exclusión de 30 kilómetros, provocando el desplazamiento de casi un millón de personas.
Mientras las fuerzas especiales de la Brigada Golani registran nuevas bajas en enfrentamientos directos, el sistema de salud libanés se declara en emergencia crítica ante ataques que ya han cobrado la vida de 42 trabajadores sanitarios.
En paralelo, la Guardia Revolucionaria de Irán mantiene el asedio con andanadas de misiles de fragmentación, obligando a Israel a movilizar una cifra récord de reservistas para sostener la campaña militar en múltiples frentes.
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