El exobispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, fallecido en 2025, reconoció en una reunión con la víctima Ciro Molina que el obispado protegió a un sacerdote acusado de pederastia tras una denuncia presentada en 2004 ante el entonces obispo Felipe Fernández.
En una grabación entregada a la Fiscalía Provincial de Santa Cruz de Tenerife y al Vaticano, el exjerarca afirmó que “en aquella época, la costumbre era cambiar al sacerdote de sitio”, lo que apunta a posibles prácticas de encubrimiento.
El caso fue archivado por prescripción y por el fallecimiento de quien admitió no haber investigado los hechos, mientras las grabaciones ya están en manos de autoridades vaticanas.
Las declaraciones han reavivado la controversia, incluyendo posturas polémicas del exobispo sobre los agresores, en un contexto de creciente exigencia de rendición de cuentas dentro de la Iglesia.
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