Horacio Cárdenas Zardoni
El país ha estado viviendo un momento bastante extraño, o al menos así me lo parece a mi. Antes que se imagine cualquier otra cosa, de lo que estamos hablando es de lo nebuloso y casi tóxico ambiente que se percibe en el escenario político nacional, y también en el de cada entidad federativa, porque los problemas que en algún momento vimos como demasiado lejanos, relacionados exclusivamente con el nivel nacional, resultó que por un berrinche presidencial, vinieron a recalar hasta en los cabildos, instancia que por lo general no llama la atención de los políticos que se sienten de grandes ligas y todavía más altos vuelos. Bien decía Gustavo Díaz Ordaz, con quien en más de una ocasión sus detractores han comparado a Claudia Sheinbaum Pardo, el rencor presidencial no reconoce límites, ahora van hasta por los que por pequeños, siempre habían logrado salvarse.
¿Cuál es la rareza que le vemos al escenario político actual?, muy sencillo, la gente está discutiendo sobre las reglas, no sobre el juego político, no están viendo cómo alcanzar la candidatura de su partido primero y luego encontrar las mejores estrategias para erigirse con el triunfo contundente en las urnas, no, están ocupados en lo que sí se va a permitir y lo que estará prohibido, y en eso… si les permitirán participar, o se quedarán fuera ‘por un tecnicismo’.
Si usted recuerda, había dos, tres casos más bien, de políticos que no deberían presentarse a la contienda electoral porque la presidenta Claudia Sheinbaum había ordenado a su partido, a su movimiento que se convirtió en partido, que no se permitiría el nepotismo en la designación de candidatos, y hete aquí…
Hete aquí que, al menos en lo que se ha atisbado del Plan B, ese que sustituyó al Plan A, que era la versión original de la reforma electoral, no se ha vuelto a mencionar el asunto.
Y como parte del problema que derivó en el rechazo de la reforma electoral por parte de los diputados del Partido Verde y del Partido del Trabajo, fue precisamente que un gobernador del primero está terco y emperrado en que su señora esposa, para más señas, senadora de la república en estos momentos, sea quien el Verde postule a sucederlo.
En teoría no debería haber bronca, pues la prohibición de Claudia Sheinbaum, que se llevó incluso hasta el consejo político de su movido partido, hacía referencia a lo que MORENA podía y no podía hacer, ¿pero acaso el poder de la primera morenista del país alcanza a lo que piensen, decidan y hagan sus aliados y coaligados?, visto que no pudieron convencerlos, ni por la buena del billete, ni por la mala de las amenazas y haciéndoles patita de puerco, para que votaran como se los ordenaba, me da la impresión de que esos asuntillos que se pretendía reglamentar con puño de hierro, han quedado en el olvido.
Estaba también el caso del papa de la torombola, gobernadora de Guerrero, pero todavía no toca, y el que sí, el de Zacatecas, donde Saúl quiere suceder a su otro hermano, no Ricardo, sino el otro, y había manifestado estar dispuesto a irse por otro partido que no le hiciera el feo por ser Monreal, era el Partido del Trabajo el apuntado para recoger el cascajo y ganarse una gubernatura, que no le iría nada mal, económica y políticamente hablando.
Apenas tenía unas horas de presentada la propuesta del Plan B cuando voces de mujeres se levantaron en la cámara de diputados primero, y en la de senadores después, criticando que se quedaba fuera de la redacción el tema de la paridad y la equidad de género, tema que se daba por ganado y conquistado, y que sin embargo, a la hora de la enésima reforma, quedaba fuera.
No se lo tomaron como un error por las prisas, sino como una intentona de retroceder en lo ya logrado, que de todos modos estaba medio endeble y que así, recibía un espaldarazo para que privaran cualesquiera otras cuestiones, por encima de la justa repartición de las candidaturas en función del género. Le digo, para mi que fue la presión de presentarlo rápido, como eco de un latigazo furioso por la desobediencia legislativa a las exigencias presidenciales. No importa mucho, creo, lo arreglarán y ya, además quedan de esa manera en el papel de que están abiertos a la revisión y corrección.
Pero todo esto nos lleva a lo ya dicho, que por estar discutiendo las reglas que van a regir el proceso electoral del 2027, no hay movimientos firmes ni decididos ni de los partidos, ni de los candidatos, que es lo que ya para estas alturas estaríamos presenciando. Malo el cuento, pero ni modo, el que quiera azul celeste, dice el viejo dicho, que le cueste, y le costará ajustarse a reglas que todavía no se conocen, porque ni siquiera se han discutido y votado.
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