Una ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán elevó la tensión en Oriente Próximo tras una serie de bombardeos dirigidos a la cúpula de la República Islámica. Los ataques, alcanzaron objetivos civiles y militares, detonaron una inmediata respuesta iraní con misiles y drones contra territorio israelí y bases estadounidenses en la región
Redacción Más
Estados Unidos e Israel lanzaron este sábado un ataque militar conjunto contra Irán, en una ofensiva sin precedentes cuyo objetivo declarado es provocar la caída del régimen de los ayatolás. La operación, anunciada por el primer ministro Benjamín Netanyahu y respaldada por el presidente estadounidense Donald Trump, marca un nuevo capítulo en la escalada regional y abre la puerta a un conflicto de consecuencias imprevisibles en Oriente Próximo.
De acuerdo con información publicada por El País, la primera oleada de bombardeos tuvo como blanco a los principales dirigentes de la República Islámica, entre ellos el líder supremo Ali Jameneí y el presidente Masoud Pezeshkian, aunque hasta el momento no se ha confirmado oficialmente el alcance de los daños. Fuentes citadas por agencias internacionales señalaron que el ministro de Defensa iraní, Amir Nasirzadeh, y el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohammed Pakpour, habrían muerto, sin confirmación oficial.
La Media Luna Roja iraní informó que los ataques habían causado al menos 200 muertes en las primeras horas. Entre los bombardeos más letales se encuentra el de una escuela primaria en el sur del país, donde murieron al menos 85 personas, muchas de ellas niñas, según la agencia estatal IRNA. Otro ataque alcanzó un pabellón deportivo en Lamerd, dejando al menos 15 fallecidos.

La operación, denominada por Washington como Furia Épica y por Israel como Rugido del León, fue calificada de masiva por Trump, quien aseguró que el objetivo es impedir que Irán obtenga un arma nuclear. “Puede que se pierdan las vidas de valientes héroes estadounidenses y tengamos bajas, algo que suele ocurrir en la guerra, pero lo hacemos no para ahora; lo hacemos para el futuro y es una noble misión”, afirmó el mandatario en un mensaje difundido en su red social.
Netanyahu sostuvo que la campaña será mucho más fuerte que la confrontación previa y durará lo que haga falta. Ambos líderes coincidieron en exhortar a la población iraní a levantarse contra el régimen. “Es vuestra oportunidad, tomad vuestro destino en vuestras manos”, declaró el primer ministro israelí, quien incluso lanzó el mensaje en inglés “Help has arrived” en medio de su discurso en hebreo.
La respuesta de Teherán no se hizo esperar. El Gobierno iraní calificó el ataque como una prueba para la resistencia nacional del pueblo iraní y prometió represalias con plena autoridad. Misiles y drones fueron lanzados contra varios puntos de Israel y contra bases militares estadounidenses en la región. Se reportaron explosiones en Baréin, Qatar, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Arabia Saudí.
Israel declaró el estado de emergencia y cerró su espacio aéreo, mientras las sirenas antiaéreas sonaban de manera constante en Jerusalén y otras ciudades. Las autoridades informaron de heridos y daños puntuales tras la interceptación de proyectiles iraníes.
En el plano estratégico, fuentes de la misión naval europea Aspides señalaron que ningún barco podía transitar por el Estrecho de Ormuz, paso clave por el que circula cerca del 20 % del petróleo mundial. Aunque el cierre no ha sido confirmado por Teherán, su eventual bloqueo representaría una de las mayores medidas de presión del régimen iraní sobre el mercado energético global.

La ofensiva se produce tras meses de máxima tensión y coordinación entre Washington y Tel Aviv, en un contexto de negociaciones nucleares fallidas. Netanyahu busca capitalizar la debilidad interna y externa de la República Islámica y de sus aliados regionales, mientras Trump reiteró su promesa de aniquilación del programa nuclear y de misiles iraní si no hay rendición.
En Irán, las autoridades intentaron proyectar calma, asegurando que los servicios básicos continúan operando, aunque universidades y escuelas permanecerán cerradas hasta nuevo aviso. Sin embargo, medios locales reportaron compras de pánico, largas filas en gasolineras y cortes generalizados de telecomunicaciones.
La ofensiva conjunta abre un escenario inédito en la región, con el riesgo de una guerra prolongada que podría involucrar a otros actores regionales y alterar de forma significativa el equilibrio de poder en Oriente Próximo.
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