Horacio Cárdenas Zardoni
Ser nominado por un partido político para un puesto de elección popular, no es asunto fácil. O bueno, depende de qué partido se trate, si es de uno de los que tiene posibilidades de ganar nomás por el membrete, allí sí la cosa está del cocol, en cambio en los partidos popularmente llamados morralla o chiquillada, esos al contrario, como en la época de los barcos de vela, el capitán ordenaba a su tripulación emborrachar incautos en las cantinas, subirlos inconscientes al barco, y ya cuando despertaban no se veía tierra para poder regresar nadando, estos partidos agarran al que alce la mano, o se la hacen de puerquito para que acepten una candidatura que, saben, está destinada a perder, ya con que consiga los votos suficientes para conservar el registro, se dan por bien servidos, y en una de esas, al candidato que lo logró, le conceden una diputación o una regiduría de representación, pero tampoco se confíe que ocurre siempre.
Para los partidos políticos que sí tienen buenas, o regulares posibilidades de erigirse con el triunfo en las urnas, la selección de candidatos no debe ser un proceso hecho a la ligera, porque en el caso de ganar, se convierten en la imagen actuante del partido político, y la gente tiende a pensar, sin que de hecho sean correlacionables, que el político es igual al partido, si actúa bien, el partido es bueno, y si actúa mal, el partido es el malo, que se convierte en que el resto de los políticos del mismo, serán iguales o saldrán peores.
De más de una manera la gente entiende, entendemos, que el partido político debe ser garante de la conducta de los candidatos que postula y del comportamiento de los funcionarios que llegaron al poder postulados por aquel.
Esto no es del todo cierto en la práctica, pues como sabemos, en este país de caudillos, el partido está supeditado al candidato y al gobernante, le sirve y lo usan de pasaporte y de comparsa, eso cuando hay un cierto agradecimiento, lo normal es que ni se acuerden que van por un partido. En elecciones recientes en Coahuila, algunos candidatos de plano centraron su campaña en su nombre y pretendido prestigio, minimizando o eliminando del todo el nombre y hasta el logo del partido, es más, no faltó el que hasta los colores partidistas omitió… no fuera que le costaran votos.
Bueno, ahora que se ha vuelto a hablar de refinar, que debería entenderse como es, endurecer los requisitos para ser candidato de un partido político a un puesto de elección popular, cabe preguntarnos ¿hasta dónde están dispuestos a llegar en sus medidas protectoras?
Sí, ejemplos de candidatos ganadores que se convierten en pésimos gobernantes, sobran, en todo el país, en todos los niveles, en todas las épocas, pero no estamos seguros de que si se hubieran hecho más rigurosos los requisitos la cosa hubiera salido mejor. El que está de moda ahorita es el exalcalde de Tequila, Jalisco, que salió una verdadera ficha, más bien, lo era desde antes de ser ungido como candidato de MORENA, y en eso se basan los proponentes de esta idea, en que no se cuele cualquiera que pueda perjudicar al pueblo sí, a las empresas como el caso de Diego y las tequileras, sino al mucho o poco prestigio del partido y sobre todo a sus posibilidades en siguientes procesos electorales.
Casi de todo se ha intentado para que quienes lleguen a una candidatura sean gente proba, hace no demasiados años se estableció lo de la regla tres de tres, referida a que las personas no tuvieran antecedentes penales, no tuvieran conflictos de interés, y alguna otra promesa de portarse bien. Luego la llevaron a cinco de cinco, incluyendo no ser deudores alimentarios y no estar en el padrón de violencia familiar, y así se ha hecho, y a lo que se ve, hay la intención de seguirlo complicando, hasta niveles casi imposibles de cumplir, salvo por supuesto, para algunas personas para las que el listado de requisitos se va a convertir en una convocatoria dedicada a sus personas, lo cual tampoco es ninguna novedad en este país.
Pero elevando el nivel de exigencia y probidad ¿hay la garantía de que solo serán candidatos los mejores hombres y las mejores mujeres? Desafortunadamente pensamos que tampoco así se logrará. Dice el viejísimo dicho que es la oportunidad la que hace al ladrón, y bueno, los puestos de gobierno son precisamente eso, oportunidad de meter la mano en los presupuestos, para traficar con influencias, para caer en cuanta tentación le arrime gente que nada más está esperando los nombramientos para acercarse a ofrecer sus servicios, y a enseñarles el qué y el cómo.
No, definitivamente la política no es fácil, y lo es menos para los débiles de carácter, suponiendo que los haya, pues los políticos y aspirantes a gobernar son de lo más ambicioso que se pueda uno encontrar, con lo que corromperlos y corromperse es cosa de tiempo, poco, y de dinero, y allí como siempre, según el sapo es la pedrada.
No es tiempo de reformas, esto si acaso ocurre, será para algún proceso electoral posterior, pero si todas las anteriores han fracasado ¿qué les hace pensar que esta, de diez de diez, o catorce de catorce sí funcionará?
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