11/02/26
Por Juan Ciudadano
Duerme el sueño de los justos
La dirigencia de la Sección 35 del SNTE decidió salir a la calle (por lo menos a la banqueta de las oficinas) para exigir que se castigue la corrupción. Dicen —y con razón— que desde julio de 2023 presentaron denuncias por un presunto desfalco cercano a los 100 millones de pesos en el Fondo de Ahorro y el tema de financieras, y que a la fecha no hay claridad ni resultados, el expediente duerme el sueño de los justos.
El reclamo lo encabeza el secretario general Arturo Díaz González, quien pide lo básico, reparación del daño y castigo a los responsables. O sea: que el dinero regrese a casa y que la justicia salga del home office.
Pero aquí está el detalle fino: cuando una denuncia se congela, el dinero no. El dinero camina, vuela, se transforma: hoy es efectivo, mañana es camioneta, pasado mañana es remodelación. Y mientras el asunto no llega a juzgado —o no se mueve como debería— lo único que crece es la sospecha de que el recurso ya hasta se lo gastaron, y los maestros se quedan con el viacrucis: buró de crédito, cobranzas y el coraje bien administrado.
Dicen también que en la Sección 38 andan en la misma novela: capítulos largos, villanos difusos y las autoridades que aparece poquito. Ahí la secretaria general es Isela Licerio Luévano.
La Sección 5, que es como el pariente prudente en la comida familiar: escucha, asiente y no pelea por la herencia en la mesa. Su dirigente, Everardo Padrón García, no hace olas; o las hace tan chiquitas que parecen charcos.
Curioso: 35 y 38, más guindas que tricolores, tronando el chicote con “justicia”; y la 5, más priista que morenista en el ADN, aplicando la vieja escuela: comer callados, digerir en privado y negociar en silencio.
El cielo y el infierno
De Monclova ya casi no se habla como ciudad: se habla como advertencia. Tres años de parálisis de AHMSA —desde diciembre de 2022— y la región centro aprendió a golpes lo que significa depender de una sola chimenea.
Cuando se apaga una empresa, no solo se apagan nóminas: se apaga el comercio, se apaga la esperanza, se encienden la ansiedad y la desesperación. Los reportes de extrabajadores hablan de muertes acumuladas en este periodo, incluidos casos de suicidio. Además han crecido los divorcios y la prostitución.
Y mientras Monclova se parte el alma, Alonso Ancira —con nacionalidad estadounidense— aparece en la escena como personaje de corrido: lejos del incendio, con clima templado y vida de “todo incluido” en Estados Unidos.
Por eso el dicho queda perfecto: todos van en el mismo barco, sí… nomás que a unos les tocó camarote con vista al mar, y a otros echarle carbón a las calderas. Y cuando el barco hace agua, el capitán no se moja: se cambia de continente.
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